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Torturas, ejecuciones y asesinatos
Joseba Asiron   

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La semana pasada contamos los pormenores de la muerte de Johan de Arberoa, alcaide del castillo de Donibane Garazi, ajusticiado en Pamplona el 26 de julio de 1522 en castigo a su lucha en favor de la independencia de Navarra. Pero el caso del bravo capitán Juanikote no constituye un hecho aislado, ni muchísimo menos. La puesta en marcha de la ofensiva legitimista de 1521-1522 trajo consigo una espiral de feroz represión en Navarra, de la cual no se libró ninguna de las seis merindades, y que se desarrolló durante y después de la propia campaña. El 30 de julio de 1522, tan solo cuatro días después de la pavorosa muerte del capitán Juanikote, se firmaba una sentencia, recogida y publicada por Pedro Esarte, en la que se condenaba a cinco vecinos de Cáseda a la pena de tormento. Los nombres de estos cinco desgraciados navarros eran Juan de Ezpeleta, Juan de Arboniés, Simón de Liédena, Miguel Martínez y Martín de Eraso, y según la sentencia deberían ser sometidos a torturas hasta que confesasen los delitos que supuestamente habían cometido, y que tendrían que ver con su filiación legitimista y su fidelidad a Navarra.

Los documentos, tantas veces manipulados, ocultados y silenciados, nos hacen pensar que las detenciones, los asesinatos encubiertos y las ejecuciones practicadas fueron muchas más de las anotadas oficialmente, y que se prolongaron mucho en el tiempo. Así, ya en los primeros días de agosto de 1521 se había producido la muerte de un importante legitimista, Martín de Leache, secretario del Consejo Real de Navarra. Aunque nada se registró de manera oficial, sabemos que su muerte coincidió con la llegada de contingentes españoles a Pamplona, tras la toma de la capital, y que fue tratado como traidor, puesto que se negó a sus familiares el derecho a la herencia y sucesión de sus bienes y beneficios. Además, su sustituto fue nombrado el mismo día de su fallecimiento, hecho ciertamente inusual, que lleva a Pedro Esarte a deducir que su muerte no fue natural, sino dictada por los ocupantes. Otro caso significativo podría ser el de García de Larraya, legitimista vecino de Arazuri, que fue asaltado en su propia casa una noche de agosto de 1524 y apuñalado mortalmente. Su asesinato no fue esclarecido, pero sus bienes pasaron muy significativamente a manos beaumontesas, muy probablemente en pago a los "servicios" prestados.


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