Inicio 1512: crónica Tudela y la Ribera, en situación desesperada

Tudela y la Ribera, en situación desesperada
Joseba Asiron   

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17 de agosto de 1512

ribera

LA primera quincena del mes de agosto de 1512 fue especialmente trágica en toda la mitad sur de Navarra. La caída de Pamplona, operada a fines de julio, permitió a los españoles contar con una base de operaciones desde donde atacar la zona media estellesa y sangüesina, así como someter a un duro cerco a la ribera tudelana, que había sido mayoritariamente agramontesa y que ahora se mostraba decididamente legitimista. El 10 de agosto la villa de Lumbier, totalmente cercada, había tenido que rendirse al gigantesco ejército, "forzados y constreñidos de necesidad y sin remedio", según escribieron sus propias autoridades. Poco después caerían también Sangüesa y Cáseda. En el extremo occidental del reino las cosas no iban mucho mejor, aunque el castillo de Estella, defendido por Johan Remíriz de Baquedano y Jaime Bélaz de Medrano, aguantaría en manos navarras hasta el 30 de octubre de 1512.

Ante esta situación, las ciudades de la Ribera veían con enorme preocupación los acontecimientos, y se mandaban embajadas haciéndose consultas mutuas e intentando decidir qué podían hacer. En Corella y Cintruénigo decían temer ataques inminentes desde Tarazona y Alfaro, y todas las villas miraban con especial atención a Tudela, puesto que su actitud sería decisiva para la defensa de la Ribera. El día 15 de agosto la reina Catalina de Navarra escribía cartas de ánimo, encomendando la defensa de la Ribera al conde de Santesteban y prometiendo unos refuerzos que, desgraciadamente, nunca llegarían. Fernando el Falsario, mientras tanto, había decidido seguir de cerca los acontecimientos de Navarra, por lo que estableció su corte en Logroño para el día 12 de agosto. Desde allí dirigió una misiva a la villa de Tudela el día 16, conminando a los tudelanos a una rendición inmediata. Tudela contestó enérgicamente que no se rendía, pero al día, siguiente, 17 de agosto de 1512, escribían una angustiada carta de auxilio a los reyes Juan y Catalina, en la que exponían su verdadero estado de ánimo. Manifestaban en ella su profunda desesperación, y la tremenda sensación de soledad que sentían ante el inminente ataque, manifestando que se encontraban "esperando de día en día los ejércitos que decimos, y la furia del rey Fernando". Tudela, a pesar de todas las dificultades, aguantaría todavía esta angustiosa situación durante 23 días más, y sería la última ciudad de la Alta Navarra en rendirse ante el todopoderoso ejército español, como en su día contaremos.

 

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