El ogro decapitado Imprimir
Enric Vila   
Jueves, 26 de Octubre de 2017 13:25

La respuesta de la prensa al anuncio del artículo 155 deja claro otra vez hasta qué punto la única cosa que separa Catalunya de la independencia es el miedo. Para intentar ayudar a Rajoy, los diarios catalanes se han entregado a denunciar con dramatismo que la autonomía está en peligro, mientras que los diarios españoles se dedican a generar un clima de amenaza y vejación.

El Estado intenta poner histéricos a los partidarios de la independencia para hacerles olvidar que, pese a todo, España es una democracia consolidada, que celebra elecciones de forma regular. Para intentar aplicar el artículo 155 sin perjudicarse mucho, el PP necesita que los líderes independentistas renuncien a cumplir sus promesas; es decir que traicionen a sus votantes.

Como se ha demostrado desde el 2010, sin un malo en Madrid que dé miedo, los partidos autonomistas pierden votos y se van quedando sin argumentos. Viendo la jugada a través de la prensa, el 155 de Rajoy parece una operación de propaganda para dar aire al antifranquismo folclórico de Ada Colau e incluso para ofrecer a Puigdemont una salida épica alternativa a la declaración de independencia.

Igual que hizo con el referéndum, el PP trata de evitar los costes de intentar parar la independencia por medios coercitivos, buscando cómplices que le hagan el trabajo en Catalunya. El Periódico publicó ayer una encuesta con un titular de portada sospechoso: "El independentismo vence, pero no crece pasado el 1-O". La primera plana de La Vanguardia también trataba de ayudar a Rajoy: "Dos de cada tres empresas que dejan Catalunya van a Madrid".

El Mundo, que parece el panfleto de la Policía Nacional, publicó el domingo una crónica de los primeros días que Jordi Sànchez y Jordi Cuixart han pasado en la prisión. El texto era digno de una película de Torrente, y por eso resumía de manera inmejorable el esfuerzo que los diarios españoles hacen para asustar a los catalanes intentando vestir de normalidad momias del pasado que ya no aguantarían ni el golpe de aire más inofensivo -cómo se vio el 1 de octubre.

A pesar del alarmismo de los diarios, el turismo crece, el paro no ha subido y la versión catalana del conflicto no había tenido nunca una resonancia internacional tan grande. Los diarios y revistas importantes del mundo quizás no apoyen la independencia pero difunden la historia de Catalunya mejor que Arrimadas y hacen un trabajo de desgaste del gobierno de Madrid que no habrían hecho nunca si la Generalitat se hubiera mantenido dentro de los márgenes de lo que algunos consideran la legalidad.

La España del 155 necesita que los electores y los políticos catalanes crean más en la policía que en las urnas. Aunque los caciques locales querrían vivir 40 años más contra los fantasmas del franquismo, con un PP más radicalizado, Catalunya hacía siglos que no lo tenía tan fácil para salir de España.

Los diarios intentan confundir los intereses de la casta autonomista con los intereses del país, pero la vigencia del Estatuto ya sólo importa a los partidos que lo recortaron y lo combatieron. También tratan de presentar a España como un ogro invencible. Pero si Puigdemont le corta la cabeza con una declaración de independencia, el Estado caerá redondo y no se volverá a levantar enrabiado, como sueñan los convergentes en sus fantasías más húmedas.

Para España las urnas son como el crucifijo del conde Drácula. El ogro español se alimenta del miedo y, si Puigdemont le corta la cabeza, como mucho dará unos cuantos pasos compulsivos y anárquicos de gallina sin rumbo, antes de desaparecer de Catalunya. Después, como mucho, tendremos que pasar unos años barriendo ceniza.

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