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José Pablo Feinmann   

1. Algo más sobre la técnica, si un arma no funciona no hay víctimas. En La lista de Schindler, film de Spielberg, se muestra un gran campo de concentración. Tres oficiales de las SS arrojan sobre el barro a un judío maniatado. Queda de rodillas. Tiembla en tanto espera que lo maten.

Uno de los SS saca su acerada Luger. Apunta a la cabeza del prisionero, acciona el gatillo. Y nada. El elemento indispensable para matar al judío, la bala, sencillamente no sale. La magnífica Luger no funciona. De qué sirve un arma si no hace fuego.

Los otros dos SS se acercan aún más. Ahora son tres los que en vano tratan de arreglar un objeto. Discuten. La niña mimada de la oficialidad nazi no cumple su tarea. Los tres SS se van. Todavía discuten. El judío queda solo en medio del charco barroso.

La técnica, en tanto instrumentalidad para la muerte, ha fracasado. Fracasa de otros modos. Se tira una bomba sobre un objetivo militar. Cae sobre una escuela. Se le dice daño colateral. Fracasó la precisión pero no la muerte.

1.1. La producción de armas es la más poderosa. El Complejo Militar Industrial es el decisivo de la industria norteamericana. También los medios de comunicación. Es así: hay que alimentar la paranoia masivamente. Se le dice a los receptores que un nuevo 11 de septiembre está siempre por repetirse. La guerra es necesaria. Estados Unidos precisa dominar el mundo para protegerse de él.

1.2. Hay que alentar la existencia de espacios de libertad. Si nos criaron para ser obedientes. Y si día a día nos dicen cómo debemos actuar, la obediencia es necesaria. Nace en soledad y busca multiplicarse. Todo grupo que cuestione al poder es un espacio de libertad.

La libertad late en todo acto que niegue el poder que me niega. Nadie debería ser lo que el Otro busca que sea. La negación es –en un mismo surgimiento– la que lleva a la constitutividad de sujetos libres. Cada uno fundamento de su libertad. Que se consolida, no en tanto coseidad, sino en la pertenencia a un espacio de sujetos libres y sustantivos. Lo que hemos llamado espacios de libertad.

1.3. Los sujetos libres se formaron con la negación. Que es simultáneamente negación del Otro que busca mi enajenación para sofocarme. También por medio del goce. Porque nos van a entretener hasta morir.

No creo en el inconsciente. Creo en una subjetividad cuyo ser libre es sofocado por los mensajes del poder. Atractiva es la fórmula de un psiquiatra francés. El inconsciente es el discurso del Otro. Todos los días el poder somete la libertad de las personas. El discurso del Otro es el discurso del poder.

1.4. Hay otro dictum. Uno es lo que hace con lo que hicieron de él. También Sartre confesó como todo soñador, “confundí mi desencanto con la verdad”.

Desde niño, uno aprende un idioma. El idioma lo domina. Pero un miembro del espacio de libertad está ahí para decir su palabra. Ha encontrado su propia voz. Ya no es hablado por el discurso hegemónico sino que emite sus propias palabras. Cuando uno deja de estar sometido por el discurso del poder. O sea: cuando esto sucede ya no nos domina el idioma. Hemos creado el nuestro. Con él, hablamos con nuestros compañeros de grupo.

1.5. Una lectura es eficaz si nos cambia, sea mucho o poco. Debe contribuir a la naciente profundidad de mi conciencia.

Todo grupo corre sus riesgos. En una obra de Camus, Los Justos, alguien alentado por el espacio de libertad al que pertenece, tiene que matar a un personaje de la monarquía. Cuando lo ve llegar, la orden que le fue dada no la puede cumplir. La orden lo abandonó. Ahora está solo. Surge la soledad que todo militante experimenta alguna vez.

El espacio de libertad siempre está en peligro.

El rizoma termina siempre en la instauración de un jefe. De un esquema arborescente. El rizoma es la horizontalidad. En la que todos son iguales. Es la pura democracia de base. Lo arborescente señala una jerarquía que niega la horizontalidad democrática del rizoma. Aquí en 2001 y 2002 las asambleas populares empezaron creando rizomas, pero se fueron agotando. En el grupo se establece un juramento. Todos deben ser fieles a algo. Ese algo termina por ser una cosa por la que todos juran. El grupo, así, destila la presencia de la alteridad del fracaso rizomático. El juramento es eso que podríamos llamar coseidad.

1.6. Las revoluciones plantean un enigma: ¿quién será finalmente el jefe? La francesa instauró a Robespierre. Y luego a Napoleón. La comuna de París es el más brillante ejemplo del sujeto libre, de su praxis. Ahí se consiguió la horizontalidad. Quienes la quebraron fueron sus enemigos. Mataron 33000 comuneros. La Revolución Rusa se hizo arborescente con Stalin. Que mató a millones.

1.7. En una escena final del juicio en Nuremberg, el juez Haywood recibe la visita del defensor de los nazis que juzgó. Es un brillante abogado de nombre Hans Rolfe. Que le dice “por la lógica de los hechos los hombres que usted hoy condenó estarán libres en cinco años”. El juez Haywood responde “esa es la lógica pero nunca será la verdad”. También el Dr. Ernst Janning le dice: “le juro que nunca supe de los campos de concentración”. “Soy inocente de eso”.

El juez Haywood contesta “pero Dr. Janning, usted es culpable desde el día en que condenó al primer hombre que sabía era inocente”.

No hay obediencia debida. El que mata es culpable. Aquí en Argentina no debe aplicarse ninguna ley que sancione la obediencia debida. El que mata por obedecer una orden es tan culpable como el que la da.

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