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Los misterios de la vida y la muerte de Rasputin PDF Imprimir E-mail
Marina Meseguer   
Lunes, 02 de Enero de 2017 13:14

100 AÑOS DE SU ASESINATO

El místico ruso se convirtió en el consejero y protegido de los zares Nicolás II y Alejandra, pero su influencia sobre ellos facilitó la caída del clan de los Romanov

La vida de Grigori Yefímovich Rasputin, el famoso místico ruso, sigue estando llena de misterios cien años después de su violenta muerte. ‘El monje loco’, cuya mirada penetrante e influencia en la alta sociedad rusa sigue inflamando la imaginación de muchos, pasó de vivir en un pequeño pueblo de Siberia a ser el protegido de los zares y gozar de todos los privilegios de la Rusia imperial. Pero igual que lo tuvo todo, también lo perdió abruptamente.

La influencia de la que gozaba sobre el zar Nicolás II y especialmente sobre la zarina Alejandra jugó un papel esencial en la caída y muerte de la familia Romanov tras el triunfo de la revolución rusa en 1917. En el centenario del asesinato del excéntrico místico, curandero y consejero real, repasamos algunos de los puntos más sorprendentes de su biografía.

 

Analfabeto

Parece mentira que alguien que llegó tan alto no supiera leer ni escribir, pero así era. Procedente de la aldea de Pokróvskoye, un pequeño pueblo de la Siberia Occidental donde no había escuela, Rasputin creció en una familia de campesinos y con 18 años se con Praskovia Fiódorovna Dubrovina, con la que tuvo tres hijos.

Pero a pesar de su falta de educación, Rasputin tenía una gran memoria. Se dice que aprendió las Sagradas Escrituras de memoria y que las interpretaba tan gráficamente que asombró no sólo a la jerarquía eclesiástica sino también a multitud de hombres y mujeres de la alta sociedad.

 

Vinculado a una secta famosa por sus orgías

Rasputin dejó a su mujer y sus hijos para unirse a los Jlystý (flagelantes o azotados en ruso), una secta repudiada por la iglesia ortodoxa. Durante las reuniones de este grupo sus integrantes se azotaban con ramas o telas con metal para entrar en comunicación con Dios. Durante estas sesiones de éxtasis y trance, se emborrachaban y practicaban orgías, para más tarde arrepentirse y hacer constricción, con lo que quedaban purificados.

 

Salvó ‘milagrosamente’ la vida al hijo del zar

El salto a la fama de Rasputin llegó en 1905 cuando, tras ganar fama de sanador a través de la oración, fue llamado al palacio del zar para cortar las hemorragias que sufría el hijo de Nicolás II y heredero al trono Alekséi Nikoláyevich Románov, que padecía de hemofilia.

No se sabe muy bien como, algunos expertos hablan de que quizás lo sometió a hipnosis, pero lo cierto es que el zarevich mejoró. Esto le valió la devoción absoluta de la zarina Alejandra y la puerta de entrada a la aristocracia rusa. A partir de ahí, se dice que el zar no tomaba ninguna decisión sin su consentimiento, lo que le valió numerosos enemigos.

 

Seducía tanto a mujeres como a hombres

Pese a que puede que a ojos contemporáneos Rasputin no parezca precisamente atractivo, parece que tenía un gran éxito entre ambos sexos y que era un seductor nato. Su mirada penetrante, su alta estatura y su carisma le valieron una larga legión de seguidoras y se dice que era bastante libertino. Pero parece que también le gustaba seducir a hombres.

Rasputin frecuentaba el círculo de aristócratas homosexuales y, precisamente de este círculo, saldrían dos de los autores de su asesinato. Parece que el conde Félix Félixovich Sumarókov-Elston (uno de sus verdugos), se acercó a él para que este le curara su “enfermedad”, pero en lugar de esto el místico trató de seducirlo, lo que le ofendió gravemente.

 

Predijo su muerte y la caída de los Romanov

En diciembre de 1916 Rasputin escribe una carta al zar Nicolás II en la que predice su propia muerte y en la que parece aventurar el oscuro futuro que se cierne sobre la familia Romanov. Estas fueron sus palabras:

“Siento que dejaré la vida antes del 1 de enero. Quiero dar a conocer al pueblo ruso, al Papa (el zar), a la madre de Rusia (la zarina) y a los Niños lo que deben entender. Si soy asesinado por asesinos comunes, y especialmente por mis hermanos los campesinos rusos, tú, el zar de Rusia, no tendrás nada que temer por tus hijos, ellos reinarán por cientos de años.

Pero si soy asesinado por boyardos, nobles, y si derraman mi sangre, sus manos quedarán manchadas de mi sangre durante veinticinco años y saldrán de Rusia. Hermanos matarán a hermanos, y se matarán unos a otros y se odiarán, y durante veinticinco años no habrá paz en el país.

Zar de la tierra de Rusia, si oyes el sonido de la campana que te dice que Grigori ha sido asesinado, debes saberlo: si fueron tus parientes los que han operado mi muerte, ninguno de tus hijos seguirá vivo por más de dos años. Y si lo hacen, rogarán por su muerte, ya que verán la derrota de Rusia, verán venir al Anticristo, la peste, la pobreza, iglesias destruidas y santuarios profanados donde todos estarán muertos.

Zar ruso, serás asesinado por el pueblo ruso y la gente será maldecida y servirá como arma del diablo matándose los unos a los otros por todas partes. Tres veces durante 25 años destruirán al pueblo ruso y a la fe ortodoxa y la tierra rusa morirá. Me matarán. Ya no estoy entre los vivos. Ora, ora, sé fuerte, y piensa en tu bendita familia”.

Poco después de escribir esta carta Rasputin era asesinado por dos miembros de la realeza, y en pocos meses la revolución rusa acabaría con el régimen de los zares. Como colofón, en 1918 la familia imperial era fusilada por los bolcheviques.

 

Ni el cianuro ni las balas pudieron con él

Pese a que había sido advertido de los peligros que corría, Rasputin acudió en la noche del 29 de diciembre al palacio del príncipe Félix Yusúpov, donde le habían dicho que le esperaba su esposa, Irina Aleksándrovna Románova. El místico no la conocía personalmente, pero la codiciaba por su belleza y su gran riqueza. Ella fue el cebo perfecto, pese a que ni siquiera se encontraba en Rusia aquella noche.

Con la excusa de que su mujer estaba atendiendo a unos invitados, Yusúpov le ofreció té y pastas para hacer más llevadera la espera, aunque su verdadera intención era envenenarlo con el cianuro que llevaban los alimentos.

No obstante, no surtió efecto, y dicen que Rasputin hasta se puso a tocar la guitarra y cantar. Desesperado, Yusúpov le dispara varias veces por la espalda y le da por muerto. Pero al cabo de un rato descubre con horror que el místico sigue vivo y trata de huir.

Entonces, otro de los conspiradores, el gran duque Vladímir Purishkévich, le dispara mientras corre por la nieve y logra darle en el hombro, haciéndolo caer. Un tiro de gracia en la cabeza le dio, por fin, muerte. Y por si no fuera suficiente, los asesinos de Rasputin, lo ataron y lo lanzaron al río Neva, donde su cadáver fue recuperado días después.

 

Los servicios secretos británicos participaron en su muerte

Una investigación llevada a cabo por la BBC en 2004 ha demostrado que el MI6 estuvo implicado en el asesinato de Rasputin, y que fue el agente Oswald Rayner el que le dio el tiro en la cabeza. ¿Qué narices hacían los británicos implicados en esa trama palaciega?

En plena Primera Guerra Mundial, se cree que los servicios secretos querían eliminarlo ya que Rasputin quería negociar la paz entre Rusia y Alemania y, debido a su gran influencia sobre el zar, no era descartable que esto ocurriera. Si el acuerdo se hubiera consumado, 350.000 soldados alemanes habrían podido ser redirigidos para luchar contra los Aliados en el Frente Occidental.

Se sabe que Rayner estaba en San Petersburgo en diciembre de 1916, y que era un amigo de la universidad del príncipe Yusúpov. De hecho, el hijo del británico tenía por segundo nombre Félix en honor a la amistad que unía a los dos hombres.

Fotografías post-mortem de Rasputin muestran una misteriosa tercera herida de bala en el centro de su frente. Los investigadores sugieren que el preciso disparo en la cabeza siguiere que fue obra de un asesino profesional, y que los tres agujeros de bala en el cuerpo del religioso indican que hubo tres armas implicadas.

 

Su hija Matryona acabó trabajando en un circo

De los tres hijos de Rasputin, sólo su hija Matryona tuvo hijos. Su hijo Dmitry murió junto a su esposa Fesha en un campo de trabajos forzados en Salekhard. Su otra hija, Varya, nunca se casó y falleció de tifus en 1925 en Moscú. Matryona y su esposo, oficial del Ejército Blanco (fiel a los zares), dejaron Rusia en el último barco que salió de Vladivostok tras el triunfo de los bolcheviques.

Su marido murió pronto y, para cuidar de su hija, se vio obligada a trabajar en un circo como domadora de bestias salvajes. A la multitud le gustaba especialmente su nombre artístico: María Rasputina. La fama de su nombre la llevó a viajar por todo el mundo.

LA VANGUARDIA