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El día que cierren a Puigdemont en prisión PDF Imprimir E-mail
Pere Cardús Cardellach   
Lunes, 20 de Febrero de 2017 12:35

¿Notan cuán inquietos están? ¿Han visto cuán dispuestos están a hacer el ridículo? ¿Se dan cuenta de que su actitud es la demostración de su fracaso? Este numerito de la fiscal de Barcelona... Las salidas de tono de Josep Piqué. El alegato político y las justificaciones finales del fiscal del juicio del 9-N. No hace falta que me alargue. Cada día hay novedades. El caso es que están muy nerviosos. Estaban convencidos de que todo era una especie de invento para conseguir más pájaro en mano que nunca. Pero se dan cuenta de que aquí todo el mundo lo ve claro y que vamos de cabeza. Y ahora viene cuando la cagan.

No debe ser fácil, si nos ponemos en la mente de un colonizador de éstos, el asumir la idea de que aquellos seres inferiores han decidido que se acabe la comedia. Aquellos seres pesados ​​pero divertidos que habías dominado toda la vida y que te habían inculcado que eran propiedad tuya... ¿Recuerdan el tono con que nos trataba buena parte de los agentes coloniales que ahora balbucean y se hacen la víctima y el ridículo? ¿Con qué tono paternalista nos hablaban? ¿Con qué condescendencia? No será fácil digerir este cambio.

Más allá del estado de ánimo que puedan tener, debe preocuparnos cómo pueden reaccionar. Ya hemos dicho más de una vez lo del animal herido, que es más peligroso. En cualquier caso, una vez superado el escollo del presupuesto, los pasos que quedan para hacer la independencia son muy claros. Llevar las leyes de desconexión al parlamento, aprobación, convocar el referéndum, hacer la campaña, a votar y, si es que sí, proclamar la independencia. ¡Ojo!, a partir de ese momento, comienza una nueva carrera de obstáculos. Pero la independencia ya se habrá proclamado y aquí no habrá marcha atrás.

Estos pasos que faltan para proclamar la independencia parecen fáciles sobre el papel, pero son los momentos más delicados y arriesgados de todo el camino que hemos hecho. Y lo más importante, en adelante, será la gestión del tiempo. Esta es el arma más poderosa que tiene la política. Quien controla el tiempo o, si lo desea, el calendario, tiene la sartén por el mango. Y el Estado español intentará a toda costa alterar los planes que pueda tener la mayoría independentista. En este sentido, antes de tomar cualquier decisión deberá hacerse esta pregunta: ¿lo hacemos porque queremos o porque el Estado no nos deja más margen?

Tengo la impresión -aunque no me dedico a la predicción- de que los juicios que ahora hay me curso son un ensayo y basta. Y que los de verdad no tardarán en llegar. No creo que el presidente Puigdemont llegue a junio sin pasar por el juzgado. ¿Estamos preparados por si encierran a Puigdemont en la cárcel? El Estado español hace meses que va tejiendo un discurso que les ha de servir para justificar una represión fuerte en Cataluña. Faltos de argumentos y de proyecto, tan sólo tienen un camino -el único camino que realmente han transitado durante los siglos-: el de la represión. Este es su lenguaje natural. Un lenguaje que solo han sofisticado un poco cuando han querido entrar en clubes como la UE.

No tengo ni idea si el referéndum se convocará antes del verano o después. Tampoco sé cómo se podrá convocar ni si las condiciones permitirán una votación completa. Tan sólo tengo la impresión de que piensan que el único camino es el miedo. Y no el miedo a perder las pensiones o quedarse navegando siglos y siglos por el espacio sideral. Hablo de una amenaza concreta y real. De prisión y de impedimento físico. No lo digo para asustar a nadie. Lo digo para que estemos preparados y sepamos responder dignamente al asedio a la democracia que puede vivir nuestro país estos próximos meses. Si somos capaces de aguantar el desaguisado, ya habremos ganado.

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