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¿Por qué Cataluña ya se ha medio independizado este verano? PDF Imprimir E-mail
Pere Cardús   
Viernes, 01 de Septiembre de 2017 16:49

Como era previsible, estos meses de verano, que generalmente son casi políticamente perdidos, este año han sido muy productivos y movidos. Lamentablemente, más de lo que esperábamos, a causa de la visita que nos hizo la barbarie a mediados de agosto. Todos estos movimientos, los deseados y los indeseados, nos obligan a parar cinco minutos y mirar dónde estamos y cómo estamos. He aquí mi propuesta:

 

La ausencia de Estado

Nos podemos remontar al 9 de noviembre de 2014 para comprobar los primeros indicios de la pérdida de control del Estado español sobre el territorio de Cataluña. La imposibilidad demostrada de hacer cumplir su voluntad y la de sus instituciones -políticas y judiciales- se hizo evidente en la consulta de ese día. A partir de ese momento, en muchas ocasiones se ha evidenciado que el gobierno español no era gobierno en Cataluña y que el Estado perdía el dominio efectivo de la población y el territorio. Esto no es el resultado de ninguna jugada de ingeniería política, sino que es un hecho estudiadísimo que ocurre cuando la población deja de confiar en unas instituciones de una manera mayoritaria y emprende el camino de construir unas nuevas. Por desgracia, fue con el atentado de Barcelona y Cambrils como pudimos volver a comprobar la ausencia de Estado español en Cataluña de una manera más nítida que nunca.

Y esta ausencia no significa que España no tenga capacidad de hacer nada. Puede molestar, puede asustar, puede amenazar... pero ya le es prácticamente imposible volver a imponerse en Cataluña. Los catalanes han emprendido -de manera democrática y mayoritariamente el camino de construir un Estado propio por ausencia de Estado. El Reino de España ya ha perdido el control del pueblo de Cataluña. Ahora es necesario que este pueblo sepa ganarse las instituciones y la libertad con determinación y madurez.

 

La responsabilidad

Una buena parte de Cataluña ha descubierto que los Mossos son una policía de verdad. Estos días también descubrirán que el parlamento es una asamblea nacional de verdad. Pero el caso de los Mossos tiene una importancia vital para la empresa que nos hemos propuesto. La independencia, más allá del abandono del castigo y la amenaza constante de España, es una asunción de responsabilidad. Contra lo que algunos planteamientos 'naïfs' han querido vender, la libertad es el abandono de la inocencia. La independencia es tomar el control y, por tanto, asumir el protagonismo frente a los riesgos y las amenazas reales y de futuro. El hecho de que los Mossos sean capaces de responder como lo hicieron el día del atentado y los días siguientes ha hecho abrir los ojos a mucha gente que pensaba que nuestros agentes no dispararían cuando fuera necesario.

Uno de los rumores inducidos que han circulado hasta ahora era que el gobierno español tomaría el control de los Mossos, tal como les permite la ley de seguridad española aprobada en 2015. Después de esto que ha pasado entre la ciudadanía y los Mossos d'Esquadra, ¿quién se atreverá a tomar el control contra la voluntad de la gente? ¿Qué posibilidad de éxito tiene el gobierno español si intenta hacer creer al mayor Trapero (*)? Los catalanes saben ahora más que nunca que necesitan una buena policía y no se la dejarán quitar.

 

Los aspirantes a 'amos'

Con todo, a la misma velocidad que avance la mayoría democrática catalana hacia la independencia, los aspirantes a 'amos' continuarán tratando de agradar al amo. Es así como encontramos a Miquel Iceta diciendo que 'si España fuera un país tan malo y autoritario no tendríamos un cuerpo policial tan potente como los Mossos'. Alguien respondía con acierto en Twitter: 'Qué bueno es el dueño, que nos deja dormir en el establo con los animales y no pasamos frío'. Y es que la concepción que tienen estos aspirantes a 'amos' es exactamente la misma. Han aceptado en el inconsciente que Cataluña es propiedad de España y que ellos podrían ser unos buenos administradores del huerto.

Estos aspirantes harán todo tipo de saltos y piruetas para tratar de captar la atención del dueño, a ver si les premia al final de la semana. Hay un buen grupo de estos. Los hay que tienen este punto de cinismo irónico del Iceta, pero también los hay que son incapaces de mantener la calma. Piensan que si la cosa les saliera bien, la recompensa sería muy grande y el dueño les daría un buen asiento. Millo ya lo ha conseguido como embajador de España en Cataluña. Si no obtienen lo que les ha pedido el dueño, piensan que tendrán un premio de consolación y que los recolocarán en alguna embajada exótica -y equivocan, porque el dueño les culpará-.

 

Las urnas

Estas cajas (si son de cartón) o receptáculos se han convertido en el objeto del deseo de unos y otros. La relación de España con las urnas ha sido complicada históricamente. Y es normal que la imagen de seis mil urnas inquieten a determinados individuos. Pase lo que pase con las urnas, será un mal negocio para el Estado español. Si se llenan de votos el día 1 de octubre, se habrá acabado todo para ellos en Cataluña. Si proviene de llevárselas, se les cerrarán muchas puertas en el mundo y nos ofrecerán un camino rápido y aceptable para llegar allí donde íbamos: la declaración de independencia (me ahorro esa cosa de unilateral).

Y el caso es que las urnas eran una incógnita antes del verano y son una realidad cuando ya encaramos el otoño. No me quiero ni imaginar cómo se debían alterar los detractores de urnas y los aspirantes a colonos cuando el presidente Puigdemont anunció en el Financial Times que ya tenía seis mil urnas. Cuando las urnas provocan urticaria, es que se ha perdido la batalla.

 

Las garantías

En un referéndum, las garantías para la ciudadanía son muy claras: poder votar con total libertad lo que considere mejor. Todo lo demás son pamplinas para hacernoslas pasar como razones. Cualquier demócrata dispuesto a exigir garantías a un gobierno que convoca un referéndum centraría la demanda en el cumplimiento del resultado obtenido. Quienes se amparan en las leyes votadas por otro parlamento y en el marco constitucional resultante de un oscurísimo proceso de transición de la dictadura buscan excusas en defensa del 'status quo'. Nada más.

Curiosamente, la reivindicación de las garantías -así, sin mucha concreción- era algo sólo de una determinada izquierda muy incómoda con el proceso de independencia. Después de un julio y un agosto frustrantes para el resto del unionismo, las garantías ya comienzan a ser un argumento utilizado por los más conservadores. Ahora, más que decir que el referéndum no se hará, empiezan a decir que no tendrá validez porque no se habrá hecho con garantías. Y esto hace que nos hagamos una pregunta: ¿No debe de pasar que hay unos que han sembrado para que otros acabaran recogiendo el fruto? Sería muy triste para los que se reivindican herederos del 15-M haber allanado el camino a los herederos del franquismo.

 

La transparencia

Otro recurso fácil de los aspirantes a 'amos' y de los dueños de Madrid ha sido acusar al independentismo de falta de transparencia. Ellos hacían un agujero, lo tapaban con ramas y hojarasca y exigían que los representantes de la mayoría de los catalanes pasaran por encima. Decían: '¿Lo veis? ¡No os atrevéis a pasar por este camino! ¡Os escondéis!' Realmente, la historia les ha llevados a pensar que somos más estúpidos que lo que somos. La acusación era que se haría la independencia a escondidas. Que no se explicaban las leyes. Que no se permitía el debate. ¡Qué tonterías se deben escuchar cuando resulta que quien no se presenta a los debates y quien quiere que se haga el silencio son ellos.

El mes de agosto también nos ha traido novedades en este campo de la transparencia. Quien vote que sí a la independencia el día 1 ya sabe de antemano qué legalidad establecerá y cómo se hará la transición hacia el nuevo marco constitucional. No creo que ningún referéndum, en ninguna parte del mundo, se haya hecho con tanta información publicada. Desde los informes del CATN, pasando por los programas electorales y llegando a las leyes de desconexión, no se ha hecho ninguna independencia con tanta preparación, transparencia ni previsión.

 

Las consecuencias

La ley de transitoriedad expone con toda claridad las consecuencias inmediatas de una victoria del sí el 1 de octubre. La ley del referéndum ya anunciaba que dos días después del día que se hicieran oficiales los resultados se proclamaría la independencia en el parlamento. Pero más allá de la proclamación, esta segunda ley de desconexión señala un camino claro para los primeros meses de independencia. Como ya se ha explicado, la legalidad resultante de la ley de desconexión no es la legalidad definitiva. De hecho, espero que en la república catalana nadie hable nunca de legalidades definitivas y que la democracia siempre vaya por encima de la ley. Es normal que en muchos aspectos la legalidad que dibuja la ley de transitoriedad sea muy parecida a la actual. Hacerlo de otro modo podría ser un intento burdo de tomar decisiones a puerta cerrada y servir la comida masticada.

Ni oficialidades lingüísticas, ni nacionalidades dobles, ni exclusiones del ámbito de catalanidad y ciudadanía, ni ejércitos, ni arquitectura institucional, ni nada de nada debe quedar decidido al día siguiente de la proclamación de la independencia o el día antes del referéndum. Una victoria independentista del referéndum del 1 de octubre es una puerta que se abre y no una puerta que se cierra. Es un comienzo. Es la invitación a un debate global y sin límites que habrá que hacer con madurez, inteligencia, atrevimiento y ambición. El sí a la independencia será sólo la primera decisión de muchas que habrá que tomar y que nadie tomará por nosotros. Independencia significa responsabilidad, pero también imaginación.

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