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¿Qué puede pasar domingo, qué puede pasar el lunes? PDF Imprimir E-mail
Vicent Partal   

Es normal que en un momento como éste mucha gente tenga nervios. Es lógico que, viendo la importancia de lo que pasará domingo, tengamos nervios y sintamos inquietud, excitación, tensión, ilusión... Es muy patente que el primero de octubre marcará un antes y un después y por eso creo que no hay que ocultar ni reprimir los sentimientos que nos invaden a todos.

Ahora, permítanme que hoy trate de explicarles qué creo que puede pasar el domingo y que creo que puede pasar el lunes. Y, antes, admítanme hacer una previa: qué pasará el domingo y el lunes, ahora mismo, no lo sabe nadie a ciencia cierta. Ni Puigdemont, ni Rajoy tampoco. Menos aún yo.

Por tanto, no les voy a contar los hechos que pasarán, con absoluta seguridad, sino que trataré de explicar aquellos que en buena lógica pueden ocurrir. La situación ahora mismo ya es revolucionaria y tiene una dinámica propia que ni siquiera los máximos actores pueden controlar al cien por cien. Pero no se asusten, que esto es normal. Siempre que han pasado cosas importantes en el mundo ha sido así. Diría, incluso, que es un síntoma que deberíamos valorar.

Domingo a las nueve de la mañana
Empecemos por el domingo, cuando hay dos grandes citas: a las nueve de la mañana y a las ocho de la tarde. A las nueve de la mañana abrirán los colegios. Y habrá cientos de miles de personas haciendo cola en todo el país para votar. Tengo asumido que habrá urnas y papeletas de voto y censo. Por un motivo muy simple: se me hace muy difícil imaginar que el gobierno catalán mantenga un pulso político tan duro como éste, en que se pone todo en juego, y no sea capaz de hacer lo más fácil, que es cumplir los trámites logísticos. Y todo se puede salvar con un poco de imaginación. Por ejemplo, votar en la puerta del colegio es igual que votar dentro.

Ayer precisamente tuvimos un día pleno de noticias que no pretendían nada más que asustar a los posibles votantes. El fiscal filtró que pide a los Mossos precintar los colegios y responsabiliza a los directores de todo lo que pase, en cualquier caso y condición. No se asusten ni se crean nada. Hace diez días que las policías tienen la orden de evitar la campaña electoral y, sin embargo, la campaña continúa. Yo mismo participé ayer en un acto a favor del sí en Corbera de Llobregat. Estas órdenes de hoy ya veremos en que se convierten el domingo a las ocho de la mañana, o a las diez o a las once. Especialmente aquellas, como la del precinto, que son técnicamente absurdas. De momento hoy sabemos que sólo son propuestas para asustar. Por lo tanto, dejemoslas reposar. ¿Es que no recuerdan que la mayoría de medios consideraron que la intervención de los Mossos era cosa hecha y luego resultó que los Mossos no la aceptaron? Quieren que les entre miedo a ustedes mismos. Evitenlo, que es muy simple.

Es evidente que hay cosas que la ley del referéndum ha previsto y que hoy ya no pueden aplicarse como habrían tenido que aplicarse. Especialmente, la administración electoral. Y podría pasar, por tanto, que en el último minuto hubiera que recurrir a uno de los muchos planes alternativos y cambiar qué sé yo qué. El formato de las urnas, por ejemplo. O autorizar que la gente imprima las papeletas en casa. Si sucede esto, el gobierno lo explicará claramente y se habrá acabado el problema. Porque en un referéndum, y en este más que en ningún otro, el elemento logístico principal son los votantes. Y no vamos precisamente cortos de ellos. Al contrario.

La perspectiva de que una fuerza armada, sea cual sea, llegue a cerrar todos los colegios, todos, me parece absolutamente irreal. Por lo tanto, los colegios, las ciudades y las personas que votan con normalidad tendrán la clave de lo que pase el lunes.

¿Habrá colegios donde no se podrá votar? No lo sabemos, pero tenemos que pensar que podría pasar. Que algo hará la tropa desplazada al Principado con tanta ansia guerrera. Me sorprendería muchísimo que los Mossos luchasen con todas sus fuerzas para impedir el referéndum en cada colegio del país. Pero es posible que los efectivos que duermen en los barcos quieran evitar la votación en algunos colegios seleccionados, particularmente de las áreas metropolitanas de Barcelona y Tarragona. No sabemos qué órdenes tienen, pero descartar rotundamente el despliegue sería, seguro, imprudente.

La cuestión es qué conseguirán cuando vayan, si es que van. Desvirtuar las votaciones en un tanto por ciento de colegios electorales no representa nada más que problemas para ellos mismos. Rajoy tendrá un dolor de cabeza grande, si a las ocho de la tarde el gobierno puede hacer recuento y explicar que donde ha habido normalidad la participación ha sido multitudinaria y que hay colegios que no se pueden contabilizar, pero sólo porque la actuación española lo ha impedido a la fuerza. Y no se llega a ver de qué manera y con qué efectivos podría impedir la existencia de todas las urnas. No es viable.

Rajoy tendrá un dolor de cabeza de los grandes, porque ya pisa un terreno muy inestable en el Estado español y, sobre todo, en el frente internacional, donde las dificultades son muy llamativas. En el senado español ayer el PNV dio un paso contra él y la perspectiva de una moción de censura que lo eche fuera empieza a verse posible. En Bruselas, la Comisión Europea tuvo que encarar una conferencia de prensa con una indignación enorme, en la que periodistas de varios países compararon España con Turquía. Recuerden que en un Estado sólo hay una cosa que le dé más miedo que otro Estado: la opinión pública propia.

¿Qué debemos hacer los votantes?
Y, sin embargo, ¿qué debemos hacer los votantes? No debemos hacer ninguna heroicidad. Sólo ir a los colegios y votar. Y si nos encontramos policía que no nos deja entrar y votar, entonces hay que hacer cola, de manera pacífica pero firme, tantas horas como sea necesario, ocupando el espacio público. Por dos razones. En primer lugar y sobre todo, porque tenemos derecho. En segundo lugar, para mantener aquellos policías inmóviles en ese colegio y que no puedan ir a ningún otro. Tienen pocos efectivos.

Para saber dónde hay que votar, puede entrar en la web oficial de la Generalitat, a través de las diversas copias que se han activado; la más importante y efectiva, la creada por WikiLeaks (puede consultarla aquí ). Puede facilitar mucho las cosas a la gente, además, si sube un aviso a la entrada de su bloque de pisos, indicando qué colegio le corresponde. Normalmente, todos los vecinos de la misma finca votan en el mismo lugar. Y las papeletas y las urnas estarán en el colegio. No las lleve impresas de casa, a menos que el gobierno lo pida de manera expresa y directa. Por tanto, esten atentos a los medios de comunicación para saber qué pasa.

Hay gente que hace llamadas a ir a los colegios la noche antes, incluso a encerrarse dentro. Por ahora, no veo ninguna necesidad de hacerlo, pero -lo vuelvo a decir- habrá que estar alerta a todo lo que puedan decir y reclamar el gobierno y las asociaciones soberanistas. Ya veremos, cuando llegue el momento, qué hay que hacer.

Desde ahora, sin embargo, una recomendación especialmente seria: evitar las tensiones innecesarias que crean la circulación de rumores y noticias falsas. Calma y tranquilidad. No hagan correr nada por WhatsApp si no ha sido comprobado y no viene de una fuente directa y fiable. Piensen que durante el fin de semana España activará una gran campaña de contrainformación; pasando información que no está seguro de donde viene podría estar contribuyendo involuntariamente a esta campaña.

Domingo a las ocho de la tarde
Este es el momento más decisivo y el más difícil de prever. El domingo a las ocho de la tarde el gobierno tendrá que hacer una conferencia de prensa y dar explicaciones de todo lo que ha pasado. Será un momento crucial y habrá que escuchar con mucha atención lo que se dice. El gobierno hablará no sólo ante los medios de todo el país sino ante los medios de todo el mundo. No habrá ninguna oportunidad como ésta de dejar claro qué pasará a partir de ese momento. Lo que se diga, por tanto, marcará la noche y al día siguiente.

Evidentemente, a las ocho de la tarde se podrán dar datos de participación, pero aún no de resultados, pues el recuento apenas habrá comenzado. A medida que se vaya sabiendo el resultado del recuento, incluso si hay colegios que no se pueden contar, el comportamiento de la ciudadanía marcará el tono del lunes. Si el resultado es favorable a la independencia, será muy importante celebrarlo, porque las imágenes de las calles llenas de alegría imprimirán un mensaje de victoria imposible de contrarrestar por el Estado español.

¿Y qué pasará el día 2?
Esta es la gran cuestión. Más importante aún que lo pueda pasar el día 1. Pase que pase con el referéndum, hay dos cosas que habrán quedado clarísimas: la voluntad de una parte enorme de la ciudadanía catalana de dar el paso definitivo hacia la independencia y el carácter represor del Estado español.

El domingo, estas dos cosas habrán sido absolutamente documentadas ante la población del Principado y del resto del Estado español y ante los otros estados y la opinión pública internacional. Y sobre esta base el gobierno tendrá que tomar la decisión más importante: fijar el día de la proclamación de la independencia si es que ha ganado el sí.

La ley del referéndum de autodeterminación es rotundamente clara. Si gana el no se convocarán unas elecciones autonómicas y si gana el sí se proclamará la independencia cuarenta y ocho horas después de la publicación de los resultados definitivos. Y eso, como mucho, debe ser el día 14.

Es muy importante, mucho, entender algo. El Parlamento de Cataluña actual ya tiene una mayoría que fue elegida en unas elecciones para proclamar la independencia, sin necesidad de hacer ningún referéndum. Este referéndum se ha convocado porque Juntos el Sí y la CUP quieren que la proclamación vaya acompañada de una expresión popular en votos. Pero esto no se puede utilizar para eludir el compromiso primero, que era proclamar la independencia. Menos aún si esta expresión es impedida por la fuerza.

La aclaración imprescindible es ésta: el Parlamento de Cataluña puede proclamar la independencia y tiene legitimidad para hacerlo, pase que pase el domingo. No solamente si la votación se desarrolla con normalidad. Cuidado con las trampas en este sentido. La represión no anula el resultado del 27-S. Si acaso, lo refuerza.

El gobierno, por tanto, tomará la decisión que considere adecuada y parece seguro que esta decisión será proclamar la independencia. La manera de hacerlo, claro, dependerá de que haya pasado domingo día 1 y de cómo respiran las cancillerías internacionales. Si, por ejemplo, el uso de la fuerza es muy grave, podría ser una opción exigir la protección de la Unión Europea. Se podría hacer la oferta de repetir el referéndum bajo el control de la UE en un plazo breve. Y si no hay respuesta rápida pasar a la política de hechos consumados. España habrá vuelto a demostrar que no tiene el control del territorio y la proclamación de la independencia liberaría el gobierno catalán de algunas dificultades obvias que tiene ahora. Hay quien piensa en la opción de convocar elecciones autonómicas y proclamar la independencia si hay mayoría en votos a las fuerzas independentistas, pero no me parece buena idea. Así las cosas, es evidente que el Estado procedería a ilegalizar todos los partidos independentistas, sin preocuparse de las consecuencias internacionales.

La clave de todo ello, pues, es votar con serenidad el domingo y cumplir la ley de autodeterminación el lunes si gana el sí, proclamando la independencia durante la primera quincena de octubre. Lo primero depende de todos nosotros y es nuestro trabajo cumplirla. Los ciudadanos debemos estar en la calle el domingo y votar o hacer lo que podamos para votar. La segunda depende del gobierno y el parlamento, pero es necesario que no perdamos nunca de vista que España no tiene manera de evitar esta proclamación, si no es que da un golpe de estado para el que no tiene ni tiene suficiente fuerza ni apoyo internacional.

Vilaweb