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Las fórmulas electorales para defender la República el 21-D PDF Imprimir E-mail
Pere Cardús y Roger Graells   
Martes, 07 de Noviembre de 2017 09:44

El 21 de diciembre hay convocadas unas elecciones al Parlamento de Cataluña por imposición del Estado español en aplicación del golpe de estado cometido con el pretexto del artículo 155. Con el presidente y una parte del govern en el exilio, la otra parte del govern en la cárcel y los máximos dirigentes de las entidades soberanistas encarcelados, los partidos políticos independentistas han aceptado participar de alguna manera en las elecciones para demostrar que la mayoría social del país está junto a la República. La convocatoria precipitada de las elecciones y el hecho de que no formaban parte de las previsiones políticas catalanas han dejado a los partidos catalanes con poco tiempo para decidir la fórmula electoral y los candidatos de sus propuestas. De momento, PDECat y ERC han anunciado que quieren ir a las elecciones para ratificar las decisiones tomadas hasta ahora.

El caso es que la situación de represión grave que vive Cataluña no permite ir a las elecciones sin un plan bien trazado sobre las hipótesis que se pueden dar en los próximos días. El debate sobre las fórmulas y las candidaturas no puede ser sólo una cuestión de cálculo electoral. No basta calcular de qué manera se pueden rentabilizar mejor los votos. Hay que observar todos los peligros legales y priorizar criterios de eficiencia jurídica. Con la democracia suspendida, las elecciones pueden ser una trampa que acabe dejando fuera de juego a algún partido o candidatura por el camino. En este sentido, hay que preguntarse qué harán los partidos si el Estado español ilegaliza alguna de las formaciones. O qué harán si ilegalizan a todos los partidos independentistas. O si impiden presentar programas que propongan la ratificación de la República Catalana. El caso vasco está muy presente estos días en las conversaciones entre los responsables de los partidos. La liquidación electoral de uno de los actores políticos permitió al Estado español gobernar el País Vasco contra la mayoría social con dos de sus partidos, el PP y el PSOE.

Todas estas cuestiones no pueden ser secundarias en el debate sobre la fórmula electoral del 21-D. El debate ya no es lo que hubo antes del 27 de septiembre de 2015 entre partidarios y detractores de la lista unitaria. Ahora hay que ver qué candidatos encarcelados o exiliados pueden ir en las listas y qué consecuencias puede tener proponerlos como candidatos. Cuando, el viernes 27 de octubre, se anunció -simultáneamente a la proclamación de la independencia- que el Estado imponía unas elecciones en Cataluña, la idea de poner a Jordi Sánchez y Jordi Cuixart al frente de una candidatura unitaria comenzó a circular con fuerza. Entonces eran los dos únicos encarcelados y el govern aún no se había ido al exilio. El panorama, dos semanas después, ha cambiado mucho y hay que rehacer las propuestas y las ideas. La coordinadora del PDECat, Marta Pascal, ha propuesto configurar una lista unitaria transversal para ir todos juntos al 21-D. ERC se ha mostrado más renuente a la propuesta, pero aún tiene que tomar una decisión. El diputado Joan Tardà defendió que la mejor opción era hacer una candidatura por cada partido. La CUP debatirá las próximas horas su posición. Pero el tiempo corre y el plazo para presentar coaliciones se cerrará el próximo martes. Veamos qué fórmulas hay encima de la mesa:

 

Juntos

Se trataría de adoptar una fórmula similar a la del 27-S. Sería una lista unitaria de todos los partidos que defienden la República Catalana y que agruparía a todos los votantes en una única candidatura. Hay tres opciones posibles. La unidad la avalan, hoy por hoy, el PDECat, la ANC y Òmnium Cultural.

1. Cremallera de partidos e independientes: esta fue la fórmula que usaron CDC, ERC, Demócratas y Más para concurrir unidos el 27-S. En el caso del 21-D, se trataría de incluir a la CUP, pero los anticapitalistas aún deben decidir su posicionamiento y eso dificulta que se pueda articular la propuesta, ya que el plazo para registrarla acaba el martes. En este modelo, los partidos se repartirían los lugares en las listas.

2. Lista civil sin partidos: es la opción que defendía la CUP en julio de 2015 en pleno debate sobre cómo concurrir a las elecciones. Una lista civil formada por independientes que tuviera la misión de disolver el parlamento autonómico en un periodo corto de tiempo. El debate giraría en torno a quién ocupa el primer lugar de la lista.

3. Lista del presidente: una candidatura unitaria en la que Carles Puigdemont, los consejeros del gobierno, Jordi Sánchez y Jordi Cuixart ocuparan los primeros puestos de la lista. El presidente ya ha expresado la predisposición a ser candidato. Esta fórmula tendría un alto valor simbólico de cara a la campaña electoral y no impediría que, en caso de victoria por mayoría absoluta, quedaran escaños vacíos. Si los electos no pueden coger el acta, lo asumen las siguientes personas de la lista.

 

Juntos pero separados

Es una opción que se asimilaría a la cremallera de partidos e independientes, pero que agruparía a los partidarios de la república en dos cestas. Por un lado, una coalición desde el centroderecha al centroizquierda entre el PDECat, ERC, Demócratas y Más, como la de Juntos por el Sí. Por otro, una segunda coalición decantada hacia la izquierda con la CUP, la posible implicación de Podemos Cataluña y todas las formaciones ubicadas a la izquierda de ERC. De esta manera, los votantes podrían elegir la coalición que mejor les represente.

 

Separados

La opción de ir a las elecciones per separado ha tomado fuerza en las últimas horas por la insistencia de ERC. La principal ventaja es que cada votante puede votar el partido con el que se sienta más identificado. El inconveniente, las pérdidas de los restos en el reparto de los escaños y, en consecuència, la posible pérdida de representación parlamentària del conjunto del independentismo. Esta podria ser mínima, pero en un resultado ajustado podria comportar la pérdida de la mayoria absoluta actual. También hay tres opciones.

1. Cada uno a lo suyo: los partidos pueden optar por presentarse el 21-D desde una lógica de elecciones constituyentes y explicar que el parlamento que surja ya será el encargado de elaborar la constitución de la República. El inconveniente de esta fórmula es el coste que podría tener en términos de lanzar un mensaje de unidad.

2. Un programa común o unos puntos comunes: esta opción está encima de la mesa de negociación. Incluso, Catalunya en Comú se ha mostrado abierta a incorporar puntos comunes con los partidos independentistas, como ahora, la amnistia de los presos políticos y la defensa de las instituciones catalanas. En este caso, los partidos podrian incluir estos puntos y la defensa de la República en los programas electorales. Parte de una lògica mixta entre la ratificación de la República por parte de las fuerzas participantes y de elecciones constituyentes.

3. Listas paraguas: los partidos pueden presentarse por separado con su nombre y un apellido común, a fin de demostrar la unidad en torno a la defensa de la república. Por ejemplo, PDECat-Juntos por la República, ERC-Juntos por la República o CUP-Juntos por la República. El 27-S ya se expuso en esta opción, pero finalmente no fue necesaria porque la mayoría de fuerzas independentistas decidieron concurrir en coalición. Es la fórmula que usó Eslovenia en 1991 para proclamar la independencia de Yugoslavia.

 

Un as en la manga

Sería una medida extrema de protesta contra una eventual ilegalización de los partidos que defienden la república. El espejo puede ser el Partido Comunista de las Tierras Vascas, que en 2005 se ofreció a representar a los votantes de Aukera Guztiak y Batasuna en el Parlamento cuando el Estado español aplicó la ley de partidos a la izquierda abertzale. En el caso que nos ocupa, se trataría de presentar una candidatura que representara los defensores de la República.

Otra opción en esta línea sería el boicot a un parlamento ilegítimo, siguiendo el modelo que propone 'Escaños en Blanco': presentar una candidatura con el compromiso de que los electos no tomarán el acta de diputado para dejar vacíos los escaños.

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