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¿Una segunda DUI? PDF Imprimir E-mail
Andeu Barnils   

¿Qué hacer el 22-D? Yo volvería a declarar la independencia en el Parlamento de Cataluña. Si tenemos mayoría absoluta de escaños, volvería a hacerlo. Una segunda DUI, con toda la calma, y ​​para dejar las cosas claras. No sea que el gobierno Puigdemont fuera republicano, y el gobierno en el interior, no. ¿Un nuevo gobierno, y simplemente autonomista? Sería el horror. Un paso atrás a evitar. En cambio, vuelves a hacer DUI, y todo Dios republicano.

La culpa de este punto de vista no es mía, sino de Gandhi. El señor Gandhi. Es él quien me ha convencido. Porque yo no tenía esta idea. Pero él es el hombre que, no sé si a sabiendas o por casualidad, marca la estrategia del gobierno catalán hasta unos límites insultantes. Son, parece, gandhianos sin remedio. Los paralelismos entre unos y otros son casi pornográficos. ¿No sabes qué hacer estos días? Lee Gandhi y sabrás los posibles pasos de Puigdemont. En medio de la niebla, Gandhi.

¿Qué hacer al día siguiente de las elecciones del 22-D? Pues seguir la táctica gandhiana, siempre ganadora, y estudiada ampliamente.

Sabemos que la táctica gandhiana de la no-violencia es un modelo que, hasta cierto grado, depende de la simpatía de los medios de comunicación. De hecho, Gandhi triunfó porque un viejo amigo suyo se había convertido en un exitoso periodista británico. Él lo despegó en las portadas. La frase 'el mundo nos mira' viene aquí. Gandhi necesitaba la prensa. Tanto él como el independentismo catalán utilizan una táctica pensada para desencadenar un contraste moral a ojos del mundo. Se quiere desnudar la violencia del orden político establecido y demostrar que incluso cuando enfrente tiene una banda de pacíficos idealistas, las fuerzas del orden no dudarán en utilizar la brutalidad física. Esto es el 1 de octubre: abuelas catalanas votando, policías pegando y el mundo viéndolo. Con Gandhi, el modelo era el mismo: abuelas indias haciendo sal, policías pegando y el mundo mirando. Tanto Gandhi como los independentistas esperan que, gracias a los medios de comunicación, el mundo lo vea y reaccione. El 1-O, el 27 de octubre, la prisión de los consejeros y el exilio de medio gobierno. Esto son hitos gandhianos porque, como en la India, se ha desnudado la violencia del Estado, y el mundo lo ha visto. Ha sido, incluso sin querer, táctica gandhiana desnuda y cruda.

¿Que el mundo no ha reaccionado suficiente? ¿Que al final ha servido de poco? Pues, como decía Guardiola, persistiremos. Se vuelve a hacer una declaración de independencia en el Parlamento de Cataluña. Si el 22-D hay mayoría independentista en el Parlamento, se vuelve a hacer una DUI. Es muy probable que provoques la brutalidad del Estado. El pasado 1-O fueron policías con porras. ¿Ahora serán militares con pistolas? Lo apuntaba Marta Rovira. Es posible. Claro que es posible. O no. No lo tengo claro. Pero nada sería más gandhiano que esta situación. La fórmula gandhiana consiste en deslegitimar el poder manteniendo una escrupulosa no violencia, y conseguir después de que el mundo presencie la brutal reacción del Estado. Y reaccione.

Si te haces llamar gandhiano diría que no puedes encerrarte en parte a la violencia brutal del enemigo. No puedes rehuir. Gandhi es precisamente lo que buscaba. Hacerla evidente a los ojos del mundo. Pero ciertamente el mundo, nos guste o no, ha tolerado el 1-O, medio gobierno en el exilio y medio gobierno en prisión. ¿Tolerará ahora la hipotética violencia del 22-D, un segundo medio gobierno en el exilio y un segundo medio gobierno en prisión? Si el gobierno catalán sigue la táctica gandhiana, esta sería la acción a hacer: volver a hacer la declaración de independencia. No sólo, como hemos dicho, para evitar que un gobierno catalán sea republicano y otro autonómico, sino para continuar con la exitosa táctica gandiense: hacer que el mundo reaccione ante la brutalidad del Estado. ¿Que no lo ha hecho en la primera? Que lo haga en la segunda. ¿Que no lo hace en la segunda? Que lo haga a la tercera.

Los hay que no confían, ya, en la reacción del mundo. De la UE. De la ONU. Y vienen a decir que el mundo no se moverá, y que hay otras vías. Tienen razón. Es evidente que el gobierno catalán tiene otras opciones. Seguir a Gandhi no es obligatorio. Él mismo las explicaba, las tres salidas que había frente a la violencia:

La primera es la suya, hizo evidente la brutalidad ante gente pacífica, para que el mundo reaccionara. Y que sea el mundo el que pare los pies del agresor. Táctica que yo continuaría. Es vía lenta, pero más segura. La segunda opción, según Gandhi, es la autodefensa. Si te pegan, te revuelves. Táctica que no creo que estemos preparados para seguir. ¿Dónde están los Mossos armados? Yo sería realista. La segunda vía es rápida, pero yo no la veo. Y en último término, la peor salida de todas. El pacifismo mal entendido. La cobardía. Ante el violento, bajar la cabeza. Entregarse. ¡Cómo odiaba a los cobardes, Gandhi. A todos los que ahora acatan el 155 por miedo y cobardía, Gandhi les escupiría a la cara. Les detestaba mucho más que a los violentos, como explicábamos aquí (https://www.vilaweb.cat/mailobert/pg/32/4145291/gandhi-covards-feixistes.html), y nunca se explica bastante: porque Gandhi tiene más ética un violento que un cobarde.

En fin, de las tres tácticas frente a la violencia yo escogería la gandhiana. Y esto significa, creo, una segunda DUI.

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