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Ángel Castiñeira y Josep M. Lozano   
Martes, 21 de Noviembre de 2017 21:04

Cuando, en medio de un gran reto adaptativo o de una iniciativa transformadora, los eventos se solapan de manera vertiginosa se hace difícil mantener a la vez la iniciativa del cambio y la capacidad de escanear bien como se está reconfigurando nuestro entorno. En cada giro estratégico o en cada decisión importante nos encontramos con la dificultad de evaluar la relevancia de la respuesta de los otros actores o de confrontarnos con los propios sesgos para saber a ciencia cierta si nuestro punto de vista sobre la realidad es el adecuado. Existe el sesgo del exceso de confianza, el sesgo hiperoptimista (o su contrario), el sesgo tuerto, el sesgo grupal, etc. No sabemos lo que no sabemos y tendemos a sobreestimar la viabilidad de aquello en lo que creemos.

Aplicando estas consideraciones generales a la situación de Cataluña, veremos cómo ahora mismo se da la combinación perfecta de los componentes críticos de un reto adaptativo: máxima incertidumbre, gran dificultad para entender lo que está pasando y confusión sobre los posibles caminos que se han seguir y las acciones que deben emprenderse (más allá de las puramente reactivas).

Mucha gente, por convicción, por indignación, por rabia o por dolor continúa empujando, pero ya no entiende hacia dónde. ¿Qué posibilidades tiene nuestro país? ¿Cuál es la hoja de ruta del mapa estratégico? ¿Dónde estamos? ¿Hay alguien que lo tenga claro? ¿O la ausencia de claridad es una demostración de la crisis de liderazgo? ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Qué vector de acción debemos definir o a cuál debemos apoyar? Muchas preguntas similares a éstas están hoy muy presentes en la mayor parte de cenáculos organizados por las diversas entidades de la sociedad civil.

Somos una sociedad que nos gusta ir siempre un paso por delante de los acontecimientos. Nos implicamos en la jugada, pero mentalmente ya estamos planificando y cocinando la siguiente. Esto genera un grado de inquietud extra cuando, repentinamente, el horizonte se difumina o se llena de una niebla espesa. Una cosa es tener visión de futuro y otra vivir fantasiosamente en el futuro.

Queda también por hacer aún una digestión política profunda de todo lo que hemos vivido en los últimos meses y años. Este balance supera con mucho, a nuestro juicio, lo que se puede hacer en un artículo de opinión. Pero sí es posible, desde la modestia de un artículo, presentar algunas aportaciones o sugerencias. Aquí van tres.

 

1. Estamos en el corazón del territorio desconocido. Como en las travesías del desierto, el camino está lleno de obstáculos y trampas. No asistimos al final de la historia, sino a un tramo complicadísimo de ésta; sabemos que el recorrido será difícil, largo, doloroso y duro. El diseño estratégico suele ser lineal (etapas, metas volantes, hitos, escalones) pero la realidad siempre es laberíntica, con idas y vueltas, con avances y retrocesos, con momentos de euforia y de decepción, con aciertos y errores. Es ahora cuando la determinación, el compromiso, la resiliencia, la perseverancia o la capacidad de inteligencia y aprendizaje colectivos se convierten en virtudes capitales. No hay que tener miedo de los errores, a menos que el error sea definitivo. Hay que sacar lecciones de aprendizaje y mejora de los errores cometidos.

 

2. Ahora mismo, puede que no tengamos las (nuevas) respuestas, pero sí podemos formular las buenas preguntas. Y la formulación de buenas preguntas va acompañada de más preguntas de orden metodológico. Pongamos un ejemplo. Ante la cuestión "¿Lista unitaria o no?", el profesor Carles Boix respondía: "De entrada, esta no puede ser la pregunta. La pregunta fundamental es otra: ¿el 21-D para hacer qué?" Acertar las preguntas es clave. Como decía Einstein, "si tuviera sólo una hora para salvar el mundo, dedicaría 55 minutos a definir el problema".

 

3. Por tanto, la cuestión clave a plantear ahora es ¿cuáles deberían ser las nuevas preguntas? Nos atrevemos a formular algunas.

a) ¿Dónde estamos? ¿A dónde hemos llegado? ¿Y en qué condiciones emocionales, sociales y políticas hemos llegado? Recordemos que enfrentarse a la realidad y aceptarla no quiere decir aprobarla, sino entender muy bien qué está sucediendo dentro y fuera de nuestro campo visual, a qué tendencias debemos prestar cuidado o qué puntos fuertes de hoy pueden ser nuestras vulnerabilidades de mañana.

b) ¿Qué hemos aprendido de nuestra propia actuación y de la actuación de quienes no piensan como nosotros? ¿En qué tienen razón los que defienden una posición contrapuesta a la nuestra, y qué nos interpela de ellos? ¿Y ellos, qué han aprendido?

c) ¿Qué nuevos escenarios se vislumbran en el corto, medio y largo plazo en los contextos catalán, español y europeo?

d) ¿Y ahora qué? ¿Qué nueva hoja de ruta es razonable plantear al día siguiente de las próximas elecciones? ¿Qué estamos dispuestos a hacer y qué no? Y eso que queremos hacer, ¿lo queremos hacer en solitario, por separado, o acompañados de quién?

EL PUNT-AVUI