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El odio a TV3 PDF Imprimir E-mail
Víctor Alexandre   
Martes, 23 de Enero de 2018 11:51

El odio del Estado español contra la Televisión de Cataluña es inseparable del proceso catalán, ni que decirlo. Pero las raíces de este odio son mucho más profundas que esto y están estrechamente ligadas a un odio ancestral a la nación catalana. Este odio, evidentemente, ha tenido diferentes fases a lo largo de la historia; algunas feroces y otras más laxas. Todo ha dependido de las medidas autodefensiva que Cataluña ha desarrollado. Mientras se ha mostrado sumisa ante el poder español, este ha relajado su látigo. Pero, al querer ser ella misma, los latigazos se han intensificado.

Como he dicho otras veces, es la misma relación del negro con el dueño blanco. El dueño blanco odia al negro, si bien lo necesita, y cada vez que éste no obedece sus órdenes, no duda en sacar el látigo para recordarle quién manda y qué dice el imperio de la ley blanca. Si, por el contrario, el negro se muestra sumiso, el dueño blanco sabe premiar esta actitud. Es su manera de sentirse 'amo bueno', amo gentil y generoso, y de reafirmar su autoridad. En resumen: el negro no puede ser libre, porque lo dice la ley del amo blanco, al igual que Cataluña no puede ser libre porque lo dice la ley del amo español. El negro es un humano inferior, y Cataluña es una colectividad inferior. Y los individuos y las colectividades inferiores no pueden disfrutar de los mismos derechos que los individuos y las colectividades superiores. Así de sencillo. Puro fascismo, ya lo vemos.

En un Estado con estos principios, es obvio que TV3, si no puede ser reconvertida en la idea original por la que España aceptó su existencia: que fuera una "televisión antropológica", debe desaparecer. El término "televisión antropológica" la he puesto entre comillas, porque es el término exacto que empleó el director general de RTVE, José María Calviño (época PSOE), en 1983. Es decir, TV3 debía ser una televisión folclórica, centrada exclusivamente en asuntos caseros, como los concursos de perros pastores, o los 'aplecs' ('reuniones', 'romerías'...) del caracol, o las ferias de la Candelaria. Particularidades propias, en definitiva, de 'la patria chica de los españolas nacidos en Cataluña'.

TV3 todavía tiene una visión hispanocéntrica de la vida -como también la tienen, aunque, por paradójico que parezca, muchos independentistas, fruto de la españolización secular que ha sufrido nuestro país-, pero hay que reconocer que ha dado un giro muy positivo en consonancia con la toma de conciencia de la sociedad. Nada que ver con la nefasta etapa bajo gobierno socialista, en la que escribí el libro "TV3 a traición. ¿Televisión de Cataluña o de España?" Consecuentemente, si el Estado español ha reaccionado con violencia -violencia política, violencia jurídica y violencia policíaca- contra esta toma de conciencia catalana, ¿por qué no debería hacer lo mismo contra TV3? Televisión de Cataluña es una estructura de Estado -como también lo son los Mossos d'Esquadra-, lo que la convierte en una especie de contrapoder, por pequeño que sea, y es normal que el Estado español la odie profundamente. Tiene motivos ideológicos, políticos y económicos. TV3 no sólo no es la televisión folclórica que ellos querrían, sino que es una de las mejores televisiones de Europa. Y eso a pesar de que Cataluña no tiene un Estado.

Y por si fuera poco, los índices continuados de audiencia, que muestran TV3 como emisora líder permanente, les recuerdan que Cataluña no es España, lo que les saca de quicio hasta el punto de que mirar el mapa mediático de la península ibérica y ver que Cataluña se les resiste como Portugal, se les hace insoportable por completo. Si pudieran, aplicarían el 155 también a Portugal.

Pero viendo imposible, como ven, cerrar TV3, optan por provocarle una muerte clínica. La misma maniobra, más o menos, que siguieron con Radio 4. Yo conozco profundamente el caso de Radio 4, porque fui uno de los padres de la emisora en 1976, junto a grandes profesionales. La dotación económica para hacer programas con un mínimo de cara y ojos fue disminuyendo de manera tan bestial y humillante que ya no era posible hacer una radio mínimamente competitiva. Y es que dejar morir -" para que se consiga el efecto sin que se note el cuidado"- es una manera menos ruidosa de matar. Esto es justamente lo que ahora quieren hacer con TV3, que viva como si estuviera muerta.

Lo que ellos ignoran, sin embargo, es que el lugar que ocupa TV3 en el marco simbólico de Cataluña, no tiene nada que ver con el lugar que ocupa TVE en el marco simbólico español. Para los españoles, TVE es únicamente la emisora pública de su país y no tienen con ella ningún vínculo afectivo o emocional por la sencilla razón de que nació como una prerrogativa natural del Estado. TV3, en cambio, nació como un hito, como una pequeña victoria de una nación sin Estado y contrapuesta al pensamiento único impuesto por el régimen del Estado opresor. Se trata, por tanto, de una emisora ​​no sólo vista, sino también querida por los catalanes. Los catalanes prefieren TV3 y la sienten suya en la misma medida que sienten sus otras cosas que ocupan igualmente un espacio simbólico en el imaginario colectivo del país. Basta recordar las lágrimas de emoción con que tantísimos miles de catalanes recibieron el nacimiento de TV3 el 10 de septiembre de 1983 y la metáfora que se vio en el hecho de haber escogido la película "Alba Zulu" como proyección de la noche inaugural.

El Estado español debe saber que TV3 es material sensible, Y que el intento de estrangularla será percibido como lo que es: una rama más del intento secular español de estrangular a Cataluña. Si quieren pensar en ello no les faltará materia. Pueden empezar por pensar cómo es posible que después de siglos de opresión, después de los decretos de Nueva Planta reproducidos con apariencia 'constitucional', después de tantos regímenes dictatoriales, de tanta opresión militar, de tanta persecución de la identidad, de la lengua y de la cultura catalanas, de tantos intentos de borrar la catalanidad de la capa de la tierra..., cómo es posible, repito, que todavía estemos aquí. Pues sí. Mal que les pese, como se lo demostramos el 1 de Octubre y el 21-D, todavía estamos aquí. Estamos aquí dispuestos a defender nuestras instituciones. Estamos aquí, porque, por más que lo han intentado, nunca nos han podido vencer. Estamos aquí porque nunca, nunca, nos han vencido.

EL MÓN