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La danesa y la nación PDF Imprimir E-mail
Josep-Lluís Carod-Rovira   
Lunes, 29 de Enero de 2018 18:47

Recuerdo que, años atrás, me acostumbré, los domingos, a acompañar el desayuno con una pasta llamada "danesa" . Tenía, si no recuerdo mal, una forma redonda y textura de brioche, con el atractivo sabroso de la mantequilla, si bien se ve la que había también en forma de caracol, de pinta alargada, etc., entre otras posibilidades. Me ha venido a la cabeza esta pasta, ahora que ya hace décadas que la he abandonado y sustituido por un manjar más digamos Mediterráneo, teniendo en cuenta nuestra actualidad política. Y, sin darse cuenta, el recuerdo de la pasta danesa me ha llevado a zambullirme en la nación danesa, una realidad cambiante que, como los formatos del pastel, ha ido teniendo fisonomías diversas, a lo largo de la historia. 

Así, se produjo la Unión de Kalmar, un estado norteuropeo resultado de la fusión de las tres  monarquías  escandinavas (Dinamarca, Noruega y Suecia), alrededor de Margarita I de Dinamarca, reina de este país y de Noruega en 1387 y, también de Suecia, en 1397. Durante 436 años, Noruega estuvo vinculada a Dinamarca, hasta 1814, en que la corona danesa cedió el territorio noruego al rey de Suecia, a pesar de que continuó conservando Islandia, Groenlandia y las Islas Feroe. Noruega, a su vez, se separó pacíficamente de Suecia el 7 de junio de 1905, una vez celebrado un referéndum en que los noruegos optaron por la monarquía y, en consecuencia, propusieron la corona de Noruega al príncipe danés Carl, el cual adoptó el nombre de Haakon VIII, como los reyes noruegos de la edad media.

En cuanto a Islandia, Dinamarca le otorgó una autonomía política en 1874, que, treinta años después, fue notablemente ampliada. El 1 de diciembre de 1918 se firmó el Acta de Unión de Dinamarca e Islandia , mediante la cual la isla escandinava se convertía en un Estado soberano compartiendo, sin embargo, la monarquía danesa. Veinticinco años más tarde, una vez expirada el Acta de Unión en diciembre de 1943, los islandeses concurrieron a un referéndum durante cuatro días, en mayo siguiente, pusieron fin a la unión con Dinamarca, optaron por la República y la isla se convirtió en un estado independiente el 17 de junio de 1944.

Con respecto a Groenlandia, el territorio era considerado una posesión de Dinamarca ya desde el siglo XVI, por lo menos, aunque Noruega le disputaba la titularidad. Durante la II Guerra Mundial, el aislamiento de Groenlandia de la metrópoli danesa la acercaron a Estados Unidos y Canadá, por lo que disfrutó de una autonomía de facto. En 1953, por primera vez, este territorio ártico dejó su condición de posesión colonial para pasar a ser una provincia danesa, con representación en el Parlamento de Dinamarca. Veinte años después, el 70% de los groenlandeses votaron en contra de pertenecer a la Unión Europea y, en 1979, alcanzaban un parlamento y un gobierno propios. En 1985, los groenlandeses ganaron, en referéndum, la salida del territorio polar de la Unión Europea, a pesar de seguir formando parte de Dinamarca.

Fue en 2008 cuando, en un nuevo referéndum, el 75% de los votantes optaron por ampliar la autonomía y proceder a la nacionalización lingüística del país, empezando, simbólicamente, por la sustitución del danés como lengua oficial por el 'kalaallisut' local, con el cambio correspondiente de toda la toponimia, y con presencia directa en el Consejo de Europa, a pesar de sus escasos 60 mil habitantes. Actualmente, la política exterior y la de defensa dependen de Dinamarca, si bien el sentimiento independentista va creciendo, con el aumento progresivo de la conciencia nacional por parte de los inuits, el pueblo originario del territorio. 

Las 18 islas del archipiélago de las Feroe, actualmente con 50 mil habitantes, fueron ocupadas por Noruega en 1503, si bien en 1814 continuaron ligadas a Dinamarca, cuando los noruegos fueron unidos a Suecia. El 31 de marzo de 1948, las islas se dotaron de un estatus de autonomía política, aunque, en la actualidad, cerca de la mitad de la población es partidaria de la independencia de la corona danesa. Aunque, al igual que Groenlandia, envían dos representantes al parlamento de Dinamarca y también al Consejo Nórdico, foro escandinavo de cooperación, tampoco pertenecen a la Unión Europea, por decisión tomada en referéndum en 1973. Dinamarca reconoció las Feroe como nación el 28 de marzo de  2005, fecha a partir de la cual administran sus relaciones internacionales y de seguridad. cuando también se les otorgó la potestad para llevar a cabo sus propias relaciones internacionales y su propia política de seguridad. El archipiélago dispone de una representación diplomática en Londres, Dublín y también ante la Unión Europea. 

Para el 25 de abril de este año está previsto un referéndum en el que los feroenses deberán votar una constitución propia de las islas que incluya el derecho de autodeterminación, así como la convocatoria futura de un plebiscito sobre la independencia. En realidad, un referéndum de estas características ya tuvo lugar el 14 de septiembre de 1946, en el que el 50,73% de los votantes optaron por la independencia de las Feroe, frente al 49,27% que se opuso. La independencia del archipiélago fue proclamada el 18 de septiembre, sin embargo, dos días después, Dinamarca anuló la proclamación y, el 24 de mismo mes, disolvió su parlamento autónomo. Las autoridades danesas actuales han manifestado, sin embargo, que si ahora se produjera una votación mayoritaria, en referéndum, partidaria de la independencia de las islas, Dinamarca  acataría, democráticamente, el resultado. 

En fin, como en el siglo XIX "la nación española de ambos hemisferios", el alcance territorial de la nación danesa adopta, con los años, formas y tamaños casi tan diversos como la pasta danesa. Pero una cosa es la dulzura democrática con la que los daneses aceptan los cambios y otra muy distinta la acritud autoritaria y agresiva del nacionalismo español, dispuesto a todo para que nada cambie. Aunque, para el desayuno, ya me he pasado definitivamente a lo salado, entre la acritud de la porra y la dulzura de las urnas me quedo con esta última, por más que los médicos insistan en que el dulce no me conviene nada...

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