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Tributo de sangre PDF Imprimir E-mail
Miquel De Palol   
Miércoles, 31 de Enero de 2018 09:21

Llegados a este punto, cualquier usuario de las redes sociales -este cronista es uno, y no muy experto- sabe que, aunque por simple combinatoria, casi todas las apreciaciones posibles sobre un asunto han sido hechas en cuestión de horas. Ahora mismo quería decir... pero pienso, no, eso ya lo ha dicho Fulano, y de manera aguda y concisa, o quería tirar de las orejas a... pero Zutano lo hizo en su momento mejor que como lo haría yo ahora.

Resignado a resonar con uno u otro, y también a hacerlo desconociendo con quien -el mundo digital tiene el peligro de que si no te autodisciplinas te puedes fumar la jornada-, me pregunto hasta dónde están dispuestos a llegar los unos y los otros en el conflicto Cataluña-España. Los españoles ya se va viendo; una vez más, no me viene de nuevo; lo único que me extraña es que mis conciudadanos catalanes se extrañen tanto. Juego con ventaja: viví 14 años en la Castilla profunda y les puedo asegurar que si no estuviéramos en la OTAN ya habríamos visto entrar los tanques por la Diagonal, y si no estuviéramos en la UE los cuatro rehenes de Estremera ya estarían fusilados. Puedo asegurar tanto una cosa como la otra.

El enemigo está dispuesto a todo; incluso lo han dicho: debe ser lo único en lo que no han mentido. ¿Y en este bando? Cualquiera con dos dedos de frente ya debe haber visto que con sonrisas y lazos amarillos -elementos por completo civilizados y loables, sin duda- no vamos a ninguna parte. Es la opción 1: continuar como estamos, bajar la cabeza y continuar un tiempo indefinido con un 155 más o menos explícito encima, con Cataluña cada vez más explotada, disminuida y puteada, bajo la bota cada vez más desinhibida de unos neofranquistas dispuestos a destrozar prestaciones sociales y conquistas civiles y pedagógicas mientras perpetran el mantra de lo que quiere la gente, de lo que descuidan los independentistas para gastar dinero en la secesión, cuando son ellos los que tiran el dinero a espuertas en inutilidades egóticas y en tapar la boca a soberanistas catalanes.

La opción 2 es determinante, incierta en un sentido diferente y ciertamente más dura a efectos inmediatos, aunque la única con posibilidades de ser resolutiva. Es la defensa de la nueva legalidad, el blindaje moral y físico de las instituciones por parte de la ciudadanía, su defensa hasta el final. Tal solución -estamos en el terreno especulativo- conlleva, ya se ha dicho, la posibilidad consistente que se deriven víctimas. Víctimas físicas: muertos. Y aquí el dilema alcanza otra dimensión: quien tiene que tomar la decisión, quien la puede tomar y quién tiene el derecho a tomarla, en nombre de qué. Sabiendo cómo del interés general se deriva el drama particular: ¿quiénes serán los muertos? Tu hijo, tu mujer, tu hombre?

Tenemos dos sociedades mutuamente desconocidas, enfrentadas desde el desprecio y muy supuestas sin fundamento: Si yo hago eso, el otro hará lo... y luego todo sale al revés, todo son sorpresas y recriminaciones. Los catalanes han mostrado hasta ahora un cierto valor, una cierta coherencia y una falta de oficio preocupante en la práctica de manejar las herramientas y los trucos de la administración pública. Sería hora de aprovechar las debilidades del enemigo, porque de frente hay un Estado sistémicamente corrupto y sin ninguna opción de dejar de serlo, también sistémicamente identificado con el PP, con un monarca de guiñol, un PSOE inútil total dispuesto a practicarles la felación tanto tiempo como sea necesario, un Podemos que va por el mismo camino y una Europa sin escrúpulos ni ningún otro principio más allá de la 'pela', lo recordaré tantas veces como sea necesario,

En el contexto internacional, una parte importante de la prensa no comulga con las ruedas de molino proclamadas por los políticos del PP a cargo del erario público, pero en las instituciones las cosas aún están verdes. Cuando uno escucha a los imbéciles de la OTAN y la UE haciendo el juego al PP y pidiendo "una España fuerte y unida", como si un conflicto entre territorios se pudiera resolver a base de imponer 'manu militari' leyes obsoletas de manera arbitraria, se da cuenta hasta qué punto la imagen de pus enquistado resulta depresiva. Parece que allí tampoco entienden o no quieren entender nada, como aquella periodista danesa y como Tajani y Juncker, defensores a ultranza del 'statu quo'. Sin que a nadie parezca interesarle cómo y por qué se ha llegado a la situación actual, si verdaderamente en esta parte de Europa hay millones de abducidos por pesadillas terroristas, o es que tenemos encima un Estado depredador, ladrón y tiránico.

EL PUNT-AVUI