Inicio Catalunya No nos engañemos más: esta es la guerra soterrada que puede terminar mal

No nos engañemos más: esta es la guerra soterrada que puede terminar mal PDF Imprimir E-mail
Pere Cardús   

El objetivo de este artículo es dar a entender cuáles son las estrategias reales, sabiendo que hoy tenemos mucha más información que el lunes. Dejémonos de florituras y vayamos al grano. La mayoría republicana pone dos estrategias diferentes y contradictorias sobre la mesa. No sabemos cuál será capaz de imponerse. Pero el martes, en el parlamento, asistimos a una pugna real entre una y otra. Y ya pueden tener muy claro que los dos actores principales, Juntos por Cataluña y ERC, juegan fuerte y quieren ganar. Y también podemos tener muy claro que una cosa es lo que se dice abiertamente y la otra es el objetivo real de cada decisión que se toma.

¿Cuáles son estos dos caminos? Por un lado, Juntos por Cataluña quiere poner al Estado español contra las cuerdas forzándolo a actuar contra la investidura de Puigdemont. Por otra, ERC quiere recuperar el gobierno sin pisar la raya roja marcada por el Estado y, por tanto, con un candidato 'autorizado' a la investidura. ¿Quieren la independencia ambos o no? Esto es un juicio de intenciones. Pero por mi conocimiento de varias de las figuras que defienden y dirigen estas estrategias, puedo decir que la divergencia no está en este objetivo final. En principio, ambas estrategias pretenden llegar a consolidar la independencia. Veamos los detalles y los desvíos.

¿Portarse bien?

La estrategia de Esquerra consiste en investir a un presidente diferente de Puigdemont. Es una estrategia que también tiene el apoyo de figuras de peso del PDECat, por convencimiento o por cuentas pendientes con el presidente exiliado, que optó por borrarlos del mapa. El problema de ERC es que hasta ahora ha dicho que su candidato es Puigdemont. Y también ha hablado de 'restituir'. Y que sabe que hay un deseo muy extendido entre el independentismo de base para restituir al presidente expulsado por el gobierno español con el 155. Por lo tanto, si no se quiere poner en contra a muchísima gente de este país a la que aspira a atraer en próximas elecciones, ERC ha de intentar aplicar la máxima aquella que dice 'que se consiga el efecto, sin que se note el afán'. Es decir, no hacer la investidura de Puigdemont sin que se note que no lo han querido y excusándose en cuestiones legales y represivas.

Esta estrategia consiste en no superar el límite marcado por el Estado hasta que no se pueda presentar un resultado electoral con fuerza de más del 50% de los votos. 'Hay que acumular fuerzas y ampliar la base', dicen a favor de la propuesta. El problema es que 'portarse bien' no ha sido nunca ninguna garantía de mejora de las condiciones de la ocupación y la represión. Ya lo dijo Rosa Parks: 'Cuanto más cedíamos y obedecíamos, peor nos trataban.' Y es que la estrategia del Estado español es reducir progresivamente el recuadro dibujado en el suelo del que no podemos salir los independentistas. Las líneas rojas son cada vez más restrictivas. Eso ya lo hemos podido comprobar estos meses. La capacidad de movimiento será cada vez más pequeña. Por tanto, el margen de maniobra de una legislatura dedicada a ampliar la base independentista es un misterio muy oscuro.

El éxito de la estrategia de ERC requiere que Puigdemont desista de querer ser investido y Juntos por Cataluña proponga un candidato alternativo que no tenga ninguna amenaza judicial activa. Así se protegería el riesgo que planea sobre Roger Torrent y la mesa del parlamento y se aceptarían las condiciones puestas por el Tribunal Constitucional. Con este nuevo presidente (o presidenta), se podría formar un gobierno. La duda es qué haría este gobierno cuando llegue otra prohibición de un juez español. ¿Habría que ir echándose atrás a cada amenaza para poder tener cuatro años apacibles de normalidad autonómica vigilada? ¿Y alguien cree que el Estado concederá el favor de liberar a los rehenes por haberse 'portado bien'? ¿De verdad que todavía no hemos probado con bastante realismo el rigor del carácter histórico del Estado español?

Y después, ¿qué?

Hablemos ahora de la estrategia de Juntos por Cataluña. Aquí también hay más sinceridad que la ha habido hasta ahora. Investir presidente a Puigdemont, ¿con qué finalidad? ¿Con la idea de ejercer como presidente? ¿Con la voluntad de poner al Estado contra las cuerdas ante la comunidad internacional? ¿Como un paso previo a activar un plan B con un candidato alternativo cuando la investidura de Puigdemont sea declarada nula? ¿Con el objetivo de hacer otras elecciones si ERC no la facilita? ¿O bien para emprender un bloqueo institucional que termine activando algún tipo de mediación?

Hace falta más transparencia de Juntos por Cataluña, evidentemente. Porque todo el mundo ve muy claro que no hay disposición a hacer la revuelta pendiente desde el 3 de octubre -cuando la gente ya estaba en la calle- y que tampoco se podrá gobernar contra el Estado español, como tampoco se hizo después del 27 de octubre. Por lo tanto, ¿qué objetivo hay tras la investidura de Puigdemont? Hay que tenerlo claro porque los 'sacrificios' que tengan que hacer los miembros de la mesa o quien sea deben estar al servicio de una estrategia que valga la pena. Y teniendo en cuenta cómo es la represión española, es normal que todos quieran entender en favor de qué se la juegan.

Es cierto que está en juego la dignidad política de un pueblo y el respeto por el resultado de unas elecciones. Es cierto que existe el noble objetivo de la restitución de un presidente que ha sido el blanco principal de la represión española. Una represión que tan sólo ha podido esquivar parcialmente por la estrategia inteligente del exilio. Pero el ejercicio de realismo no lo puede esquivar nadie. Por lo tanto, hay que tener claro qué se hará al día siguiente de la declaración de nulidad del TC. ¿Se nombrará un nuevo candidato para una segunda investidura? El problema de lo que pasa entre Juntos por Cataluña y Esquerra, ¿es el desacuerdo sobre este segundo candidato? ¿ERC está dispuesta a hacer la investidura de Puigdemont si la alternativa siguiente corresponde a Marta Rovira? ¿Estamos ante una pugna soterrada para decidir si la nueva presidenta será Elsa Artadi o Marta Rovira?

Si no hay investidura de Puigdemont...

¿Y si este fuera el plan, qué papel correspondería a Puigdemont? ¿Sería un presidente simbólico en el exilio? ¿O sería consejero de Asuntos Exteriores del gobierno? Todos ellos son caminos posibles que hay que estudiar detenidamente para saber qué nos acerca más a la consolidación de la República proclamada y qué nos aleja más. Pero todavía hay una posibilidad muy real de terminar haciendo unas nuevas elecciones. Si Torrent (ERC) no termina permitiendo el pleno de investidura de Puigdemont, no veo claro que Juntos por Cataluña acepte activar un plan B y hacer ver que aquí no ha pasado nada. Entonces ¿qué pasaría?

Evidentemente, no hay ninguna mayoría alternativa a la de un entendimiento de Juntos por Cataluña y ERC. Por tanto, las elecciones serán el árbitro del desempate. ¿Habrá un voto de castigo a ERC por no haber hecho la investidura de Puigdemont? Hay que recordar que la mayoría de votantes de Esquerra consideraban que había que restituir al presidente exiliado. ¿Qué harían en unas nuevas elecciones estos votantes? ¿Y no encuentran que la CUP podría reforzarse con toda aquella gente que estaría harta de la batalla entre los dos grandes? ¿Qué sacaría ERC de unas nuevas elecciones? ¿Y cuál sería la situación de los encausados ​​en la causa general contra el independentismo si se cumplía la amenaza de las inhabilitaciones preventivas? ¿Se podrían presentar a las elecciones? ¿Hay algún jurista que dice que este tipo de inhabilitación no afecta al derecho de elegibilidad, sino que está prevista para cargos políticos en ejercicio. Pero ya sabemos que la ley en España no se escribe igual cuando se trata de los catalanes.

¿Y el bloqueo?

Y si resulta que el objetivo fuera evidenciar la anormalidad de la situación y resistirse a aceptar un cierto grado de normalización vigilada y delimitada por el Estado y, por tanto, se quisiera mantener el pulso hasta que no se hubiera activado una resolución con mediación internacional? ¿Quizás esto permitiría poner todo sobre la mesa y negociar la situación de los prisioneros y el resto de represaliados? Este plan implicaría ir provocando elecciones mientras no se aceptara que es la ciudadanía y el parlamento quienes deciden el presidente de la Generalitat. Y sería necesario que la ciudadanía estuviera dispuesta y se activara de forma constante. Evidentemente, no se podrían perder unas elecciones. Y habría que asumir que el 155 continuaría activo mientras no se formara gobierno. Es un choque de legitimidad con el Estado español que se ha de poder llevar hasta las últimas consecuencias.

En resumen. ERC quiere pasar por alto la investidura de Puigdemont y saltar al plan B sin haber llevado al Estado al límite. Hace falta saber si hay una batalla soterrada por el nombre del plan B antes de haber resuelto el plan A. Juntos por Cataluña quiere que se haga la investidura, pero no sabemos a ciencia cierta si sólo es un gesto simbólico y ya hay un plan B preparado o si tienen la mirada puesta en unas nuevas elecciones.

Aquí es donde estamos y la decisión de Esquerra de aplazar el pleno de investidura ha permitido destapar la caja de Pandora. De todo hay que tratar de sacar algo positivo. Sabe mal que en un momento de represión fuerte los dirigentes independentistas no sepan ponerse de acuerdo. Quizás es cuestión de tiempo. Pero en España se frotan las manos y todo esto se debe reconducir pronto. Ya veremos qué estrategia gana. O si, finalmente, acabará saliendo una síntesis de todas las estrategias. Esta situación no es nueva. Pero lo que no podemos hacer es no hablar claro.

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