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Madrid contra un solo hombre PDF Imprimir E-mail
Salvador Cot   
Jueves, 01 de Febrero de 2018 20:32

La estrategia del Estado pasa por conseguir que sean los mismos partidos y entidades independentistas los que se encarguen de desmovilizar las propias bases. Para conseguir este objetivo ha tomado rehenes y también por eso amenaza con abrir procedimientos judiciales a cualquiera que emprenda el mismo camino. Este es el palo; garrote, más bien. La zanahoria es insinuar -que no comprometer- un trato más benevolente a los represaliados y el retorno de la administración a manos de un independentismo utópico reconvertido en autonomismo pragmático y bajo vigilancia.

Pero Carles Puigdemont y los cuatro consejeros que le siguieron al exilio han destrozado este guión. Con libertad de movimientos y capacidad estratégica, el 130 president de la Generalitat ha multiplicado los gestos de audacia, hasta el punto de poner contra las cuerdas a todo un Estado. Ha conseguido que Madrid se trague la euroorden y ha evidenciado las limitaciones de la justicia española, incapaz de impedir el viaje a Dinamarca. Y con todo este patrimonio, más una victoria electoral contra pronóstico, Puigdemont se ha convertido en el líder moral del conjunto de los dos millones largos de electores independentistas.

Ahora es Puigdemont el más interesado en una repetición de elecciones. Una hipótesis que causa una enorme aprensión entre sus adversarios, tanto internos como externos. En cualquier caso, una jugada arriesgada que ERC no se puede permitir, como se ha demostrado este martes en el Parlamento. Los republicanos pueden pagar un precio altísimo por un retorno al autonomismo -aunque sea táctico- que su electorado es imposible que entienda. Roger Torrent no ha ganado tiempo, lo ha perdido.

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