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Combatir la ocupación PDF Imprimir E-mail
Carles Castellanos   
Miércoles, 07 de Febrero de 2018 17:01

El movimiento por la Independencia y por la República catalana, se debe volver a dinamizar; y lo tiene que hacer a partir del análisis de la experiencia de los últimos meses y también partiendo de que Cataluña se encuentra en una situación que es una verdadera ofensiva de ocupación por el Estado español. Se trata de una ofensiva que tiene como objetivo nuestra destrucción como país con la utilización capciosa del aparato del Estado y concretamente del aparato judicial heredado del franquismo: detenciones crecientes, estrangulamiento económico, persecución de la lengua y la cultura... todo en una operación de presión por medio de una manipulación mediática generalizada y por la instigación de partidos y bandas franquistas que actúan en una impunidad total...

Se trata de una situación que no debemos tolerar y que tenemos que conseguir detener. Últimamente hemos abordado con éxito unas elecciones y nos hemos movilizado contra la represión. La "nueva estrategia" debe permitir trabajar de manera sistemática contra la ocupación preparando al mismo tiempo las condiciones para la ruptura que debe representar la implantación de la República catalana de una manera efectiva.

Si de algo ha servido la experiencia reciente es para acabar de convencer que en el Estado español no tenemos ninguna posibilidad (aparte de tratarse de una manera de entender la vida poco estimulante)...

La esencia de España

España, como estado, nace de un pasado oscuro y tiene un futuro tenebroso. El Estado español es un ejemplo flagrante de lo que puede ser un Estado capitalista construido sobre el abuso sistemático a la población, cada día más parecido a casos como Turquía y Marruecos. El Estado español (que se reforzó con el franquismo, y con el régimen monárquico parlamentario de 1978 que ha sido su continuación en las formas de poder), es una estructura despótica basada en una oligarquía extractiva que sólo ha sabido pactar con ella misma, sometiendo o absorbiendo por corrupción el resto de sectores sociales que se iban formando.

Se soporta en un parasitismo primario basado en la exacción de los pueblos sometidos y en una relación abusiva hacia masas de clientes cautivos de las compañías de suministros básicos creadas por el régimen mismo y sus amigos, y gestionadas por unas cuantas familias y sus redes clientelares y de corrupción. Y todo ello aderezado por un sistema de manipulación propagandística de carácter estupidizante y gregarizante entorno del mito de tipo colonial de la "unidad indisoluble", como forma de mantener subordinados a los territorios conquistados por las armas. Quieren revitalizar así el famoso "derecho de conquista" que sirvió de subterfugio para la expansión colonialista europea pero que fue abolido, a lo largo del siglo pasado, en el derecho internacional democrático.

 

La nación catalana

Contrariamente, el pueblo catalán (el pueblo de los Países Catalanes, que se encuentra, en conjunto, en el mismo caso) representa otra realidad sociopolítica, y en su tendencia a avanzar hacia la "República de los iguales", es altamente molesto para estas estructuras estatales decrépitas. El esfuerzo último de este Estado para someternos ha demostrado no sólo su intención obsesiva por nuestra destrucción sino también sus límites.

Tenemos derecho a la libertad, a construir nuestra República libre e independiente fuera de los marcos políticos opresivos; y ninguna represión nos hará abdicar. Tampoco los argumentos poco solventes, sobre supuestas mayorías y minorías políticas. Las mayorías parlamentarias sirven para desarrollar, en el marco de medidas posibles, políticas favorables a la República catalana y al conjunto de las clases populares. En eso estas mayorías son plenamente suficientes, porque tenemos que entender su acción como el complemento de una acción más general del movimiento popular por la independencia que nos ha de llevar hasta la implantación de la República catalana.

 

La nueva estrategia

No me corresponde a mí tratar a fondo esta cuestión. Pero sí quisiera aportar alguna consideración al debate que el conjunto del movimiento independentista ya hace tiempo que ha comenzado a poner en marcha. Creo que deberíamos responder con la máxima objetividad a preguntas vitales como éstas: ¿Qué acciones y movilizaciones pueden fortalecer ahora el independentismo y frenar la escalada de la represión y la ocupación? ¿Qué papel tiene que hacer el parlamento y el gobierno (bajo vigilancia judicial permanente)? ¿Cómo podemos crear condiciones materiales para mantener la independencia de forma duradera?

Preguntas como éstas deberían ser respondidas por todos los actores sociales y políticos hasta definir unas líneas de acción eficaces que golpearan de manera eficiente los intereses económicos y políticos del régimen monárquico español, que de una manera tan obsesiva quiere cambiar nuestra existencia. Cada ataque del régimen se debe ver respondido por miles y miles de acciones nuestras que toquen aspectos sensibles de su entramado de poder. Basta pensar en ello; y actuar en consecuencia y de manera regular y sistemática. Hace falta una organización eficaz.

La idea para mí fundamental es que, ante una situación de agresión permanente, es un error permanecer impasibles o actuar sólo a la defensiva. Hay que reaccionar por medio de lo que se ha denominado "Resistencia no violenta activa" pasando a la ofensiva. Por eso yo creo que nuestra actuación ante este poder fundamentado en el abuso no debería ser ceder a cualquier tipo de reconocimiento. Ningún reconocimiento de sus acusaciones o amenazas. Desobediencia. Y respuesta política activa. Porque el acatamiento que se ha mantenido en alguna de las defensas legales de presos y encausados ​​no es ni siquiera una buena estrategia de defensa porque la mentalidad española militarista interpreta el acatamiento como una muestra de debilidad y sumisión y, por tanto, como un motivo para atacar más a fondo.

La denuncia de la ocupación debe ser permanente, en forma de propaganda de una amplio alcance social y también en forma de rechazo a los símbolos (físicos o personales) del poder ocupante. Rechazar democráticamente el poder monárquico y declarar "persona non grata" a todo responsable de acciones represivas, debería ser una práctica creciente en todo el territorio.

Respondiendo a alguna otra de las cuestiones anteriores, habría que tener claro que el Parlamento y el gobierno de Cataluña no deberían encabezar los pasos fundamentales hacia la ruptura definitiva sino que se deberían concebir como elementos auxiliares que ayudaran a facilitar el avance de la conciencia social y política de la población, promoviendo "políticas republicanas" favorables a la República catalana (principalmente aprobando nuevas leyes sociales que abordaran numerosas cuestiones como "la pobreza energética" que habían sido abolidas por disposiciones de los tribunales del régimen monárquico español).

No es necesario desenterrar leyes abolidas pero sí trabajar para que nuevas leyes cubran estas carencias y generen a la vez un importante debate social. Creo que sería un error pensar que el gobierno y el Parlamento deben llevar a cabo acciones de carácter rupturista en el contexto actual, debido a que bajo la vigilancia permanente que se ha instaurado no tienen sentido y deben encontrar otros canales de expresión. Sólo una situación de crisis profunda del Estado (no del todo imprevisible) estas condiciones podrían cambiar.

Por su parte, el movimiento popular por la independencia debe trabajar de manera de tomar el protagonismo en esta fase del camino hacia la independencia y la construcción de la República catalana. El movimiento debe organizarse ahora de una manera que no pueda ser objeto del juego judicial retorcido y caprichoso que tanto satisface a este régimen. Una vez se ha demostrado que no existe la vía sencilla "de la ley a la ley" sólo podremos avanzar realmente situando nuestra acción fundamental de manera consciente fuera de la legalidad española.

Estas consideraciones, y otras semejantes, son las que actualmente se están debatiendo en el seno del movimiento.

República catalana o monarquía española

Este es el dilema fundamental que el conjunto del pueblo catalán tiene sobre la mesa y que debemos hacer aflorar de una manera generalizada.

No es verdad que Cataluña se encuentre bloqueada (o 'medio partida') entre independentistas y no independentistas porque esto sólo se puede saber en un referéndum explícito. Y en la única consulta referendaria que hemos podido hacer (y en todas las consultas precedentes) el resultado ha sido del orden de un 90% de votos favorables.

Sólo sabemos que hay una mayoría de personas que quieren la independencia y la República; y que hay también un porcentaje indeterminado de personas que sin duda querrían más libertad y menos opresión pero que no han asumido la independencia porque la propaganda, las amenazas o el miedo que genera el aparato español de Estado y sus instrumentos políticos y mediáticos, les han presentado esta opción como una meta horrorosa, inalcanzable o imprudente.

La República catalana no se presenta como contraria a la diversidad cultural y lingüística; se propone crear un marco favorable al desarrollo de la nación catalana pero esto es compatible con la existencia de numerosas identidades de origen de buena parte de la población: del mismo modo que podemos observar la existencia de población de origen amazigh (o bereber) participando en la vida social y política común, también hay población que se reconoce como castellana, andaluza, murciana, extremeña... o incluso española, incorporada al proyecto de construcción de la República catalana. Es la ideología colonial la que distorsiona la cuestión. Es necesaria una tarea sistemática para combatir el supremacismo españolista heredado del franquismo que el Estado monárquico español intenta ahora hacer revivir para salvar el régimen oligárquico en su crisis creciente como estructura de poder corrupta y fundamentada en el abuso social.

Hay que partir de la realidad de que los favorables al régimen monárquico español actual son un porcentaje insignificante, lo que se pondría en evidencia si la cuestión se pusiera a votación en estos términos políticos reales: República catalana, o régimen monárquico español. Esta es la forma política del 'Sí' o del 'No' que tenemos delante.

El movimiento popular por la independencia se ha ganado el derecho a la libertad colectiva como nación. Basta con que nos organizamos adecuadamente para combatir el despotismo del Estado monárquico español. De manera consciente, sin las ingenuidades excesivas que nos han precedido, ganaremos nuestro derecho a la libertad: construiremos la República catalana.

LLIBERTAT.CAT

https://www.llibertat.cat/2018/01/combatre-l-ocupacio-40964