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Camino a (hacia) Estrasburgo PDF Imprimir E-mail
Aleix Sarri   
Lunes, 12 de Febrero de 2018 14:08

Esta semana he estado en Estrasburgo por el plenario mensual del Parlamento Europeo. Estrasburgo, capital de la Alsacia, es una bella ciudad europea. Ni demasiado grande ni demasiado pequeña, Estrasburgo una catedral impresionante (*), bastante historia y capital social para tener futuro, y está llena a rebosar de instituciones internacionales que Francia ha conseguido poner para sobornar a los alsacianos y evitar que se subleven contra el jacobinismo francés.

Estos días ha habido mucho debate en el Parlamento Europeo sobre la posibilidad de que en las próximas elecciones europeas los ciudadanos europeos pudieran votar en dos urnas: una para elegir eurodiputados nacionales-regionales y otra para elegir quién quieren que lidere Europa.

Finalmente sin embargo, la propuesta ha sido rechazada y ha significado el primer revés para Macron, que últimamente había hecho bandera de la misma. El sistema actual, que da pocas garantías democráticas para controlar al Presidente de la Comisión Europea, se mantendrá. Podemos esperar pues que el desinterés por la política europea continúe en auge. Una pena, porque democratizar un poco la UE quizás es quizás la única manera de que países como España lo tengan más difícil para vampirizarla. Juncker y Timmermans lo tendrían más difícil para hacer de 'cheerleaders' de Rajoy si su reelección dependiera del voto de la gente.

El debate ha tenido una paradoja notable porque la misma semana en que Macron reclamaba profundizar en la democracia europea mediante listas transnacionales que permitan a los ciudadanos europeos votar directamente quién quieren que lidere la Comisión Europea, y a la vez se oponga a un nuevo Estatuto de Autonomía para Córcega como reclaman 47 de los 63 diputados de la Asamblea de la isla. Se abre la incógnita si Macron hace como Rajoy, que sólo se interesa por la democracia si sirve para reforzar su poder. No sorprendería mucho viendo como critica más el Brexit que el autoritarismo de la China de Xi Jinping.

Volviendo a Estrasburgo, paseando junto al canal que da el Parlamento Europeo hay unas casas majestuosas, construidas por la burguesía alsaciana alrededor de hace cien años en la época en que la soberanía de su territorio aún estaba disputada y el comercio por el Rin era vibrante. Son casas muy elegantes, casi mansiones o pequeños castillos, que a menudo adaptadas para ser embajadas, hoteles o restaurantes, provocan admiración y desprenden nostalgia, como ocurre en los lugares que han perdido poder político y se dedican sólo a administrar migajas. Quizás por esta nostalgia, ahora se reivindica que la Alsacia tenga un departamento unificado, aunque de momento sin competencias legislativas ni nada que se le parezca.

Eso de que el "nacionalisme c'est la guerre" ha sido una excusa perfecta para desmoralizar a las minorías nacionales, y en ninguna parte ha funcionado mejor que en Alsacia y Lorena, a quien siempre "culpan" de las guerras mundiales.

La propaganda jacobina ha hecho creer hasta ahora a las minorías nacionales francesas que es mejor que no se gobiernen a sí mismas, el 155 tiene el mismo objetivo. La propaganda unionista española trabaja a toda máquina para deslegitimar el independentismo, tratando de locura toda iniciativa que no sea acatar los caprichos autoritarios del gobierno español.

Resulta evidente que a algunos sectores de Madrid se les pasa por la cabeza suspender la democracia en Cataluña de forma indefinida. El cambio forzado de sedes sociales instigado por el gobierno español tuvo la intención de aterrorizar a los catalanes para que se volvieran contra su propio gobierno a pesar de saber que no tendría ninguna consecuencia económica real. Con todo, el terrorismo mediático no fue suficiente para darle la vuelta a favor del unionismo, y el 21-D Puigdemont, a pesar de la persecución política de los medios españoles, se alzó como el líder de una nueva mayoría independentista.

No podemos olvidar que las semanas anteriores al 21-D estuvieron marcadas por el catastrofismo económico del discurso de Arrimadas o Iceta, bien acompañado por la prensa en una campaña que aún continúa como vimos con la portada de La Vanguardia del día 28 de Diciembre. En cambio, ningún político, tertuliano ni diario unionista ha rectificado para explicar claramente que en realidad la economía catalana ha crecido un 3,4%, por encima de la de España y de la media de la Eurozona (2,4%).

El unionismo tampoco explica que la producción industrial creció el último trimestre mucho más que la media española, ni que los puertos catalanes y el aeropuerto de BCN están en máximos históricos. Utilizan el oligopolio mediático controlado por Moncloa para seguir explicando que el proceso perjudica la economía utilizando la puntual caída del turismo. El cinismo es tan grande que obvian que si parte del turismo internacional se asustó, no fue por los independentistas, sino por la reacción violenta del Estado mediante los piolines.

El objetivo de esta campaña no es otro que desmoralizar a los catalanes, y que aceptemos que el 155 es por nuestro propio bien. "Soyez propres (**)" acepten el 155, nos dicen los "moderados" de turno. Da la sensación de que a muchos les gustaría que fuéramos alsaciana, que conserváramos apellidos y los nombres de las villas pero renunciáramos a la lengua y al poder político. Un toque folclórico dentro del mosaico español teledirigido por Madrid. Desgraciadamente para la Moncloa y para sus acólitos, los catalanes tenemos urnas, una mayoría parlamentaria y una investidura para resistir el autoritarismo del 155 el tiempo que sea necesario.

Por cierto, caminando caminando por el canal de Estrasburgo, después de las embajadas y las majestuosas casas, y una vez pasado el Parlamento Europeo, se llega al Tribunal Europeo de Derechos Humanos. Cuanto más resistamos en Cataluña, mejor nos centraremos.

(*) https://en.wikipedia.org/wiki/Strasbourg_Cathedral

(**) "Soyez propres, parlez français" ("Sed limpios, hablad francés")

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