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La crisis y la perplejidad de un profano PDF Imprimir E-mail
Josu Sorauren   

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Quizás, en última instancia, lo que entre otros objetivos espúreos pretenden, es mantener al sufrido contribuyente, perplejo, algo cabreado, pero bien domesticado.

Nos explicaban: La permisividad de la Reserva Federal de EU, permitió oleadas de liquidez, sin la vigilancia de las instituciones económicas. Se hicieron préstamos arriesgados que las autoridades dejaban pasar. Se desregularon los mercados –fundamentalismo de mercado lo llaman-, pensando que su propia dinámica los controlaría. Pérdida de confianza en los mercados financieros (lo que en román paladino calificaríamos de monumental choriceo de guante blanco). Los gobiernos no aprovecharon la bonanza, “las vacas gordas”, para ahorrar en previsión de lo que tantos analistas vaticinaban.

Y como un servidor, la parroquia cívica se preguntaba: Según esto van a ahorcar al mercado o si no, a quien diablos…

El caso de  “España va bien”, según Alfredo Jalife Rhane, articulista de la Jornada, se complica con la intrusión en la piel de toro del tóxico virus financiero anglosajón. Al parecer, “el Santander, banco de paja  de presunta propiedad de la familia Real británica y bajo hipotético control del insolvente Royal Bank of Scotland, se consagró alocadamente a la especulación de bienes raíces” Es decir, en breves palabras, que se habría cargado de hipotecas y créditos basura…

Sería una razón más que añadida al pobre tejido industrial, y a esa diabólica burbuja de la apuesta inmobiliaria, nos permitiría entender algo, a los que por ser legos en economía, no penetramos en la verdadera intríngulis.

En todo caso, ahí seguimos, en los mismos parámetros de perplejidad o de ignorancia. Y que conociendo la tela, ya no pedimos políticos clarividentes, sería inútil. Nos conformamos con que respeten nuestra estupidez –al parecer como estúpidos nos tratan-, y no embadurnen más nuestras humildes entendederas.

Los trajines de todo el politiquerío, su agobiante palabrerío, sus reiterativas monsergas vacías y sobre todo su incapacidad para arbitrar medidas esperanzadoras en situaciones comprometidas, descubren toda su desnudez. Y, salvo escasas y honrosas excepciones,  el ciudadano comprueba que no son más que unos botarates.

Y al mismo ciudadano que se pregunta por las causas de las crisis, le responden con evasivas o vaguedades crípticas. Y ve que al que  provoca tales crisis, se le reconforta con depósitos del erario público. Y como a los grandes timadores  se les permite recogerse silenciosamente en su retiro dorado, dejando a buen recaudo la plata en esos inaccesibles zulos, tan patrióticos..

De ahí la congoja del personal, porque las crisis las pagan siempre los que sólo han sabido o han podido vivir de su trabajo vendiéndose al mejor postor… Y ahí se queda, desarmado, corroído por el miedo y la incertidumbre, al pairo de lo que este sistema,  tan corrupto, tan criminal como neoliberal,  disponga.

Los sabios, que desde una postura crítica analizan o denuncian la situación, lo han dicho sin ambages: el sistema ha fracasado y los intentos que se están haciendo por reflotarlo son vanos. Vanos y ominosos, porque son precisamente los mismos agentes o funcionarios culpables de la crisis, los que tratan de recomponerla, aplicando los mismos conceptos que la generaron.

Y que el neoliberalismo –los ricos, la banca, la patronal, el PP o el PSOE- siempre aplica las mismas recetas. Flexibilización del empleo, despido libre, bajadas de sueldos, recortes de prestaciones sociales, “regulación” de pensiones, secuestro de los fondos de las pensiones de los pequeños ahorradores, con que amenazaba ese sibilino Sr. Campa –¡si será c…el granuja de él!- y medidas similares…

- Y ya nos tienen hartos -me comentaba un amiguete, currela en paro- por su insolidaridad, por su avaricia y egoísmo y porque todos ellos son unos sinvergüenzas. Y los partidos, todos, igual que ellos. ¿Por qué no hablan de la especulación financiera, del fraude fiscal, de la discriminación en el impuesto con las grandes fortunas, de los escandalosos sueldos de políticos, altos funcionarios o banqueros? Yo te lo voy a decir. Porque ya no existen partidos ni sindicatos –para eso los untan tanto- de izquierdas auténticos. Porque todos los políticos están conchavados con el capital. Ahí andan siempre, sobándole las posaderas…

El propio Krugman, que tanto se cita, aconseja la nacionalización de los bancos, como la mejor medida para salvar el sistema financiero. Se evitarían los regalos gigantescos que se otorgan a sus accionistas. Evidentemente, en el caso de que los accionistas no compren o chantajeen a los gobiernos.

Efectivamente, con estos presupuestos, la crisis se parcheará, pero no pasará mucho tiempo sin que estalle con más virulencia, o quizás como un insalvable cataclismo. Porque los bancos no ser arrepienten de sus fechorías especulativas y vuelven a la carga y porque la crisis es del sistema y el sistema es nefasto.

En otros términos más coloquiales, mi amigo, más crítico que el común de los mortales, tenía claro que la crisis no se arreglaría, hasta que sus agentes acepten nuevos códigos éticos y sociales. El día  que los gobernantes sean personas buenas y honestas, porque por ahora, más bien actúan como delincuentes…

Largo me lo fiáis…

El asunto es tremendamente grave, porque todas las energías y potencialidades de los actuales mandatarios se orientan exclusivamente a la restauración del sistema.

Un sistema inicuo que sobrevive, basándose  en el armamentismo con la consiguiente promoción de guerras y genocidios. Insostenible por el despilfarro energético, con la consiguiente devastación del planeta. Inhumano por las inmensas bolsas de miseria y pobreza que genera entre nuestros semejantes. Injusto e insolidario, porque permite a cuatro desalmados, manejar el 80% de los bienes y riquezas del planeta. Depravado porque extrae toda la riqueza de la explotación de los trabajadores e incluso de la esclavitud de grandes masas de seres humanos, convertidos en parias.

Foros como los de Porto Alegre, Davos etc… nos indican el camino que los hombres de bien, han de transitar, para enfrentarse a estos sátrapas arrogantes, tan malignos como endiosados. No hay otra alternativa, para frenar este marchamo inmoral, tan criminal como insostenible, que los dueños del sistema nos imponen, que el rearme moral, crítico y solidario de las masas trabajadoras. Se llama insurgencia. Pues bienvenida sea tal insurgencia.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua



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