Inicio

Contra cierzo y bochorno, erriberrin hamaika PDF Imprimir E-mail
Luis Miguel Escudero   

Tags: Luis Miguel Escudero


El euskera tiene en Olite/Erriberri grandes amigos, más de los que creen sus poderosos adversarios, cuando no enemigos, que intentan castrar últimamente la denominación bilingüe de una de las más espléndidas cortes del antiguo y soberano reino navarro. Gracias a la Ikastola Garcés de los Fayos nunca ha habido, desde hace siglos, tantos muetes euskaldunes, que llenan hoy un autobús para ir todos los días a clase. Hay, pues, relevo e idioma para rato.

Ya lo vieron así los padres Franciscanos de Olite cuando hace más de cuarenta años donaron a la incipiente ikastola los primeros pupitres que procedían de la desaparecida escuela franciscana de Erriberri.

Los frailes, instalados en la localidad desde la Edad Media, también descubrieron que el idioma no era ajeno a los parroquianos. Que en el castellano rudo de los del pueblo permanecían giros y palabras que denotaban que no hace tanto las gentes del terruño fueron bilingües.

En Olite/Erriberri pervive hoy, si la televisión e internet no lo mata, un rico vocabulario propio que demuestra que el euskera era habitual y no importado. Son archiconocidas las voces de raíz vasca que, también en otros pueblos de la Merindad, se utilizan. De aguatxirri a arañón, de baldarra a hondalan, kaparra, kazkarria, ñiki-ñaka, potxolo, tabarra, txandrio, txirrintxa, txotxolo, zaborra, zakuto ...

Además, y puede ser más interesante, el castellano local está contaminado de expresiones que son calco semántico de imágenes en euskera como ocurre, por ejemplo, cuando se usan en Olite “burro” para llamar al caballete de una mesa, ponerse “ciego” por gustarle algo en demasía, palabras como “mozo-viejo”, “moza-vieja”, “vena” por raíz o “viento negro” para designar el aire que sopla desde la ermita de Santa Brígida.

Por no entrar en la persistencia, durante siglos, de apellidos netamente euskaldunes que se mantienen vivos. Un censo fiscal de 1244 que atesora el archivo municipal, una rareza por su detalle en la Europa de la época, revela la construcción de apellidos en base a apodos y manifiesta, sin duda, la realidad bilingüe de la localidad.

Una pequeña muestra son, por ejemplo, los apellidos relacionados con colores: Aparicio Beltza (negro), Arzeiz Uelça (negro), Domingo Gorria (rojo), Pedro Ordiña (urdina: gris, cano), Domingo Zuria (blanco), Domenga Buruzuri (canoso) y Sancho Zuriko (pálido). Además, aparecen otros unidos a vínculos familiares: Per Anaia (hermano), Aytayona (aita jauna o aitona, señor padre o abuelo) o Garcia Nagusia (el mayor), así como apellidos de condición social: Salbador Zaldunno (caballero). Y también a cualidades físicas: Domingo Andia (el grande), Petra Andino, Domingo Arralla (arrala, sabañón), Domingo Borro (carnero de un año), Salvador Ederra (bello, hermoso), Enneco Ezkerra, Ezkerro (zurdo, cacho), Paule Motzezkerra, Gastea (gaztea, joven) ...

Son interesantes otros ejemplos que ha descubierto últimamente la historia. Y habría más si se hubiera podido profundizar, tarea que no se agota y que de vez en cuando dejar ver alguna perla. Una de las más bonitas es el hallazgo de un documento de1574 que sanciona al vecino Beltrán Gárriz por pregonar en euskera un bando para vender una mula en mitad de la Plaza del pueblo sin contar con autorización municipal.

El notario Sebastián Marzán dejó constancia escrita no solo de que el pregón se hizo “en bascuence”, sino que, además, dio relevancia a que se propaló en la Plaza principal, de lo que se desprende que el idioma era entendido por el vecindario.

Pocos años antes, casi a la vez que el navarro Etxepare escribía el primer libro en euskera y la reina Juana de Navarra ordenaba a Leizarraga traducir la Biblia al vascuence, Esteban de Garibay (1533-99), cronista del rey Felipe II, recoge en letra de imprenta el topónimo euskaro de la ciudad del castillo: “Esta villa de Olite en la lengua cántabra, que era la misma que estos vascones hablaban, es aún hoy día llamada Erriuerri, que significa tierra nueva, como lo era ésta por ellos edificada ... ".

Todavía trescientos años después, otro hallazgo reciente informa de que a principios del siglo XIX un vecino de Olite decía que hablaba en euskera de niño. Este hecho se publicó en 1875 en el libro “La Lengua Vasca. Su origen y repartición”, del científico francés Paul Pierre Broca (1824-1880).

“Un navarro de Olite afirmaba que hablaba en vasco con sus amigos de infancia. Este hecho se publicó en 1857 pero se remontaba a unos 35 o 40 años. Por lo tanto no hace ni 60 años que se dejó de hablar vasco en Olite”, recalca el también antropólogo en su estudio.

Erriberri, el nombre vasco de Olite que la Diputación Foral de Navarra se encargó de dejar escrito en los mosaicos que desde hace 90 años lucen en los accesos al pueblo, ha sido aceptado por la generalidad de los habitantes, que han bautizado con él desde el equipo de fútbol al club de jubilados.

El reputado antropólogo Julio Caro Baroja hizo, incluso, una interpretación comarcal del nombre. El sabio de Bera escribió que por Olite pasaba la línea divisoria entre el saltus y el ager vascón: “Olite tiene un nombre muy significativo en vasco, recogido por varios historiadores, aunque no del todo bien interpretado. En efecto, Olite se llamó también Erriberri es decir tierra nueva ...”.

El sabio José Mª Jimeno Jurío, en sus afán por trillar los viejos nombres del terruño, nos regaló topónimos tan bonitos como Tafallamendi, Araiz, Txibiri, Mendiondoan, Saso, Sarda o Karracabra, y otros de difícil indagación en un término en el que se solaparon conflictos de corralizas y compraventa de fincas a gentes ajenas que rebautizaron sus fincas.

Borrones que difuminaron raíces profundas de un pueblo en el cual, con investigación concienzuda, todavía se puede encontrar toponimia vasca fresca como el “Dorreondoa” que últimamente ha hallado el también artajonés Fernando Maiora al espigar protocolos notariales de la zona.

En fin, que el euskera no ha sido ajeno al devenir de la ciudad del castillo ni antes ni ahora. Y que, como recordaba el desaparecido Jesús Goñi, refundador y presidente del club de fútbol Erri-Berri, el antiguo equipo del “Acero” varió en 1928 su nombre por el actual euskaldun para darle un sentido, precisamente, más navarro.

Un Goñi que en 1945 llevó a sus jugadores al primer puesto del campeonato regional, motivo por el que editó un periódico, el “¡Aupa Erri-Berri!”, en el que con naturalidad, en pleno Franquismo, explicó a sus paisanos el nombre de su equipo y de su pueblo: “Erri-Berri es una palabra netamente vasca y quiere decir en castellano pueblo nuevo. Proviene de la contracción erria (pueblo) y berria (nuevo). El nombre de nuestro equipo de fútbol, por lo tanto, es una adaptación de pueblo ya que Olite, cuando antiguamente en Navarra se hablaba vasco, se llamaba de aquella manera".

 

http://gerindabaibi.blogspot.com/2011/10/contra-cierzo-y-bochorno-erriberrin.html