Inicio Egunekoa Recuperación de la ripa de Beloso: una antigua tejería

Recuperación de la ripa de Beloso: una antigua tejería PDF Imprimir E-mail
Víctor Manuel Egia Astibia   
Miércoles, 01 de Marzo de 2017 21:58

Leo en la prensa local la noticia de la recuperación de la ripa de Beloso, tras el derribo de la casa “colgante” de Villa Ceres, y la actuación en la orilla del río Arga para crear una zona de humedal que mejoraría el hábitat del río, su fauna y su flora de ribera. Nada que objetar, incluso aplaudir, la actuación promovida por nuestro consistorio, simplemente una aclaración y un poco de historia. El lugar está muy cerca de la pasarela metálica que atraviesa el cauce del río, para dar continuidad a un camino, ahora hormigonado, que asciende en zigzag hasta alcanzar la zona alta de Beloso junto al pequeño edificio que fue de arbitrios municipales, hoy gasolinera. Si nos asomamos desde ese lugar, además de las fértiles huertas y el meandro del río, llamado popularmente el recodo, se observa la llanada. Dice la información que, en ese lugar, hubo una granja hasta finales del siglo XX. Aclarar que, invadidos y ocultos por la vegetación, aún se conservan allí algunos restos de lo que fue una tejería. La pequeña instalación, para fabricar tejas y ladrillos, está debidamente señalizada en los planos de Iruñea de los años 1756, 1869 y 1882, como tejar. En alguna antigua fotografía de principios de siglo XX también se observan parte de sus edificios.

Es precisamente en mayo de 1882 cuando tenemos la primera noticia de cómo el Ayuntamiento de Iruñea concede permiso a don Juan Etchegoyen para extraer leña del río para su tejería de Beloso. Es bien conocido y documentado que en aquellos años se bajaba leña suelta, por flotación, desde las cabeceras de los ríos Arga y Ultzama para cubrir las necesidades de la ciudad, cuyos bosques de cercanías ya estaban bien esquilmados. Se informa que en la tejería se realizaban ladrillos tanto macizos como huecos a un precio de 50 pesetas el millar, cinco pesetas más si debían llevarse al punto necesario de uso.

Como se puede suponer si se conoce un poco la zona, entonces sin pasarela, para trasladar el producto hasta la ciudad debía recorrerse la orilla izquierda del río hasta Burlada y luego ascender por el camino de Francia, hoy cuesta de Beloso, hasta alcanzar la meseta pamplonesa. Además, un estrecho camino discurría en elevada pendiente por aproximadamente el mismo recorrido que el actual hasta la ripa. En el pleno municipal del 22 de noviembre de 1890 se le concedió autorización al titular para instalar un “ferrocarril aéreo”, cuyos carrillos pudieran ascender con facilidad los ladrillos hasta la zona alta, con el correspondiente ahorro de energía y coste. Apenas transcurrido un mes de haber instalado el cable teleférico ocurrió un desgraciado accidente. El hijo del dueño de la tejería, Justo Etchegoyen, fue golpeado por un cajón lleno de ladrillos al romperse una pieza del engranaje del sistema. El tremendo impacto le produjo la muerte instantánea con el cráneo destrozado. No tengo noticias de si el cable fue reparado pero es probable que el episodio marcara un antes y un después en la actividad de la tejería. Don Juan Etchegoyen y Zaragoiti falleció en 1910, sucediéndole en la dirección de la tejería su hijo Norberto.

Pero los hornos de la tejería no sólo se utilizaron para cocer ladrillos y tejas. La instalación se utilizó eventualmente para que los campaneros Nicomedes Haro, su hijo Constantino y Teodoro Sierra fundieran campanas en sus hornos. En concreto, en 1886 se fundió en dicha tejería la campana de la iglesia de San Lorenzo de Pamplona, en 1899 la de la iglesia de San Agustín y en 1900 la de la parroquia de Ibero. La citada familia de campaneros se desplazaba de un lugar a otro en su labor artesanal, fundiendo también campanas en Agoitz, Ilunberri o San Martin de Unx.

A partir de 1923 la instalación se dedicó a fabricar azulejos bajo el nombre de Fábrica de azulejos San Julián y Cenzano permaneciendo activa hasta mitades de los años ochenta.

Sirva esta información, pues, de simple aclaración. Quizás pudiera conservarse, debidamente señalizado, algún pequeño resto de aquella antigua instalación manufacturera de Pamplona.

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