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Catalina de Foix, Reina de Navarra (1470-1517) PDF Imprimir E-mail
Álvaro Adot   

Este año se cumple el 500 aniversario del fallecimiento de Catalina de Foix, reina de Navarra durante la invasión castellana, pero poco conocida por parte de nuestra sociedad cuando fue una monarca avanzada e integradora

Este 2017 se cumple el 500 aniversario del fallecimiento de Catalina de Foix, reina natural de Navarra, desconocida o poco conocida por parte de nuestra sociedad. El hecho de enfrentarse al todopoderoso Fernando el Católico, y ser derrotada, tuvo como efecto que desde el siglo XVI su figura haya sido olvidada, como tantas otras en nuestra historia, y resulta curioso que en el presente se conozca mejor a Fernando de Trastámara, el Católico, rey anómalo que gobernó Navarra por derecho de conquista, que a aquella mujer, reina natural del reino, objeto de este artículo.

Como sucedió en las monarquías de otros nacientes Estados modernos del Renacimiento europeo de fines del siglo XV y comienzos del XVI, Catalina (nacida en 1470 y fallecida en 1517) impulsó en Navarra importantes cambios en los ámbitos político, social, institucional y económico. Al iniciar su reinado en 1483 heredó una situación desastrosa en muchos aspectos, fruto de la inestabilidad existente. Sin embargo, en sus más de 30 años de reinado, consiguió la pacificación del reino y dio fin a las guerras civiles que habían devastado Navarra desde mediados del siglo XV.

El propio Fernando el Católico reconoció en 1512 la existencia de una paz interna en Navarra en fechas previas a la conquista, en una carta enviada a Diego de Deza, arzobispo de Sevilla y uno de sus escasos hombres de confianza, transcrita por el cronista Andrés Bernáldez (capellán de dicho arzobispo), en la que exponía literalmente que los reyes de Navarra (Catalina de Foix y Juan de Albret) “tenían en paz y obediencia el dicho su reino”. Curiosamente, las palabras del Católico ponen a los pies de los caballos los argumentos escritos a posteriori, una vez culminada con éxito la conquista de Navarra, por los cronistas al servicio de la monarquía hispánica, relativos a la existencia de una guerra civil y un caos político y social en Navarra, que el monarca aragonés venía a poner fin. Ideas que siguen repitiéndose hoy en los ámbitos educativos de Navarra, y que en buena medida resultan incongruentes y absurdas teniendo en cuenta, entre otras razones, que están desmentidas por el propio monarca invasor en 1512.

Y es que Fernando el Católico, bien informado como estaba, sabía de las reformas emprendidas por Catalina de Foix en Navarra, que conllevaron para el reino una situación de normalidad política, es decir, de esa paz de la que el Católico hablaba a Diego de Deza. Entre los logros más notables del reinado de Catalina, destacan los siguientes:

Un reino pacificado, sin guerra civil antes de la conquista

En primer término, destaca el año clave de 1494, con el último episodio de guerra civil generalizada en el reino, que concluyó con la anulación del sector liderado por Luis de Beaumont, cuando buena parte de sus seguidores aceptaron el perdón de su reina (asunto que estudié entre otros estudios, en Juan de Albret y Catalina de Foix o la defensa del Estado Navarro). Hecho que se confirma en el escaso apoyo de navarros a Luis de Beumont, conde de Lerín, cuando se sublevó en 1507, recurriendo a la ayuda de numerosa “gente extranjera” (en alusión a castellanos; la administración navarra de la época así denominaba a las personas de territorios ajenos a Navarra). Este dato viene recogido en documentación original de la época como la concesión de Catalina de Foix a dos notables feudos beamonteses, Larraga y Lerín, de la condición de buenasvillas con asiento en Cortes Generales de Navarra, como premio a los vecinos de ambas por su oposición contra el conde y sus partidarios que les habían ocasionado “muchos daños y trabajos en sus personas y bienes”. La escasez de apoyos al conde conllevó para el rey Fernando la pérdida de su quinta columna en Navarra, y, según afirmó José María Lacarra, a partir de ese año el aragonés tuvo en su ánimo hacerse con Navarra. Por otra parte, Luis Suárez Fernández, especialista en Fernando el Católico y cuya tendencia de opinión es divergente a la de Lacarra en diversos aspectos, también afirmó que “al menos desde 1509” la documentación da señales del interés de dicho rey por apoderarse de Navarra, “al menos como un recurso extremo”.

reformas en las instituciones Catalina impulsó importantes reformas institucionales, fruto de un ideario político: la formación de un Estado acorde a las necesidades de una nueva época emergente, tanto en Navarra como en otros territorios europeos. El caso de mayor notoriedad fue la reforma del Consejo Real, cuyo organigrama interno y atribuciones varió notablemente en muchos aspectos respecto del modelo existente durante la Edad Media, estableciéndose un pequeño Consejo de carácter permanente, denominado “Consejo ordinario”, más eficiente, práctico y técnico (formado eminentemente por juristas), que fue sustituyendo progresivamente al amplio Consejo real de época medieval, ya obsoleto. Digamos de paso que este es uno de los temas objeto de estudio del actual proyecto de investigación ACRONAVARRE (actas de los reyes de Navarra), financiado por la Agencia Nacional de Investigación de Francia.

fijar las bases para erradicar una crisis económica heredada La paz y la implantación de reformas en las administraciones facilitaron el impulso de una serie de medidas orientadas a reactivar la economía. No olvidemos que Catalina heredó una Navarra en plena crisis económica, arrastrada desde mediados del siglo XV. Las fuentes documentales demuestran que para erradicar tal situación los reyes de Navarra incentivaron la economía de las localidades, con la confirmación y/o concesión de ferias a muchas villas. Con similar objetivo perdonaron el pago íntegro o parcial de impuestos a un buen número de personas y localidades. Esta política se realizó en otros territorios europeos de la época, como Francia, en donde Luis XII redujo a sus súbditos el pago de impuestos, medida por la que fue conocido ya por aquel entonces como “el padre del pueblo”.

Navarra: reino europeo que desplegó una diplomacia moderna

Como acertadamente expuso Miguel Ángel Ochoa Brun, “en torno a 1500, la diplomacia se convierte en un formidable instrumento del Estado moderno”. Al igual que en los territorios vecinos de la época, en la Navarra de Catalina de Foix nació una diplomacia moderna, mediante la figura de los embajadores “permanentes” o “residentes” durante largos períodos (incluso años) en las cortes europeas. Este es un dato que distingue el inicio de la Edad Moderna de la época medieval, en la que solo existían embajadores “especiales”, ad hoc, que eran enviados para realizar una tarea concreta y una vez terminada, generalmente en poco tiempo, volvían a sus territorios de origen. En Embajadores navarros en Europa. Orígenes de la diplomacia moderna navarra, detallo el significado caso del navarro Salvador de Berrio, embajador “residente” o “permanente” en las cortes del emperador Maximiliano de Austria y de su hija Margarita durante años, a partir de 1507. Al respecto, recordar que a diferencia de la reina Catalina, Fernando el Católico no nombró a navarros para ejercer como embajadores en las cortes europeas de la época.

Navarra, centro político y personal de primera importancia

Es importante desmentir la creencia, fruto de mitos heredados y mantenidos interesadamente que han llevado a la realización de “historias” románticas, de que los reyes Catalina y Juan tuvieron un total desinterés personal y político hacia Navarra, al carecer de importancia porque no les aportaba mucho dinero. Pero la realidad fue la contraria, porque, en primer término, era el territorio que les daba el status social más alto, el de soberanos de un reino. Sin olvidar que a partir de 1494, fecha de su coronación, residieron la mayor parte del tiempo en Navarra. Del mismo modo, se gestó lo que podemos denominar una “plena dinastía navarra”, al nacer y ser criados la mayor parte de sus hijos e hijas en el reino y no en otros territorios de los muchos que poseían al norte de los Pirineos. Y si esta dinastía navarra no se prolongó en la Alta Navarra no fue por un desinterés hacia el reino sino por la invasión y conquista del reino iniciada por Fernando el Católico en 1512. No olvidemos, dentro del ámbito del interés personal, que la reina (que, por cierto, desde niña firmó de su propia mano la mayor parte de la documentación con el nombre de Catalina, y no como Catherine) explicitó en su testamento que sus restos descansasen en la capital del reino y no en otra de las muchas localidades del amplio conjunto de sus territorios pirenaicos, lo que evidentemente fue una declaración de intereses personales.

breve conclusión

Recordemos que Catalina de Foix consiguió transformar la Navarra en guerra civil y en desorden político que encontró al inicio de su reinado, en un reino en paz y normalización política, como reconocía Fernando el Católico en el momento de iniciarse la invasión armada de Navarra, en el verano de 1512.

El autor es Historiador. Université de Pau et des pays de l’Adour / Casa de Velázquez