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Solidaridad con Oriol Junqueras PDF Imprimir E-mail
Patxi Zabaleta   
Miércoles, 31 de Enero de 2018 19:28

Oriol, querido amigo:

¡Cómo van cambiando las cosas y tú en prisión por tu actividad política! Es una ocasión tan buena como cualquier otra para expresarte solidaridad, a ti y a los demás presos políticos, catalanes y no catalanes. Los presos políticos constituís el termómetro de la democracia, porque sois siempre y en todas partes la prueba emblemática de la verdad democrática. Ningún régimen político reconoce nunca la naturaleza política de la oposición radical a su régimen; ni Franco, ni Idi Amín, ni Erdogan, ni Rajoy... Los llaman malhechores, terroristas o rebeldes y da igual que sea la entrañable nación kurda, emblema del máximo servicio a la humanidad y al resto de los pueblos árabes en la decisoria resistencia contra el sectarismo religioso del Califato, que desgraciadamente no será el último. Tampoco les importa, al parecer, que la gran nación catalana sea parte esencial e imprescindible de una Europa, que quisiéramos libre, solidaria y valiente.

Me ha parecido una idea preciosa tu intención de hablar o, al menos saludar, a cada compañero preso en su propia lengua. La prisión de Estremera, al igual que la de Soto del Real, es hoy día un reflejo de la plurinacionalidad inherente a las sociedades modernas. El futuro acentuará esta plurinacionalidad, en que se deberán desarrollar los pueblos. 'Me gustaría hablar o al menos saludar a cada preso en su propia lengua' es una frase que no se había escuchado y que constituye la expresión del máximo grado de respeto posible hacia quienes ahora son tus compañeros.

Tengo la seguridad de que tus manos están limpias, Oriol. La acusación de rebelión y sedición, que os han formulado y por la que os tienen presos, no sólo constituye un disparate jurídico, sino que atenta contra el sentido común e incluso es ridícula. Dramática o trágica; pero ridícula.

Los delitos de rebelión constituyen una figura delictiva y tienen unos requisitos o tipos penales, que no se pueden cometer de otra manera que con las armas. Rebelarse es sublevarse. Rebelión y sedición cometen los que se sublevan con las armas en la mano; aquí y en todas partes; ahora y siempre. No puede cometer rebelión quien lucha exclusivamente con medios democráticos, mediante exclusivamente de la palabra y de las ideas, como es tu caso. Acusaros de rebelión no sería nada más que un sarcasmo sin sentido común, si no fuera un drama político. En el fondo, es una acusación ridícula, porque atenta contra el sentido común. Igual que eran trágicamente ridículas todas aquellas sentencias franquistas de los años cuarenta, que condenaban a muerte o a cadena perpetua o a treinta años de cárcel a los republicanos por el delito de adhesión a la rebelión'. Me refiero a estas sentencias, que el centralismo actual -y de siempre- todavía no quiere declarar nulas de pleno derecho.

Quiero evocar brevemente en esta carta de solidaridad -que procuraré publicar en las lenguas vasca, catalana y castellana- las dos ocasiones en que tuve el honor de compartir contigo micrófono y atril. Una fue un mitin de final de campaña en Girona antes de que ERC se convirtiera en la segunda fuerza de Cataluña, superando al PSC. La otra ocasión fue en el Parlamento Europeo de Bruselas en un acto promovido por el diputado Inaki Irazabalbeitia, que te había sucedido en el escaño europeo. En el segundo de aquellos actos expuse la idea de que la independencia catalana (al igual que la vasca) no perjudicará, sino que beneficiará a las clases trabajadoras y populares del Estado.

Efectivamente, así como el argumentario unionista va cambiando, también los argumentos independentistas deben actualizarse. En el campo unionista se ha pasado desde imputaciones como las de racismo xenófobo, de insolidaridad egoísta, de identitarismo excluyente, de falsificación historicista o incluso de esperpéntica imposición lingüística de la lengua minorizada a imputaciones que aducen justamente el contrario: ahora hablan de la inviabilidad económica de Cataluña, vaticinan su expulsión de Europa, han organizado la salida de las empresas y, sobre todo, tratan de equiparar convivencia y unionismo, como si no fuera posible la convivencia en la hipótesis de la independencia.

La dialéctica política hace también imprescindible que se actualice el argumentario independentista. La confrontación dialéctica debe permitir exponer y demostrar que la convivencia, por ejemplo, en los países independizados de Europa se mantiene perfectamente, que la viabilidad económica en Europa es general y, sobre todo, que las clases trabajadoras y populares y en general la gente no saldría perjudicada con la independencia catalana o vasca.

España es un imperio residual y si alguna expresión del subconsciente colectivo expresa bien esta realidad es aquella frase que 'más se perdió en la guerra de Cuba'. Pero lo cierto es que la pérdida del imperio no perjudicó a las clases trabajadoras y populares de Andalucía y Castilla, sino a la nobleza y a la aristocracia.... Por eso vale más que mil discursos tu frase de que te gustaría hablar a cada preso/a de la prisión de Estremera en su propia lengua o el gesto de un perseguido por la justicia, a quien apodan de prófugo, bese la bandera española en Copenhague. El imperio se perdió en Madrid; no en las guerras coloniales.

La militarización y judicialización de los problemas políticos no hace sino agravarlos. Aquí y en Moscú. La cuestión catalana, que nos afecta y nos incumbe a todos, no tiene otra solución que la política y todos los atajos son agravaciones. Aunque el centralismo celtibérico y carpetovetónico no sea capaz todavía de anular las sentencias de los tribunales franquistas, sus sentencias ya han caído en el descrédito y en el ridículo. Rebelión es lo que hicieron Sanjurjo, Mola, Franco y compañía. Tú siempre has defendido las urnas y tienes las manos limpias.

No parece que tengas un camino fácil, a corto plazo, Oriol. Las huestes del centralismo están muy alteradas, pero tú tienes visión histórica de la vida y conoces bien la historia vasca y la comparación con la catalana. Y sabes que quienes aniquilaron los fueros vasco-navarros por la fuerza en el siglo XIX son los mismos que luego los alabaron y persiguieron a los estatutos y son los mismos que ahora ensalzan los estatutos y persiguen el derecho de decidir, que los más inteligentes de ellos ya reconocen que tendrán que acabar aceptando. Es la historia, imbéciles.

No parece que tengas un camino fácil, a corto plazo, Oriol. Recuerdo y admiro la gran nación europea que es Cataluña. Solidaridad, amigo Oriol.

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