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¿Desde cuándo podemos hablar de España? PDF Imprimir E-mail
Alots Gezuraga   
Miércoles, 07 de Febrero de 2018 19:27
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Se acepta comúnmente como génesis de España el matrimonio entre Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón, ambos de la familia Trastámara (borgoña francesa) y conocidos como “los Reyes Católicos”. Pero Hispania o España no era entonces más que un accidente geográfico o península.

Tras la muerte de Isabel en el año 1504, ambas coronas no llegaron a unirse en el efímero reinado de su hija Juana “La Loca”, pues ésta sólo reinó en Castilla y estaba bajo la regencia de su padre Fernando que la recluyó por demente en Tordesillas. Fernando II de Aragón apodado “El Falsario”, siguió con la conquista de Nabarra en 1512 tras casarse en segundas nupcias con la hermana del rey de Nabarra Germana de Foix, pero con la que no pudo tener descendencia. Su idea era desgajar de nuevo la corona aragonesa y castellana, llevándose Nabarra de Castilla, donde había quedado encajada al ser conquistada, a su reino de Aragón.

En contra de la voluntad de los propios Reyes Católicos, la unión de las coronas castellano-aragonesa se consolidó gracias al empuje militar y sobre todo religioso de su nieto, el emperador franco Carlos V de la familia de los Habsburgo. Los Habsburgo o Casa Austria, terminaron coronando un Imperio con 17 Estados y condados  “donde no se ponía el sol”, pero donde cada cual tenía sus instituciones, leyes o Fueros, Cortes y Parlamentos, por lo que era la unión de diferentes reinos en un mismo Emperador, hecho muy frecuente en toda la Edad Media y Edad Moderna europea. Carlos V de Alemania será, Carlos I de Castilla, de Aragón, de León, de las dos Sicilias, de Nápoles etc., pero no fue rey de una inexistente España, ningún Habsburgo tuvo el título de rey de España. La unión dinástica no supuso la creación espontánea de la nación española y ni tan siquiera de España o del Estado español. Es más, aunque intentó titularse Carlos VI de Nabarra, este título era de los Albret o Labrit que siguieron reinando tras liberar una parte de Nabarra desde 1530.

La corona de los Habsburgo, en su parte hispana, pasó a los Borbones a principios del siglo XVIII con el francés Philippe V de Anjou, que tampoco será “rey de España”. Una sentencia del Tribunal Supremo español de diciembre de 2017 sobre el marquesado de Orya (perteneciente al reino de Sicilia de la Corona aragonesa), señala que: “A los títulos nobiliarios concedidos por la Corona de Aragón no les es de aplicación la legislación castellana” y añade que la firma del Duque de Anjou nunca incluyó la palabra “España”, que tampoco figuró nunca en las rúbricas de los reyes de la casa de Austria ni tampoco en las de los Reyes Católicos.

El tránsito del Antiguo Régimen absolutista al Nuevo Régimen se hizo en Las Españas como se llamaban, entre los siglos XIX-XX, impulsado por el nacimiento del nacionalismo español, el cual surge de la reacción de los ciudadanos de las coronas castellano-aragonesa ante la invasión francesa. La ocupación de las Españas fue un paseo militar para las tropas francesas gracias a la deserción de los reyes españoles (Carlos IV y su hijo Fernando VII), así como de su nefasto primer ministro Godoy. Los Borbones renunciaron a ser reyes o condes de los reinos de Las Españas ante el emperador de Francia Napoleón I Bonaparte a cambio de tierras y castillos, muchos nobles españoles colaboraron abiertamente con los franceses en mucho mayor número del que a la historiografía española le gusta confesar y con cuyas ideas simpatizaban, entre ellos el ilustre pintor Francisco de Goya.

La primera Constitución que ha tenido España fue en 1808 y será conocida como la "Constitución de Bayona", impuesta por los franceses pero con el beneplácito de los notables españoles que acudieron a su promulgación a la capital de Lapurdi. Ésta primera Constitución marcó las bases del Estado español actual, ya que proclamó una única Corte o gobierno para todas Las Españas que legislaba igual para todas ellas, estableció para ello un sistema bicameral como el actual (con Senado de Infantes y Asamblea Legislativa de 172 diputados), dividió la península en las provincias actuales por primera vez y para su mejor gobernación, e incluso el  modelo político era una monarquía parlamentaria como la actual. El francés Joseph I Bonaparte sería el jefe de Estado con el título de rey de “las Españas” (sic). Por todo ello se puede decir que la Constitución de Bayona marcó en España el modelo político a seguir en los siguientes dos siglos y la creación del primer Estado de “Las Españas”.

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Desde una Cádiz sitiada por las tropas napoleónicas y por tanto con aplicación en un territorio mínimo, otras Cortes y otros diputados españoles promulgaron la segunda Constitución Española en el año 1812, cuya principal diferencia formal con la de Bayona era la primera definición de “la Nación española”:

“Don Fernando VII, por la gracia de Dios y la Constitución de la Monarquía española, Rey de las Españas (sic):

Art. 1º. - La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios.

Art. 2º. - La Nación española es libre e independiente, y no es ni puede ser patrimonio de ninguna familia ni persona”.

De estos dos primeros artículos se desprende que la nación española hasta entonces no existía, incluso en la Constitución de Bayona se habla claramente de pueblos, tal como decía Jose I: “base del pacto que une a nuestros pueblos con Nos, y a Nos con nuestros pueblos”. Que la nación española ha menguado de forma considerable hasta quedarse en una parte muy reducida de ésta su primera definición. Que “las Españas” era hasta entonces y simplemente: el patrimonio de sus reyes Borbones.

El Art. 3º añadía que: “La soberanía reside esencialmente en la Nación, y por lo mismo pertenece a ésta exclusivamente el derecho de establecer sus leyes fundamentales”. En realidad menos del 1% de los hombres poseedores de grandes riquezas eran los que podían votar como se explicaba más adelante: “Art. 92. Se requiere, además para ser elegido Diputado de Cortes, tener una renta anual proporcionada, procedente de bienes propios”. Pero el del Título IV de la Constitución de Cádiz aclaraba que el único soberano era el rey, el cual se reservaba mediante diferentes artículos los tres poderes (el ejecutivo-militar, el legislativo y el judicial), por lo que en realidad él seguía siendo el único soberano e intocable: “La persona del Rey es sagrada e inviolable, y no está sujeta a responsabilidad”. Son artículos similares en el fondo a la Constitución española actual donde sigue sin haber división de poderes y el rey es intocable.

En esta Constitución de 1812 están también presente otros elementos del nacionalismo español como en el Art. 12: “La religión de la Nación española es y será perpetuamente la católica, apostólica, romana, única verdadera”. La Constitución de Cádiz era más retrógrada que la primera de Bayona, así en el Capítulo II se consagra el esclavismo de cientos de miles de africanos que había en Las Españas, de los cuales sólo eran españoles: “Los libertos desde que adquieran la libertad en las Españas”.

Por tanto, la Constitución de 1812 marca la ideología y el comienzo del nacionalismo español, es conocida como la “Pepa” por ser promulgada el día de San José. Esta segunda Constitución nunca llegó a entrar en vigor en todo el territorio y fue derogada el 4 de mayo del 1814, al preferir la nación española el absolutismo y al traidor Fernando de Bourbón VII.

La misma Constitución gaditana se intentó implantar en el “Trienio Liberal” entre 1820 a 1823, tras un golpe de Estado con los soldados que embarcaban en Sevilla hacia las colonias americanas. El primer intento de implantar una monarquía constitucional fue abortado por los 100.000 hijos de San Luis, nuevas tropas francesas que tomaron otra vez Las Españas esta vez para imponer el absolutismo, esta vez ante la pasividad de la población española. Fernando VII persiguió con saña a los liberales creando para ello una “Policía” que será el antecedente de la Policía Nacional.

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Tras la muerte de Fernando VII en 1833, los dos bandos se enfrentaron tras las primeras elecciones que tuvieron lugar en 1834, cuando ya no estaba en vigor la Constitución Cádiz sino el Estatuto Real, y donde sólo el 0,15% de los hombres más poderosos podían votar. La hija de Fernando VII reinó como Isabel II y se alió con los generales del bando liberal, debido sobre todo a que los absolutistas preferían un rey, a su tío Carlos V. La bandera de la armada española creada en 1785 fue convertida por Isabel II en la primera bandera nacional de España en 1834, pero donde todavía figuraban los Estados de Castilla y León, no así Aragón.

El modelo de una Monarquía Constitucional totalmente centralizada triunfó, pero para imponer la uniformización de todos los Estados, diferentes generales tuvieron que ganar varias guerras internas y muchas más revueltas donde que casi logaron barrer la resistencia al nuevo Estado-nación durante los siglos XIX-XX (generales Espartero, Prim, O´Donnell, Narváez, Primo de Rivera o Francisco Franco entre otros muchos). En esos siglos, una plutocracia y sobre todo los militares, desplazaron del poder a la obsoleta aristocracia y a la corona que pasó a ser un elemento decorativo, pero además se deshicieron de cualquier atisbo democrático tras una brutal limpieza ideológica y también física.

Hablamos, claro está, de las diferentes Guerras Carlistas, golpes de Estado y varias dictaduras donde el nuevo poder buscaba y consiguió finalmente la centralización total de lo que quedaba de todos los reinos o Estados de la corona de Las Españas para su mayor control, destruyendo para ello sus estructuras administrativas, ejecutivas y judiciales anteriores (sistemas forales totalmente autónomos), con la sola intención de explotar mejor el territorio y los recursos en su beneficio personal.  El gran teórico de la democracia y la división de los poderes, el gascón Montesquieu (siglo XVIII), los bautizó como “dictaduras asamblearias”.

El nacionalismo español aplicó el rodillo centralista y uniformizador incluso con más fuerza que la monarquía absolutista, buscando que España no fuera más que un Madrid centrifugado (definición del filósofo Ortega y Gasset), imitando el proceso emprendido en Francia tras su Revolución burguesa, modelo totalitario que facilitaría al Gobierno la explotación exclusiva del Estado al hacer creer al Pueblo que “el Estado es la nación” y hacerles pensar que lo que beneficia a los que gobiernan España (Estado) beneficia a todos los españoles, lo cual dista mucho de la realidad (sólo hay que ver el grado de corrupción histórico y actual de España).

Lo explicaba así el filósofo y político vasco Joseba Ariznabarreta en el libro “Pueblo y Poder”: “El Estado español ha ido eliminando paulatinamente a lo largo de la historia las resistencias de toda índole con las que se ha ido topando y que han hecho frente a sus pretensiones de detentar el poder en exclusiva. (…) había que agrandar el núcleo inicial sometiendo al resto de los Pueblos peninsulares sobre los que la monarquía había conseguido imponer su cetro y su legión de alcabaleros para crear desde arriba la nación que sirviera de relleno, justificación y soporte de los intereses exclusivos del Estado”.

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Tras muchas modificaciones, en 1981 fueron incorporados definitivamente a la bandera de España los escudos de los Estados de Aragón, Granada y de Nabarra, aunque estas dos últimas no corresponden a la corona española y ni siquiera a los Borbones (https://lehoinabarra.blogspot.com.es/2014/08/los-borbones-no-sen-reyes-de-nabarra-ni.html).

En su libro “España Invertebrada” Ortega y Gasset sentencia con tino: “no se le dé más vueltas: España es una cosa hecha por Castilla”  y en  su famoso libro “La rebelión de las masas” remataba: “Para explicarnos cómo se han formado Francia y España, suponen que Francia y España preexistían como unidades en el fondo de las almas francesas y españolas. ¡Como si existiesen franceses y españoles originariamente antes que Francia y España existiesen! ¡Como si el francés y el español no fuesen, simplemente, cosas que hubo que forjar en dos mil años de faena!”(…). Faenas más bien, y muchas.