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No está solo, President PDF Imprimir E-mail
Víctor Alexandre   
Miércoles, 07 de Febrero de 2018 19:38

No está solo, President. Soy consciente de que por más que intente imaginarme cómo se siente sólo conseguiré hacerme una idea muy difusa y vacilante. La vida y las circunstancias le han situado en un lugar de una inmensa trascendencia histórica, una trascendencia de naturaleza política con relación a Cataluña que marcará para siempre su vida personal. Estar perseguido por un Estado, el Estado español, que no tiene escrúpulos de ningún tipo para coaccionarle utilizando a sus hijos para que renuncie a los anhelos de libertad nacional, provoca nauseas, ciertamente. Y más teniendo en cuenta que, como dice la jurista británica Rachel Lindon, "las autoridades españolas actúan como una dictadura, encarcelan a sus opositores políticos y se niegan a liberarlos hasta que renuncien a sus creencias políticas y abandonen su tarea".

Como sabe, he repetido en varios libros que el pensamiento racional no puede entender la 'cerrazón' española con relación a la libertad de Cataluña sin tomar conciencia de que la Sagrada Unidad de España no es una simple opción política -el hecho de que sea 'sagrada' ya lo dice todo-, sino que es un fanatismo religioso capaz de cualquier cosa -lo remarco: de cualquier cosa- para imponerla. Y es de acuerdo con este fanatismo paroxístico como el Estado español no duda en violar los derechos humanos. Enloquecido por su propia 'cerrazón' (qué alegría que esta palabra no tenga traducción literal en catalán), se siente legitimado a cometer las mayores aberraciones en nombre de España, aunque eso implique saltarse todos los principios democráticos. La Inquisición española no tolera la herejía, y el independentismo catalán es herejía.

Lo expresó muy claramente Alfredo Pérez Rubalcaba, el 26 de enero pasado, al decir que España llegará a donde sea necesario para impedir que usted sea presidente de Cataluña y para imponer la sumisión del pueblo catalán, independientemente de los costes que tenga que pagar. "Se hará y se pagará el coste", fueron sus palabras. Dicho de otro modo: el fin justifica los medios. El Estado español está dispuesto a pagar el precio de las reprobaciones y de las sentencias morales o económicas que puedan llegarle de los tribunales de justicia internacionales. Todo esto le resbala, porque la Sagrada Unidad de España lo justifica todo, hasta las más grandes barbaridades. Igual que las empresas que consideran que les trae más cuenta pagar las multas por contaminar los ríos que sanear su sistema de producción. El negocio es el negocio. Todo vale contra la herejía, incluso criminalizar las urnas, apalear gente pacífica, encarcelar líderes opositores, inhabilitar políticos desafectos, encausar alcaldes, entidades culturales, cuerpos de bomberos, arrancar pancartas con la palabra "Democracia", declarar delictivo el color amarillo, atemorizar a la ciudadanía... Tiene gracia que aquellas voces de 'En Común Podemos', siempre tan valientes a la hora de calificar de fascismo la política de Erdogan, Donald Trump o Kim-Jong-un, eviten el uso de este término al referirse a la política del Estado español. Será que el totalitarismo de proximidad es más simpático.

Las imágenes esperpénticas que vemos estos días, con un despliegue de miles de policías españoles registrando camiones, furgonetas y maleteros de coches, vigilando fronteras, puertos y aeropuertos, así como la navegación marítima y el espacio aéreo, incluidas las barcas de pesca y las aeronaves de parapente, son una muestra de desesperación, de histeria desatada y de impotencia. Y usted, querido President Puigdemont, es la causa. Se sienten humillados e impotentes porque su inteligencia política ha burlado al gobierno, a los cuerpos armados y a las cloacas del Estado español. Ellos son el glorioso Estado que conquistó Perejil, y con ellos, ya saben, no se juega.

Creo, President, que ha hecho una labor inmensa desde la capital de Europa. Permitame que lo repita: inmensa. No es únicamente conocido en todo el planeta -mi hermano ha vuelto recientemente de Argentina y constató que todos, absolutamente todos con quien ha hablado, desde universitarios hasta el personal de limpieza de los hoteles, sabía quien es el President de Cataluña y cuál es la causa catalana. Una causa de paz. Es cierto que no disfruta de una libertad plena -ningún hombre o mujer es libre, si su pueblo no lo es también-, es cierto que no está donde le gustaría estar. Pero es mucho más libre que los catalanes inocentes que el Estado español retiene en prisión como rehenes. Infinitamente más libre. Nada de lo que ha hecho hasta ahora habría sido posible si estuviera recluido en la celda de una prisión española. Por eso debe continuar en libertad cualquiera que sea la fórmula que establezca.

Como le dije en una carta anterior, le necesitamos libre, President. He aquí la razón por la que su libertad les saca tanto de quicio, porque es inmensamente efectiva. Digan lo que digan y por más que vociferen, saben que han perdido el combate de los argumentos. Sólo les queda la fuerza, la violencia del Estado. En esto tienen la mano rota, no hay duda. Es su comportamiento natural. Ilusos como son, ni se les pasa por la cabeza que la violencia de su gobierno, de su Congreso, de sus tribunales y de sus hombres armados contra Cataluña es la prueba más fehaciente de su impotencia. Ellos son dinamiteros, President. Nosotros somos corredores de fondo. Reciba mi reconocimiento más sincero y el abrazo más fuerte y cariñosa por la firmeza que mantiene en estos momentos tan difíciles e inquietantes para su vida y la vida de Cataluña. No será España, sino la historia, quien le hará justicia.

EL MÓN