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Auzolan y Batzarre, ¿bases para la democracia del siglo XXI en Euskal Herria? PDF Imprimir E-mail
Garazi Lopez de Etxezaharreta, Iñigo Gonzalez Ruiz de Larramendi   

A la hora de construir un nuevo proyecto social y político para Euskal Herria, tiene especial importancia excavar en las formas más intimas de organización y pensamiento que este pueblo ha tenido -y que, aunque tal vez sin el vigor de antaño, aún mantiene en ciertos lugares- para encontrar referencias que para nuestra sociedad del siglo XXI resulten entendibles, aplicables, razonables y sinérgicas.

De ahí la importancia de mencionar las referencias del AUZOLAN y del BATZARRE. Ambas instituciones tienen orígenes remotos, y condensan la forma autóctona de organización colectiva, económica, social y política del pueblo vasco. Creemos que una relectura actualizada de ambas instituciones nos puede llevar a conclusiones ciertamente interesantes.

Claro está que no se trata de una mitificación del pasado; más bien de una desmitificación de todo, también de los iconos teóricamente indiscutibles de la sociedad tardo-moderna actual, a fin de buscar respuestas a una cuestión de plena vigencia: ¿cómo responder ante unos sistemas políticos nominalmente “democráticos”, pero cada vez más alejados de las inquietudes populares y con un funcionamiento profundamente oligárquico?

Para ello debemos tener, ciertamente, en cuenta que las sociedades tradicionales de tipo “indígena y campesino” (por llamarlas de alguna manera) seguramente constituyeron formas sociales más sostenibles y saludables que la que hoy padecemos, pero -como Malonosky ya indicó a principios del siglo pasado- no estaban preparadas para la distorsión, para la excepción; y la sociedad actual se caracteriza, cada vez más, por la necesidad de gestionar bien la distorsión, la excepción y la complejidad.

 

El Batzarre

El Batzarre (en sus diversas denominaciones: concejo, cendea, anteiglesia, biltzar, etc), o asamblea soberana de valle, comarca o “país”, es la forma de poder colectivo surgida anteriormente a la creación de las formas estatales de poder en el occidente europeo, similar a formas que existían en nuestro entorno cercano y en el área alpina. El Batzarre era anterior y superior en rango a la institución monárquica surgida del estado navarro, y sobrevive hoy residualmente en la legislación foral preconstitucional, principalmente en Nafarroa y Araba.

El Batzarre es una forma de democracia horizontal (menos vertical, si se quiere) participativa de mayor calidad representativa que cualquier régimen de democracia parlamentaria actual. Según los casos la representación se daba por persona, pero en la mayor parte de los casos lo era “por fuego” (por familia).

El Batzarre no era ni es una asamblea de guerreros, como lo eran las asambleas indoeuropeas, es una asamblea de civiles, con soberanía para decidir portar armas o no, y, sobre todo, capacidad para legislar, para juzgar, para regular la propiedad colectiva y su uso, así como para regular la defensa del territorio.

Así lo muestra la idea del “árbol Malato” (situado en la localidad de Luiaondo -Valle de Ayala-, y tradicional frontera militar del Señorío de Bizkaia) que se atribuye al pueblo vasco, pero que es común a muchas sociedades indígenas, y que significa dos cosas:

1-que el árbol Malato delimita un espacio de paz y seguridad para sus habitantes y

2-que el uso de la violencia frente al extraño sólo es legítima si éste quiere ocupar su territorio. El uso de las armas fuera de los lindes del Batzarre sólo podía ser aprobado por el Batzarre y cada persona era libre de negarse a ello; es decir, sólo era obligatoria la defensa del territorio.

Disposiciones similares se encuentran, por ejemplo, en la legislación medieval navarra, muy especialmente en el Fuero Antiguo de 1237, primera plasmación escrita del derecho consuetudinario general navarro.

El Batzarre constituye una “res publica”. La palabra “república” la encontró Martin Ugalde (entre otras/os) para referirse a cada uno de los Batzarres que formaron, al unirse en confederación, lo que se denominaron Diputaciones y que, en no pocos casos, sobrevivieron con la denominación de “república” por encima de que el régimen estatal fuera monarquía o república.

El poder soberano del Batzarre tuvo una relación conflictiva con la corona navarra, la francesa y la castellana, con los señores feudales y el poder de la Iglesia, que principalmente se daba en tres aspectos: el derecho penal, la tenencia de la tierra y la convocatoria a armas.

En este conflicto, los estados perdieron en no pocas ocasiones frente a la legitimidad y el poder efectivo de los Batzarres, hasta que la Revolución Francesa en Iparralde y la derrota carlista en Hegoalde marcaron la supremacía del Estado, la obligación del servicio de armas y la privatización de gran parte de las tierras comunales: episodios como los conflictos sobre los comunales y corralizas en la Navarra Media y la Ribera a fines del siglo XIX y comienzos del XX demuestran las negativas repercusiones sociales derivadas de estos cambios nacidos de la imposición.

Volviendo al pasado, la reivindicación de los infanzones de Obanos que pedían “una patria libre de personas libres”, frente a los abusos de la corona navarra (en manos, desde 1234, de dinastías foráneas, desconocedoras del derecho tradicional, y acostumbradas a regímenes de gobierno mucho más autoritarios), puede ser interpretada como una reivindicación relacionada con la tensión derecho consuetudinario-Batzarre, frente al poder monárquico. Asimismo, y aunque en contextos bien diferentes, la reivindicación de lo comunitario aflora en muchos otros hechos de nuestra historia como la rebelión de Zuberoa liderada por Bernard Goihenetxe “Matalas” en 1661, o en la herejía duranguesa de mediados del siglo XV. Los tres episodios, no por casualidad, fueron objeto de una durísima represión por parte del poder establecido.

En Hegoalde, la implantación del régimen post-franquista también fue conflictiva en aquellos lugares donde había sobrevivido residualmente el poder de los Batzarres. Un conocido líder de Aralar fue uno de los que lideró el paso de parte de las competencias de los Batzarres navarros a las corporaciones municipales del estado de representación partidista.

A la hora de articular una democracia participativa para la Euskal Herria soberana, no sólo deberemos tener en cuenta los métodos de participación convencionales, o los métodos de participación que nos permiten las nuevas tecnologías y los ensayos de la ciencia social actual, también debemos tener en cuenta los métodos utilizados en el pasado y analizar la posible adecuación de algunas de esas instituciones que aparentemente fueron sostenibles y satisfactorias para quienes nos precedieron.

 

El Auzolan

Como cuenta Jon Nikolas en su último libro: el “Auzo” es la unidad política básica de la organización sociopolítica y económica autóctona de Euskal Herria. El Auzo puede equivaler en muchos casos al territorio del Batzar del valle, en otros a un actual municipio, y en la mayoría de los casos a una subdivisión que hoy entenderíamos en castellano como algo similar a “barrio”.

En Hegoalde se ha tomado la palabra de origen árabe “alkate” para designar al máximo edil de un municipio, en Iparralde en cambio optaron por “auzapeza” que hace referencia explicita a AUZO.

Pues bien, antes de que se diera “la gran transformación “(Karl Polanyi) en la que la economía se separó de la sociedad y en la que se crearon las tres grandes mercancías ficticias (la tierra, el trabajo y el dinero) en Europa, en Euskal Herria, de manera muy aferrada a las costumbres, la economía y el trabajo nunca estuvieron desligadas de la sociedad y de las relaciones sociales básicas.

En un momento en el que el dogma neoliberal ha llevado al extremo la separación entre la economía y la sociedad, en el que la alienación del trabajador ha llegado a puntos no imaginados ni por el marxismo y en el que las transnacionales nos han robado hasta nuestro tiempo de ocio, no está de más analizar con qué métodos se organizó el tiempo, el trabajo y la economía y la sociedad en la Euskal Herria precapitalista.

De entre esos métodos destacamos el Auzolan, porque es la forma que conocemos hasta el presente en la cual mejor podemos entender que hay otras formas de organizar el trabajo y la sociedad.

En Euskal Herria le llamamos “Auzolan”, pero esta forma de organizarse existe en todas las sociedades campesinas, en las sociedades nómadas y, cómo no, sobre todo en las sociedades indígenas. El método del Auzolan -trabajar en grupo de forma gratuita ante una tarea que sobrepasa las capacidades de la persona, de la familia o de un colectivo-, no es otra cosa que el “don” de Mauss o una expresión de la teoría de la reciprocidad definida por Lévi-Strauss. Una forma común a todas las sociedades preindustriales, y que sobrevive en aquellas partes de nuestra vida social que no han sido monetarizadas.

Así, cuando una familia, un grupo, un/a baserritarra convocaba y convoca a Auzolan (aún es muy común, por ejemplo ante una urgencia como el incendio del caserío), l@s voluntari@s van a trabajar sin pedir nada a cambio; lo que se espera, el contrato no escrito, es que, cuando alguno de l@s voluntari@s tenga necesidad de ayuda el ayudado se convertirá en ayudador. No hace falta que se devuelva el favor  a corto plazo. Incluso, como pasa con los tuareg, es muy posible que no haya oportunidad de devolver el favor, pero este tipo de relación crea una red de solidaridades que contribuyen a la seguridad de todas las personas que participan en el entramado.

El Auzolan es propio de sociedades que subrayan la igualdad entre sus miembros. Así lo entendía también Barandiarán cuando, comparando nuestros pequeños dólmenes con sus familiares contemporáneos -las enormes pirámides egipcias-, supo valorar la diferencia entre una sociedad más igualitaria, que no creó grandes jefaturas, y las que necesitaron grandes ejércitos, cientos de miles de esclavos y endiosar a sus faraones.

Avanzando hasta nuestros días, fenómenos como el cooperativismo, con todas sus limitaciones y contradicciones, no podrían haber arraigado en nuestra tierra con la fuerza con que lo hicieron –sin parangón en nuestro entorno- de no contar con este profundo sustrato cultural asociativo.

 

Auzolan,  crisis y participación ciudadana.

Estamos en tiempos de crisis sistémica del modelo auspiciado por la Derecha conservadora -el neoliberal-, consistente en radicalizar la mercantilización de todos los aspectos de la vida y de apropiarse de los  recursos públicos para favorecer a las grandes empresas.

El neoliberalismo que había reivindicado la reducción de las arcas públicas, ha encontrado en el fomento del consumo y en los impuestos indirectos una manera inmejorable de apropiarse de las rentas de l@s trabajador@s. Asaltó el Estado, y lo ha utilizado para el reparto de ganancias a sus patrocinadores y clientelas.

A la Derecha le conviene una sociedad pasiva que pague impuestos y que ceda la resolución de los problemas a instituciones dependientes de organismos que controla. Les es más cómoda una sociedad que, en el mejor de los casos, organice una concentración frente a la sede consistorial, que una ciudadanía que se considere corresponsable de ayudar en las alternativas y las soluciones. Prefieren asumir todo el gasto y las responsabilidades a cambio de tener el control sobre la ciudadanía.

En época de crisis, vaciadas las arcas públicas por la piratería inmobiliaria, cementera y financiera, la solución no es volver a cargar en los sectores populares el costo del expolio, sino, además de hacer pagar a los culpables, empezar a aplicar otras fórmulas de corresponsabilidad que bien pudieran denominarse AUZOLAN.

 

Algunas conclusiones

“Asko daki zaharrak, erakutsi beharra”.

Sin mitificar cándidamente el pasado, sin ignorar que las sociedades actuales poco tienen que ver con las sociedades ancestrales (población urbana vs. rural, riqueza menos ligada a la tierra y más a otros factores productivos, internacionalización, etc.…), sabiendo que pocas reuniones son más conflictivas que las vecinales, haciendo propias las soluciones encontradas por la ciencia social y las diversas ideologías anticapitalistas, también puede resultar enormemente efectiva la reinterpretación y reinvención de estas dos instituciones básicas de Euskal Herria: el AUZOLAN y el BATZARRE.

 

Publicado por Nabarralde-k argitaratua