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Escenas de un régimen descabellado PDF Imprimir E-mail
Josep Ramoneda   
Miércoles, 05 de Octubre de 2016 19:23

1. INCENDIO.

"Hechos, no palabras", el eslogan que presidió el mandato de Montilla como presidente de la Generalitat, ha resultado premonitorio. La socialdemocracia ha perdido el control del lenguaje. Y, en política, quien marca el sentido de las palabras gana. Parapetarse en el establishment bipartidista esperando que los demás se quemen es un "nuevo sacrificio hecho para nada", en palabras de Michel Feher. Se ha dicho casi todo sobre el esperpéntico espectáculo socialista de la semana pasada. Da una cierta vergüenza ver a una persona como Felipe González, que tanto poder llegó a tener en España, haciendo de corneta para dar la salida a la operación asalto al secretario general. Pero si quedaba alguna duda sobre la crisis del régimen del 78, ahora ya se ha disipado. Fue el PSOE a partir de 1982 quien diseñó la arquitectura institucional que ahora está enferma: un régimen cerrado, reacio a las reformas, con una Constitución intocable, con hegemonía absoluta del Ejecutivo sobre los demás poderes y articulado alrededor de dos partidos muy jerárquicos y rígidos, que se han creído que tenían un derecho patrimonial sobre el Estado. Incapaces de anticipar los cambios de la sociedad, ahora intentan resistir parapetados en el voto de más de sesenta años. Y el PP sale ganando.

"Una abstención no es lo mismo que un apoyo", dice Javier Fernández, presidente de la gestora socialista, preparando el terreno para completar la operación conspirativa: hacer a Rajoy presidente. Pero, abrasado por un incendio, en palabras del propio Fernández, el PSOE llega a la hora suprema de un pacto cargado de melancolía bipartidista en las peores condiciones. ¿Qué fuerza tiene para plantear exigencias al PP? Ninguna. Sólo tiene dos opciones: regalar la investidura o ir a elecciones. Rajoy no tiene que hacer nada más que lo que le sale mejor: esperar. Y hacer firmar la claudicación. Un pacto con concesiones mutuas, sólo tendría sentido si hubiera habido negociación previa entre Rajoy y los conspiradores, como precio por haber liquidado Sánchez. Y tendríamos derecho a saberlo.

 

2. FUGAS.

La esperpéntica crisis del PSOE tiene consecuencias en Cataluña. La más obvia, la orgánica: el PSC se había alineado con el secretario general y, por tanto, queda en el bando de los perdedores. Las guerras fratricidas generan grandes odios y los conspiradores nunca perdonan. Pronto habrá un congreso con dos candidatos, y habrá que fijar la línea política. De momento tanto Parlon como Iceta se han reafirmado en el no a Rajoy, con indignada respuesta de la primera accionista del PSOE, Susana Díaz. ¿Aguantarán el pulso? ¿Se abre una oportunidad para empezar una relación diferente entre PSOE y PSC?

El tabú de los partidos soberanistas ha barrido a Sánchez. El exsecretario general quiso cambiar el partido pero no fue capaz de desafiar las líneas rojas del establishment: no a Podemos, no a los independentistas. Así no ha podido construir una mayoría alternativa, pero se lo han comido igualmente. Si el PSOE quiere evitar unas elecciones que seguramente le serían catastróficas, el PP puede poner entre las condiciones un frente sin fisuras contra los planes del independentismo para el 2017. La Fiscalía, que emana del poder ejecutivo, ya ha dado el tono, con las peticiones de inhabilitación de Mas, Ortega y Rigau.

Existe la tentación de creer que el independentismo ha provocado la crisis del régimen del 78. Más bien diría que el salto que ha hecho desde 2003 es fruto de esta crisis, que en Cataluña se anticipó cuando, al final del pujolismo, se hizo el paso del bipartidismo al multipartidismo. Es obvio que las fisuras las han aprovechado Podemos y asociados y el independentismo. Pero lo más significativo es que el régimen descabellado ha sido capaz de integrar a los antisistema -y la prueba es la caída fulminante de la movilización social- y no ha sabido integrar el soberanismo, a pesar de la larga trayectoria de complicidades con el nacionalismo conservador. La razón patriótica da más miedo que la razón de clase. ¿Por qué? Porque Cataluña es el 15% de la población, el 20% del PIB y el 25% de las exportaciones, y sin ella España puede quebrar y arrastrar el euro. Y porque la patria es la tierra, y eso no se toca.

ARA