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Benjamin Stora: “El anticolonialismo de Macron es un hito” PDF Imprimir E-mail
Rafael Poch   
Viernes, 03 de Marzo de 2017 10:59

“Europa no será francesa, ni alemana”.

Benjamin Stora, historiador especialista en Argelia

El historiador francés Benjamin Stora (Constantine, entonces Argelia francesa, 1950), director del magnífico Museo de la Historia de la Emigración de París, que acaba de publicar en catalán un libro importante para comprender la Francia actual ( Les memòries perilloses, Edicions 1984), se confiesa complacido por la declaración realizada hace poco por Emmanuel Macron, el más joven candidato a la presidencia francesa y uno de los que, de momento, lideran la intención de voto en las elecciones de abril/mayo.

Macron dijo el 14 de febrero en Argel que la colonización fue “un crimen contra la humanidad” y añadió que Francia debería pedir excusas por ello. Argelia concentra una memoria biográfica enfrentada que afecta a cerca de cinco millones de ciudadanos franceses, entre emigrantes, excombatientes, antiguos colonos pieds-noirs, etcétera. Es un tema capital que se guarda bien cerrado en el armario.

“Con esa declaración Macron ha transgredido un tabú francés de 60 años”, dice Stora, en su domicilio de Asnières. “Siempre se ha dicho que la colonización tuvo aspectos negativos y positivos. La novedad es que Macron sólo habló de los negativos. Los políticos franceses siempre mencionan la parte sombría de la colonización junto con sus aportes. La novedad es que Macron no dijo: también aportamos la ilustración y la civilización a los indígenas. No. Habló de un hecho que violentó a las sociedades y que ocasionó crímenes. Es lo que dice todo el mundo en Argelia, y también en el resto de África o en Indochina. Eso que para él es una evidencia, no lo es para la clase política francesa, que es muy nacionalista.

¿La República imperial....?

El imperio colonial es la grandeza de la nación centralizada, jacobina, que aporta la civilización al resto y eso no se toca. Macron es joven (39 años) y su posición es decir: Zanjemos ese pasado y pasemos a otra cosa. Pero en Francia es muy difícil porque el pasado está muy presente en el presente. Francia es una vieja nación política, España también. No he oído muchas cosas críticas de los políticos españoles hacia su colonización, tan mortífera.

Es un clásico: a menos que la nación imperial/colonial haya sido derrotada militarmente es muy difícil que haya autocrítica. ¿Es específico lo de Francia?

No creo. En el centro de Bruselas hay una estatua al rey Leopoldo. El Congo es una enormidad. Es un problema muy común que ahora resurge porque los Estados-nación constituidos sobre una forma imperial entran en crisis. Hay una enorme demanda dentro de Europa de identidades diferentes, también de antiguos colonizados. Dentro de este nuevo movimiento de mundialización cultural, aparece esta historia crítica a la que las viejas clases políticas europeas se resisten. No la quieren admitir. Pero cuando te confrontas con los hechos, con dos millones de campesinos argelinos forzosamente desplazados, con los 3.000 argelinos desaparecidos en la batalla de Argel (es la cifra oficial), víctimas cuyos cuerpos nunca se encontraron, y cuando se suma todo, se llega a deportación, tortura, violaciones, desapariciones. Ante eso no se puede decir: Sí, pero construimos ferrocarriles, desecamos pantanos, eliminamos el paludismo... Hay que pensar que sólo hace veinte años que el esclavismo fue declarado crimen contra la humanidad.

La transgresión de Macron, ¿no ha sido más resultado de la inexperiencia que otra cosa?

No lo creo. En realidad no ha hecho marcha atrás. Solo pidió perdón por si alguien se sintió ofendido por su declaración, pero mantuvo su posición de fondo. Eso es un hito. Es algo nuevo en Francia y muy importante.

El argumento de los europeístas liberales de las viejas potencias coloniales suele ser: Somos el 7% de la población mundial, debemos unirnos para seguir siendo algo, sino los chinos o los indios se nos comerán. Luego hablan de “defensa europea”, sin plantearse el papel de esa unión en el mundo...

Es cierto, la UE se hizo muy rápido y desde arriba. Creo que las sociedades estaban a favor pero no se discutió con ellas. Ahora la gente dice: esto es sólo un tinglado comercial. Queda por hacer toda una reconquista de la opinión pública, a la que se opone la dimensión nacionalista de los Estados-nación.

Pero esos Estados-nación son, precisamente, el espacio de la soberanía y la democracia.

Esos Estados deben tener en cuenta las nuevas identidades culturales porque esa construcción europea no podrá ser aceptada si no se asume esa circulación multicultural. Europa no será francesa, ni alemana. Los británicos han dicho: como no va a ser británica, pues nos vamos. Creo que hace falta que haya Europa, pero en situaciones nuevas, con identidades, regiones, reivindicaciones y soberanías nuevas.

¿Cómo construir una Europa democrática si el demos europeo no existe, si la historia europea es suma y relación de historias nacionales, y si la ciudadanía europea es algo abstracto? Sí, hay un buen sentimiento hacia Europa, pero usted es francés y otros españoles o catalanes. Puede que viviendo en China haya un pequeño rincón de europeidad en un francés o un español, pero ¿ciudadanía? ¿Cómo hacer democracia en Europa sin ciudadanía europea? ¿Cuál es nuestra Bastilla?

En lo que concierne a la ciudadanía en Francia, el debate era aceptar el derecho de voto en las municipales para quienes trabajan aquí desde hace diez años y pagan sus impuestos, aunque no sean franceses. Pero esta medida, de momento, no se acepta, así que la idea europea es muy abstracta, pero no hay que abandonarla porque la salida está en los grandes conjuntos regionales. Yo trabajo sobre el Magreb: Argelia, Marruecos y Túnez con sus fronteras cerradas. Si se asociaran podrían crear un mercado común y despegar, hacer frente a Europa o al África negra. Pero están divididos y se debilitan para la competencia mundial. Es un contraejemplo. Para mí, Europa es una necesidad, pero es imperativo que esa necesidad sea compartida por las sociedades, sino habrá dislocación nacionalista.

LA VANGUARDIA