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2017, un año de aniversarios PDF Imprimir E-mail
Walter Laqueur   
Lunes, 06 de Marzo de 2017 18:33

En el 2017 se celebrará (o podría celebrarse) un gran año de aniversarios. El 15 de marzo de 1917, la monarquía rusa, la casa de los Románov, llegó a su fin con el derrocamiento del zar Nicolás II. Siete meses más tarde, los comunistas se apoderaron de San Petersburgo y permanecieron en el poder hasta el 26 de diciembre de 1991. El zar Nicolás II y su familia fueron asesinados el 17 de junio de 1918.

En primer lugar, Rusia. Existe una relación entre mi familia y la casa de los Románov, aunque posiblemente no podría afirmar que fuera una relación estrecha. Anteriormente, el zar Alejandro I hizo un viaje a las provincias meridionales de su imperio. Al llegar a la población de Taganrog, se sintió enfermo. Las autoridades consideraron su dolencia muy grave y fueron movilizados los principales médicos locales. Entre ellos se contaba Moritz Laqueur, que había estudiado medicina y se tituló como médico fuera de Rusia.

El relato comienza alrededor de 1815. Moritz, que contaba entonces 20 años, vivió en la pequeña ciudad de Staedtel en Silesia (Silesia, en aquel tiempo, pertenecía a Prusia). Creció en el seño de una familia pobre y sentía grandes deseos de ser médico. Un día, un misionero se presentó en Staedtel y le hizo un ofrecimiento que no podía rehusar: la Iglesia pagaría sus estudios en la Universidad de Tartu (Dorpat), actualmente en Estonia, si Moritz (procedente de una familia judía) se convertía al cristianismo. Parecía una oferta razonable; Moritz se convirtió y, tras graduarse por la Universidad de Tartu, fue nombrado jefe de un centro médico en la ciudad de Taganrog, en el puerto situado en el mar de Azov, tributario del mar Negro. Taganrog era algo similar a un golfo del mar de Azov. Antón Chéjov, nativo de esta ciudad, escribió sobre ella que cuando él nació no albergaba más de tres honradas familias. Hay buenas razones para suponer que Taganrog habría sido el fin de la carrera del doctor Moritz Laqueur, pero se produjo entonces un hecho totalmente improvisto, la muerte del zar Alejandro I en esta localidad.

Una pintura coetánea muestra al emperador en un lecho, claramente no en buen estado, rodeado de médicos. Este grupo evidentemente incluye a Moritz, que había rusificado su nombre de modo que Moritz se había convertido en Boris. El emperador, muy probablemente, padecía una infección pulmonar, pero como aquella época era anterior a los antibióticos, el desgraciado emperador iba a morir y no había manera de ayudarle. Alejandro I falleció el 1 de diciembre del año 1825.

El nombre de Moritz-Boris consta en el certificado de defunción. Esto significó que Moritz y su familia fueron ennoblecidos y se trasladaron a Moscú el año siguiente. Las autoridades estaban muy impacientes por disponer de una lista impresionante de médicos especialistas firmantes de este documento porque esperaban, como los subsiguientes acontecimientos mostrarían, que habría acusaciones de juego sucio. No era la primera vez que un emperador ruso había sido asesinado y Alejandro I desconfiaba de su círculo más próximo. Su propio padre había sido asesinado en su residencia.

La carrera posterior de la ennoblecida familia (lamentablemente una nobleza desprovista de tierras) no reviste importancia en el contexto actual. Puede mencionarse que uno de los tres hijos de Moritz, llamado Alejandro, fue autor de uno de los relatos más pormenorizados de Estados Unidos. Apareció en 1858-1859 y fue publicado no hace mucho en inglés por la Universidad de Chicago.

Hasta finales de los años ochenta existía un consenso general en el sentido de que el acontecimiento más importante que tuvo lugar en 1917 fue la revolución bolchevique. Pero, cien años después, resulta dudoso que ni siquiera el Partido Comunista de Rusia siga con gran atención el citado acontecimiento. Es posible que el Gobierno ruso actual pueda mostrarse favorable a la figura de Stalin porque convirtió a Rusia en una superpotencia. Sin embargo, resulta dudoso que tal inclinación se extienda a Lenin y a otros líderes comunistas responsables de la revolución de 1917. Las actitudes y los recuerdos cambian...

Pero otro acontecimiento que tuvo lugar en noviembre de 1917 será probablemente recordado por los concernidos de forma inmediata. Se trata de una carta escrita por Arthur James Balfour, el ministro de Exteriores británico. Fue dirigida a Walter Roth­­schild. Debía transmitirse a la organización sionista británica y decía que el gobierno de Su ­Majestad veía con buenos ojos la creación en Palestina de una patria nacional para el pueblo judío. Esto condujo a que el Reino Unido fuera elegido potencia mandataria por la Liga de Naciones. El resto es ya ­historia.

Por último, en abril de 1917, Estados Unidos entró en la política mundial al declarar la guerra a Alemania. Se había producido el hundimiento del Lusitania y fue el inicio de otro importante capítulo de la historia mundial.

LA VANGUARDIA