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Torquemada es nombrado inquisidor general PDF Imprimir E-mail
Marc Pons   
Lunes, 13 de Marzo de 2017 18:26

Tal día como hoy del año 1482, hace 535 años, los reyes Fernando de Aragón e Isabel de Castilla nombraban a Tomás de Torquemada Inquisidor General de la corona de Castilla. La Inquisición sería la primera y la única institución que ejercería su función de manera centralizada y unificada en el conjunto de los Estados hispánicos durante el reinado de Fernando e Isabel. Y también -hasta la entronización de los Borbones- en los reinados de sus descendientes durante más de dos siglos. La Inquisición se convertiría en el brazo ejecutor de las políticas de represivas de los Habsburgo hispánicos que iban mucho más allá de la cuestión estrictamente religiosa. Una poderosísima policía política con plenas competencias judiciales.

Para conseguir reunir el cargo de Inquisidor General de todos los países hispánicos en la figura de Torquemada -que era el propósito final de su nombramiento- previamente tuvieron que urdir el asesinato del Inquisidor General del reino de Aragón -no de la Corona- Pedro Arbués, en Zaragoza (1485) en una operación truculenta nunca aclarada. La propaganda de Estado fabricó la hipótesis del contubernio judeoconverso y se acusó formalmente a la élite judeoconversa zaragozana de haber inspirado y ordenado el asesinato de Arbués. También se practicaron numerosas detenciones y ejecuciones de destacadas personas del mundo político, jurídico y académico aragonés contrarias a la implantación de la Inquisición.

La consecuencia directa del asesinato de Arbués fue la desaparición de la élite mercantil zaragozana -de tradición judeoconversa- y su desplazamiento hacia Valencia, Barcelona y Nápoles. Allí la Inquisición tenía verdaderos problemas para implantarse -como anteriormente había pasado en Zaragoza- a causa de la decidida oposición de sus élites dirigentes. Aragón, por su situación geográfica, fue convertida en el laboratorio de pruebas de las políticas unificadoras castellanas. Pero el escándalo que generó el asesinato de Arbués -duramente censurado por las élites (políticas, culturales y económicas) de Zaragoza, Barcelona y Valencia- obligó a Toledo a aparcar -cuando menos moderar- los propósitos iniciales.

ELNACIONAL.CAT