Inicio Munduan barna Suso de Toro: "El problema de España es que no es una nación"

Suso de Toro: "El problema de España es que no es una nación" PDF Imprimir E-mail
Xavi Aguilar   
Miércoles, 03 de Mayo de 2017 14:42

"Defender la democracia es defender el derecho de los catalanes a decidir su futuro"

"Es el más valiente, democrático y constructivo que le ha pasado en España en los últimos cuarenta años"

"El hecho de que se haya pactado el café para todos hizo que el Estado se construyera sobre una gran mentira, y ahora se están pagando las consecuencias"

 

En fuera de juego

Suso de Toro (Santiago de Compostela, 1956) ha publicado más de treinta libros de narrativa, teatro y ensayo. Su posición sobre la situación política en Cataluña hizo que editores y medios lo dejaran "fuera de juego" durante un tiempo y tuviera que regresar a su plaza de profesor. Ahora, una vez jubilado, publica Ser humilde y también La lección catalana, donde expresa, una vez más, la admiración por el país

Hace siete años, por Sant Jordi, Suso de Toro decidió que dejaba el oficio de escritor. Este año, sin embargo, ha vuelto para firmar ejemplares de La lección catalana (Gregal), en la que retrata con acierto la situación política y social del país.

 

¿Por qué dejó de escribir?

Se me hizo imposible. Digamos que mis opiniones me fueron acumulando costes y facturas, primero en Galicia y después en España. Esto repercutía en la recepción de mi obra: las reseñas de los libros se iban encogiendo, hasta desaparecer.

 

¿Por el hecho de decir lo que pensaba sobre Cataluña?

Cuando opino sobre la vida social y política en España me he convertido en un monomaníaco con el tema de Cataluña. Todo lo que está pasando es lo más valiente, democrático y constructivo que ha pasado en el Estado español en los últimos cuarenta años. Cataluña ha planteado un dilema democrático al Estado español a cara o cruz. O España es una democracia, o no lo es. Para mí esta es la cuestión. La corte del poder madrileño ha decidido que no, y yo no tengo ninguna duda sobre con quién debemos alinearnos. No me queda más remedio. Defender la democracia es defender el derecho de los catalanes a decidir su futuro. Yo lo planteo así de claro.

 

Esto que desde aquí parece tan obvio, España no lo entiende. ¿Por qué?

Habría que referirse al sistema de poderes del Estado español y de su conformación. Como en los ochenta, con el PSOE, crecía el eje Sevilla-Madrid mientras Pujol aceptaba administrar la autonomía de puertas adentro. En la gran operación ideológica que fue la movida madrileña, un movimiento inconsistente pero que revalorizó Madrid por delante de Barcelona. Y también en el papel que tuvieron los medios de comunicación de Madrid, que pasaron a ser los del Estado.

 

Es normal que en Madrid no guste...

Mis posiciones eran incompatibles con el consenso cultural madrileño, porque mis críticas a España lo son a la España construida por Madrid y al servicio de Madrid, que actúa como agujero negro que drena absolutamente la riqueza de otros lugares. Más del 50% del PIB se recauda allí cuando no hay actividades productivas. Esta es la España de Florentino Pérez, alguien que se basa en la especulación, en las ayudas del Estado y en la complicidad del poder político, pero que en el fondo no ha creado riqueza, más allá de la personal.

 

En alguno de los artículos del libro dibuja una sociedad vencida por el poder. ¿Por eso se sigue votando a los corruptos?

Claro. Y por eso me interesa el pulso de la sociedad catalana, porque es el único lugar donde hay debate y movilización cívica, sin entrar en el hecho de si es acertada o no. España no tiene consistencia cívica porque es algo muy diversa. Yo cuando voy a Andalucía tengo la sensación de ir a otro país. El problema de España es que no es una nación, es un Estado al servicio de una corte.

 

No será una nación, pero existe el nacionalismo español, aunque muchos lo nieguen.

Los nacionalismos que surgen del Estado no hay proclamarlos, se ocultan. El mejor truco del diablo es hacer creer que no existe, ¿verdad? Pues el mejor truco del nacionalismo de Estado es hacer ver que no existe. Dicen que son cosmopolitas y acusan a los otros nacionalismos de provincianos.

 

En algún momento del libro dice que el modelo derivado de la Transición se ha agotado...

Pactar el café para todos y deshacer el reconocimiento que había hacia las nacionalidades que habían votado un estatuto creó un Estado basado en una gran mentira, y ahora se ven las consecuencias. Me sorprende que muchos presidentes de otras comunidades hablen de los catalanes con mucho desprecio y xenofobia, pero ninguno de ellos ha reconocido que si ellos tienen este cargo, este sueldo y esta autonomía es porque hubo catalanes, vascos y gallegos presos, exiliados y muertos para tener autogobierno.

 

¿Cómo ve el futuro inmediato?

Si las autoridades catalanas convocan el referéndum, que es lo que deben hacer, se plantea una crisis de Estado irresoluble en los términos en que está planteada esta crisis actualmente. Así pues, deberán cambiar los términos. Los catalanes no pueden hacerse el harakiri y renunciar al derecho a decidir y, por tanto, será el Estado quien tendrá que cambiar. Inducidos por Europa, es decir por Alemania, y también por los poderes económicos y por el jefe de Estado, se tendrán que hacer unas nuevas elecciones, ya que el Estado tendrá que hacer alguna nueva oferta a Cataluña. Rajoy no la puede hacer, porque hace cuatro días vino aquí a ofender. Por lo tanto, se deberá apartar y en una nueva campaña electoral ya se podrá negociar qué se ofrece a los catalanes. Esto, por supuesto, siempre que el referendum se convoque.

 

¿Y entonces?

Una vez allí, si se decide marchar, habrá que ver cómo se administra. Evidentemente, España no puede sacar el ejército, porque, por mucho que Rajoy crea que sois sus súbditos, también sois ciudadanos europeos. Y la UE no puede permitir que las tropas les apunten con fusiles. El Estado, pues, tendrá que hacer una oferta de revisión de las condiciones.

 

No puede ser, tanto elogio... ¿Algo malo debemos tener?

Reconozco sus defectos, como una cierta suficiencia y elitismo que también es un refugio de la impotencia. Una cosa es ser culto, abierto, emprendedor y tener recursos culturales y otra es cuando esto se manifiesta en relación con los demás como una superioridad. Esto lo he percibido.

 

¿Nada más que reprochar?

Principalmente, que ha asumido la minorización y la dependencia y ha establecido una relación enfermiza con Madrid, hasta el punto de reconocer a Madrid como único interlocutor y reflejo de España. Ha sido un error.

EL PUNT-AVUI