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¿Pulso energético Estados Unidos-Rusia en Europa? PDF Imprimir E-mail
GERMÁN GORRÁIZ LÓPEZ   
Viernes, 11 de Agosto de 2017 10:26

Acuciada por la elevada dependencia energética (más del 50%), la alta volatilidad de los precios del gas y el petróleo debido a factores geopolíticos desestabilizadores y la imperiosa necesidad de la garantía de un aprovisionamiento seguro de energía, la Unión Europea (UE) implementó una estrategia energética basada en los acuerdos preferenciales con Rusia y Argelia para el suministro de gas, en la utilización de obsoletas centrales nucleares en lugar de reactores atómicos de nueva generación EPR (European Pressurized Water Reactor) y en el extraordinario impulso de las energías renovables (primer productor mundial), con el objetivo inequívoco de lograr el autoabastecimiento energético y de recursos hídricos en el horizonte de 2020.

Asimismo, se aprobó el ambicioso Programa Europeo sobre el Cambio Climático en el horizonte de ese mismo año con el compromiso -el Triple 20- de recortar las emisiones de dióxido de carbono en un 20%, mejorar la eficiencia energética en otro 20% y lograr que el 20% de la energía consumida proceda de fuentes renovables, aunado con la Reorientación del Transporte de mercancías terrestres por las nuevas autopistas del mar y vías férreas de Alta Velocidad mediante la imposición de tasas ecológicas al transporte por carretera y a los vehículos sin etiqueta ECO.

Sin embargo, según Marie-Helene Fandel, analista del European Policy Centre, “la política energética de la UE adolece de una elevada dependencia del exterior debido a su escasez de recursos y su limitada capacidad de almacenamiento”, lo que aunado con la incapacidad de los 27 para desarrollar una verdadera política energética común, ralentizará todo el proceso y hará inviable la utopía de la autodependencia energética europea en el horizonte de 2020.

 

LA RUSODEPENDENCIA

El proyecto del gasoducto conocido como Nabucco West proyectado por Estados Unidos para transportar el gas azerí a Europa a través de Turquía, Bulgaria, Rumanía y Hungría, y así evitar el chantaje energético ruso, fracasó al haberse inclinado Turkmenistán, Uzbekistán y Kazajistán por el proyecto ruso del gasoducto South Stream y tras retirarse finalmente Azerbaiyán del proyecto en junio de 2013, siendo elegida la vía alternativa del gasoducto transadriático, Trans Adriatic Pipeline (TAP), mediante el cual Azerbaiyán exportará su gas hacia Europa a través de Grecia, Albania e Italia. Pero esta alternativa solo puede transportar un tercio del proyecto Nabucco, por lo que no supone ninguna amenaza para los intereses de Rusia.

Por parte rusa, en 2007 presentó el proyecto del gasoducto South Stream, gasoducto de 39.000 millones de dólares que recorrería Rusia, Bulgaria, Serbia, Hungría, Eslovenia e Italia. Debía comenzar a construirse en junio de 2014 y garantizaba el suministro de gas ruso a la UE evitando el paso por la inestable Ucrania tras la crisis del gas del invierno del 2006 y los recortes de suministro producidos en incontables países de la UE (el 80% del total del gas que la UE importa de Rusia pasa por Ucrania y abastece en más de un 70% a países como Finlandia, Eslovaquia, Bulgaria, Grecia, Austria, Hungría, República Checa y los países bálticos), pero dicho proyecto dormirá en el limbo de los sueños tras la negativa de Bulgaria a participar, ante las presiones de Estados Unidos.

 

EL ‘FRACKING’ COMO ARMA ESTRATÉGICA L

a producción de petróleo de forma convencional en Estados Unidos alcanzó su máximo nivel en 1970 y después comenzó a declinar, teniendo que importar en 2005 casi el doble del total de crudo producido en dicho país. Esto fue así hasta la aparición de la revolucionaria y controvertida técnica del fracking, hija del ingeniero George Mitchell y consistente en la extracción de gas natural no convencional mediante la fracturación de la roca madre (pizarras y esquistos) para la extracción de gas de esquisto (shale gas) y de petróleo ligero (shale oil), técnica de la que Estados Unidos sería pionero en su aplicación, especialmente en Texas, Oklahoma, Dakota del Norte, California, Colorado y Montana.

Según datos publicados por la Administración de Información de Energía de Estados Unidos, dicho país se habría convertido ya en el principal exportador mundial de combustibles refinados (gasolina y diésel), pudiendo convertirse en el horizonte de 2017 en exportador neto de gas natural licuado (LNG) y además habría alcanzado una producción mensual de crudo equivalente a 6,5 millones de barriles diarios provenientes de los campos tradicionales y de las nuevas explotaciones de petróleo en roca porosa de Dakota del Norte. Sin embargo, teniendo en cuenta que el consumo doméstico de Estados Unidos se movería en la horquilla de los 16 a los veinte millones de barriles diarios, seguirá siendo importador neto de crudo hasta 2035, estimándose que en 2020 el petróleo importado representará tan solo el 26% de su mercado interno debido a la combinación de una alta producción interna y de un bajo consumo de crudo en el país tras asistir a su progresiva sustitución por biocombustibles, LNG y energías renovables, especialmente eólica, biomasa y fotovoltaica.

 

¿RALENTIZAR EL NORD STREAM 2?

Por otro lado, la coalición de intereses ruso-alemanes ideó el proyecto Nord Stream, que conectará Rusia con Alemania por el mar Báltico con una capacidad máxima de transporte de 55.000 millones de metros cúbicos de gas al año y con una vigencia de cincuenta años. Dicha ruta se estima vital para Alemania y los países nórdicos, por lo que ha sido declarado de “interés europeo” por el Parlamento Europeo, pero se intuye nefasto para la geopolítica de Estados Unidos y crucial para la geoestrategia energética rusa pues con dicha ruta se cerraría la pinza energética al descartar a las repúblicas bálticas y Polonia como territorio de tránsito. Rusia conseguirá así su doble objetivo geoestratégico de asegurar un flujo ininterrumpido de gas hacia Europa por dos vías alternativas y convertir de paso en islas energéticas tanto a Ucrania como a las repúblicas bálticas.

Sin embargo, el objetivo inequívoco de Estados Unidos es sustituir la rusodependencia energética europea (30% del gas que importa la UE procede de Rusia) por la frackingdependencia, inundando el mercado europeo con el LNG (gas natural frackeado en Estados Unidos y transportado mediante buques gaseros) para hundir los precios del gas ruso. Otro objetivo sería impulsar la utilización de la técnica del fracking en todos los países de Europa Oriental, el llamado arco del fracking europeo, que se extendería desde los países bálticos hasta la Ucrania europea, pasando por Polonia, República Checa, Eslovaquia, Hungría, Rumanía y Bulgaria y que dependerá de la tecnología de empresas estadounidenses como Chevron o Shell.

En consecuencia, el Senado de Estados Unidos presentó un proyecto de enmienda que introduce nuevas restricciones económicas contra el gasoducto Nord Stream 2 -con una longitud de 1.200 kilómetros que transportará por el Báltico directamente el gas ruso hasta Alemania y que debería empezar a funcionar en 2020- tras la denuncia de Polonia de que “dicho gasoducto podría fortalecer la dependencia de la UE del gas ruso y consolidar la posición dominante de Gazprom en el mercado europeo”. Polonia aspira a convertirse, con sus dos terminales, en el principal centro de distribución de LNG de importación en territorio europeo y habría conseguido paralizar la construcción del citado gasoducto, no siendo descartable que se ralentice la construcción del Nord Stream 2. Ello sería un misil en la línea de flotación de la política energética diseñada por Alemania por lo que, tras las próximas elecciones alemanas, podríamos asistir a una tardía reafirmación de la soberanía alemana que tendrá como efectos colaterales el distanciamiento de Estados Unidos y el fortalecimiento del Eje París-Berlín que terminará por dibujar una nueva cartografía europea en el horizonte de 2020.

DEIA