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Los kurdos de Irak ponen las urnas PDF Imprimir E-mail
Jordi Joan Baños   
Miércoles, 06 de Septiembre de 2017 15:47

Los kurdos tienen a tiro, por primera vez, el sueño del Kurdistán. Aunque no todos ellos, ni en todas partes. Solo los habitantes de la región kurda de Irak están llamados, este 25 de septiembre, a pronunciarse en referéndum sobre la independencia. Polémicamente, también habrá urnas en zonas disputadas como Kirkuk o Sinyar, donde la participación dibujará las fronteras iraquíes del nacionalismo kurdo.

Un Kurdistán libre sería para muchos una reparación histórica, aunque sólo incluya a un 20% de los kurdos. El anunciado referéndum cuenta además con padrinos declarados tan poderosos como Rusia e Israel. También tienen el apoyo de EE.UU. o Reino Unido, aunque estos centran sus críticas en el calendario. Sin embargo, todos los países vecinos se oponen, con la excepción, claro está, de sus propias y expectantes minorías kurdas.

La desconexión entre Erbil –la capital kurda– y Bagdad se remonta de hecho a la guerra del Golfo de 1991, cuando se estableció una zona de exclusión aérea y un protectorado controlado por la CIA. Ni siquiera es la primera consulta. Hubo una en 2005, convocada en paralelo a los comicios generales “por la sociedad civil”. El 98% de síes debió contribuir a que Irak se dotara meses después de una constitución federalista.

Esta vez el referéndum lo avala el gobierno regional, aunque las circunstancias de la convocatoria son poco edificantes. Fue acordado en junio entre el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) de los Barzani y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK) de los Talabani. No por el Parlamento, ya que las milicias del presidente kurdo Masud Barzani –cuyo mandato expiró hace dos años– no permiten que la Cámara se reúna desde el 2015.

Asimismo, tanto la segunda fuerza, el Movimiento por el Cambio (Gorran), como un partido islámico son reticentes al referéndum. Según el experto de la Universidad de París, Hardy Mède Mohammed, “Gorran teme que la independencia entregue el país a la familia Barzani”. También aducen que el Gobierno pretende tapar la corrupción y la mala gestión de los últimos años. Mientras tanto, los periodistas que critican a Barzani ponen en riesgo su vida. Y una televisión que se ha atrevido a hacer campaña por el no dice haber recibido una orden de cierre.

Aunque la tradición laica de los kurdos o la relativa igualdad de sus mujeres son motivo de respeto en Occidente, presentar al Kurdistán iraquí como un oasis democrático tal vez sea excesivo. Su primer ministro, otro Barzani, es sobrino del presidente. Mientras que el viceprimer ministro es el vástago de Yalal Talabani, expresidente de Irak. Ambas facciones se atrincheraron con sus milicias de peshmergas en sus respectivos feudos de Erbil y Suleimaniya, desde 1991 hasta la invasión que se produjo en 2003.

Sobre el papel, el PDK es conservador y cercano a Turquía, mientras que el UPK es izquierdista y cercano a Irán. “Teherán juega al divide y vencerás”, opina el sociólogo kurdo-iraní Masud Sharifi. El bálsamo prometido por Barzani es que no se volverá a presentar y que un mes después del referéndum habrá elecciones. También hay quien ve en ello la prueba de que el referéndum es una treta para ganar escaños.

También trae cola, en Bagdad y en Ankara, su celebración en zonas disputadas que los peshmergas kurdos han ido recuperando del Estado Islámico (EI) –y de paso de Irak– en los últimos años. Escuece el caso de la arabizada Kirkuk, la Jerusalén kurda, donde también vive una minoría turca. Aunque el Gobierno central tampoco cumplió su compromiso de consultar a la población sobre su adscripción regional antes del 2008. Hasta ahora, la lucha contra el EI ha evitado un choque frontal entre Bagdad y Erbil. Pero no se descarta que el Gobierno iraquí intente recuperar Kirkuk y sus yacimientos con el apoyo de Irán.

En Erbil se han levantado edificios rutilantes, pero casi todo viene de Turquía y el maná del petróleo se reparte entre muy pocos. Hasta el punto que el Gobierno acostumbra a deber más de tres meses a funcionarios y peshmergas. Sus acreedores son las petroleras, a las que Masud Barzani ha ofrecido derechos de explotación por miles de millones de dólares.

“El Kurdistán iraquí no puede sobrevivir sin Turquía, mientras que Erdogan cuenta con Barzani para frenar la hegemonía del PKK en el espacio kurdo”, explica Jordi Tejel, profesor de la Universidad de Neuchatel y autor de libros de temática kurda. “Algunos militares turcos empiezan a ver con buenos ojos que los kurdos tengan algo parecido a Cisjordania, para cerrar las puertas al Gran Kurdistán”. Cabe decir que la mitad de los kurdos viven en el este de Turquía, donde la guerra entre el PKK y el ejército turco se reanudó hace dos años. Pero la plana mayor del PKK se refugia en las montañas de Qandil, en el Kurdistán iraquí, junto a su filial iraní, el PJAK. Su filial siria, el YPG, le arrebataba la semana pasada al EI la ciudad vieja de Raqqa.

 

El salvoconducto internacional del petróleo

A pesar de que la exportación de crudo es competencia de Bagdad, la región kurda empezó en el 2014 a bombear y transportar petróleo por su cuenta hasta Turquía. Cientos de miles de barriles diarios que evitan las tasas y los oleoductos iraquíes, antes de desembarcar en Israel, según fuentes no confirmadas. Como represalia, Bagdad privó a la región de su 17% del presupuesto federal, con graves consecuencias. La irrupción previa de petroleras oportunistas, con sede en Londres o Emiratos y ya bregadas en Sudán del Sur o Somaliland, contribuyó al escenario de ruptura. Ese mismo 2014, Abu Bakr al-Bagdadi proclamaba el califato en Mosul, sin que el contrabando de petróleo pareciera resentirse de la guerra con el llamado Estado Islámico.

La reciente firma de un macrocontrato de explotación y exportación con la rusa Rosneft supone un nuevo giro estratégico de Barzani, que también se deja cortejar por ministros de Asuntos Exteriores como el francés. Por todo lo anterior, los paralelismos con el referéndum catalán, convocado para seis días después, son menos complacientes que en el caso de Escocia. “En el fondo es lo mismo –opina el profesor Jordi Tejel, de la Universidad de Neuchatel–, pero el sufrimiento de los kurdos bajo Sadam Husein es incomparable”. Eso sí, a su juicio, “habrá que estar atentos a la reacción de las potencias y de la ONU, por si sienta precedente”.

La previsible victoria del sí no conduce irremediablemente a la independencia. Para Mède, “el Gobierno kurdo usará el resultado para presionar al estado post-Daesh y parar la actual dinámica que pone entre paréntesis el federalismo. No obstante, si el sí se impone masivamente, abre el camino”. No es fácil mantener unido un Estado en el que, en palabras del propio Barzani, “los chiíes están traumatizados por el pasado, los suníes por el futuro y los kurdos por ambos”. “Barzani juega las dos cartas –abunda Tejel– pero las dos implican negociaciones: finanzas, seguridad, refugiados...”. Ni el mismo Barzani descarta un aplazamiento de última hora, siempre y cuando la UE, EE.UU. o la ONU garanticen que un referéndum pactado para antes de 2019 sea vinculante para las dos partes. Lo que no admite discusión, concluye, es que “el sacrificio de los peshmergas contra el Estado Islámico en Siria e Irak debe ser correspondido”.

LA VANGUARDIA