Inicio Munduan barna Serguéi Mironenko: “Lenin supo tomar muy bien el pulso a su tiempo”

Serguéi Mironenko: “Lenin supo tomar muy bien el pulso a su tiempo” PDF Imprimir E-mail
Gonzalo Aragonés   
Martes, 07 de Noviembre de 2017 09:53

OCTUBRE ROJO 100 AÑOS DESPUÉS

El historiador ruso Serguéi Mironenko sostiene que el líder bolchevique no era clarividente pero sí muy pragmático y aprovechó la debilidad de Kérensky para hacerse con el poder

Los bolcheviques, a pesar de sus mensajes demagogos, fueron los únicos que quisieron en 1917 hacerse cargo de un poder “tirado por el suelo”, explica el historiador ruso Serguéi Mironenko, jefe científico del Archivo Estatal de Rusia. La población rusa quería mejoras sociales y rechazaba la guerra. Al contrario que el gobierno provisional de Kérenski, débil y timorato, Vladímir Lenin era un verdadero líder político, con las ideas y los objetivos muy claros, que entendió el tiempo que le tocó vivir y supo sacar partido de la realidad.

 

El año 1917 no fue el único año revolucionario de esa época. ¿Vivía Rusia una crisis que se arrastraba desde la Revolución de 1905?

La crisis fue larga. La Revolución de 1905, que se prolongó hasta 1907, y las insurrecciones campesinas que se extendieron por todo el país fueron resultado de haber mantenido sin resolver la cuestión campesina. La mayoría de la población de Rusia, un 80-90 %, vivía en el campo. Piotr Stolipin (Primer ministro y ministro del Interior entre 1906 y 1911) estuvo, por una parte, sofocando estos incendios, saqueos, asesinatos de terratenientes, y por otro, estuvo dando a los campesinos lo que querían: tierra, propiedades.

 

Sabía que había un problema.

Es conocido que la base de cualquier Estado es la clase media y Stolipin intentaba crear una base de propietarios que se ocupasen de la agricultura y se convirtiesen en apoyo del Estado y del poder. Según la historiografía soviética, la causa de la Revolución de 1917 fue el aumento de las necesidades y el empobrecimiento de la masa trabajadora. Pero la historia es una ciencia, y esta evoluciona. Estudios de los últimos años han señalado un destacado papel a la reforma de 1861. Con la liberación de los siervos, Rusia recibió un fuerte estímulo económico. La mejora de las condiciones de vida también fueron un estímulo para la revolución, ya que el pueblo se dio cuenta de que podía vivir mejor, pero, al mismo tiempo, que el Gobierno no se daba prisa para conseguirlo.

 

Los bolcheviques no protagonizaron ni la revolución de febrero ni la expulsión del zar Nicolás II. De hecho, Lenin regresó a Rusia en abril. ¿La idea de tomar el poder se fue creando ese año?

Ese año se fue creando la sensación global de que el poder “estaba tirado por el suelo” y nadie quería cogerlo, y los bolcheviques lo tomaron. Una explicación, por supuesto, está en la debilidad del Gobierno Provisional de Alexánder Kérenseki. Los bolcheviques, como hombres sin moral, eran demagogos y enseguida lanzaron consignas como el fin de la guerra, bayoneta en tierra, la tierra para los campesinos, las fábricas para los trabajadores, que en realidad a nadie interesaban... De hecho, tras cierto tiempo, se crearían los koljós estalinistas y quitarían toda la tierra a los campesinos.

 

¿Qué cambió?

El gobierno provisional cometió un gran error político. Su misión era preparar la Asamblea Constituyente y elecciones, pero en lugar de satisfacer las demandas de los campesinos de recibir tierras y propiedades, decía que todo se resolvería después de formada la Asamblea.

 

La gente no quería esperar.

En verano de 1917 los aliados de Rusia, entre ellos Francia, pidieron ayuda. Pero enseguida quedó claro que nadie quería dar la vida por ese gobierno provisional, y el Ejército dejó de existir, comenzaron las deserciones masivas. El “Prikaz número 1”, que derribó al ejército, decía que en cada compañía, en cada batallón, se creaban comités de soldados y que estos obedecerían órdenes no de los oficiales, sino del comité. Después de eso, la gente dejó de combatir. Los soldados alemanes hicieron lo mismo, así que fumaban juntos, bebían juntos y la consigna era dejar de luchar. El gobierno provisional, por el contrario, seguía con su “¡Adelante!¡Al ataque!” Cometió un error tras otro. Me parece que esto explica, en gran medida, lo poco desarrollada que estaba en Rusia la vida política.

 

Los bolcheviques lo aprovecharon.

Lo intentaron primero en julio de 1917, durante una manifestación. Pero no lo lograron. Sí lo hicieron en octubre. Todo pasó como ellos querían. Incluso Lenin decía que era un milagro que tomaran el poder.

 

No se lo creía.

A principios de febrero estaba en Suiza en un congreso socialdemócrata y decía a los más jóvenes que serían ellos los que verían la revolución, no los más veteranos como él. No fue un político clarividente. Pero cuando regresó a Rusia como líder de los bolcheviques la situación era muy interesante, ya que el gobierno provisional estaba atrapado por el Sóviet de Petrogrado, que dirigía Trotski.

 

Trotski fue el organizador de la revolución de octubre.

Pero Lenin era un político con las ideas claras. Cuando comenzó la reunión del Sóviet de Petrogrado en la que intervino Trotski, apareció Lenin. Y Trotski dijo: “Ha llegado nuestro verdadero líder Vladimir Ílich, al que cedo el lugar en la tribuna”. Fue cuando Lenin dijo su famosa frase: “La revolución proletaria-campesina de la que tanto hemos hablado se ha cumplido”. Trotski comprendía que Lenin era el verdadero líder de la revolución. Se puede decir mucho malo sobre Lenin, pero era un político con las ideas claras, con un programa muy pragmático, admitamos que con un carácter demagogo, pero que supo tomar muy bien el pulso a su tiempo.

LA VANGUARDIA