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La continuidad del miedo PDF Imprimir E-mail
Suso De Toro   
Miércoles, 31 de Enero de 2018 09:24

¿Que si pervive el franquismo en este Reino de España? La respuesta a esa pregunta tiene que ser que, claramente, sí desde todos los puntos de vista.

Basta la evidencia de que las bases jurídico políticas del Estado actual son las Leyes Fundamentales del Movimiento Nacional, la Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado (26 de Julio de 1947) y, finalmente, la Ley para la Reforma Política, todas ellas aprobadas por las cortes franquistas. Fue esa base jurídica la que generó unas nuevas cortes constituyentes que redactaron la constitución vigente.

En un proceso político y social histórico como fue ése hay complejidad y matices pero en sustancia lo ocurrido fue la realización paso a paso de ese proceso de reforma del nuevo Estado franquista, tutelado por el Ejército franquista y el padrino norteamericano. Eso solo puede ser negado por la subjetividad de nuestra memoria, tan autocomplaciente y confortadora, por el desconocimiento histórico y político.

Fue el poder omnímodo y soberano de Franco quien, dieciséis años después de acabar su guerra y cuando las potencias fascistas europeas habían sido derrotadas y con ellas la posibilidad de continuar un régimen caudillista puro, decidió que el Estado que había creado se continuase en una monarquía. A Franco se le niega con superficialidad la inteligencia pero su reconocida astucia es mucho más que eso, no decidió restituir la continuidad de la monarquía de la casa de Borbón sino que instituyó una propia. Las monarquías se legitiman por la herencia de la sangre, la magia de la genética, y es un monarca quien abdica y cede su lugar en la corona a su heredero, ése no es el caso de la monarquía reinante. Fue Franco quien dictó primero la Ley de Sucesión y quien en 1966 designó a Juan Carlos de Borbón como su sucesor, previamente lo había traído de Italia y lo educó políticamente, y fueron las cortes de Franco quien lo proclamó rey en 1975. Pasaron dos años y sólo fue en 1977 cuando Juan de Borbón, reconociendo que su línea monárquica se había extinguido, cedió sus derechos sobre la corona. Así, la actual monarquía es desde su nacimiento y por su misma naturaleza la sucesora de Franco.

Algo que prueba la inteligencia política de Franco es cómo educó a su sucesor y discípulo político, Juan Carlos, quien recordando la ilegitimidad de su origen supo sortear circunstancias y estar atento a los cambios para la supervivencia de la monarquía. Es evidente que no se preocupó de transmitir y educar a su sucesor en tener cintura para capear temporales y saber acercarse a la gente. Felipe en sólo un año demostró una confianza total en el destino eterno de la monarquía en España y una interpretación de la corona distinta de la de su padre, acompañado de un lenguaje y actos que prueban que cree que su poder es ejecutivo y que debe intervenir y ejercerlo. La miseria intelectual y política española se demuestra en que eso no ha sido estudiado, señalado y criticado apenas sino más bien obviado y ocultado en un camino veloz de reconfiguración del sistema político bajo esta etapa de gobiernos de Rajoy con el asentimiento del PSOE.

No me puedo extender aquí sobre cómo todos los aspectos en que se mantuvo la continuidad del franquismo en las estructuras del Estado, su ideología y sus mismos representantes. Desde la pervivencia de imágenes y culto a Franco en academias militares, edificios públicos, calles, pueblos... Exhibición de banderas, cantos y signos fascistas impunes. Incluso las mismas personas y en ocasiones sus hijos ocupando los mismos puestos en judicatura, fuerzas armadas... No es posible trazar el organigrama de la continuidad de la casta de los ganadores de la guerra civil, baste decir que el Consejo de Estado está presidido por un antiguo procurador en Cortes. Hace unos días la Guardia Civil ocupaba nuevamente y registraba las sedes del Omnium Cultural y la ANC mientras no irrumpe en la sede de la Fundación Francisco Franco y el Valle de los Caídos sigue venerando con dinero público la memoria de Franco, ésa es, cuarenta años después, esta España.

Pero la continuidad institucional del franquismo jurídico político está indisoluble y necesariamente acompañada del franquismo sociológico. Es decir, aunque el reparto sociológico no es igual en los distintos territorios del Estado, la mayoría o el conjunto de la sociedad española es sociológicamente franquista y ello la conduce a ser en buena parte también ideológicamente franquista. Ni siquera es una opción, es un destino.

Contra lo que se suele decir el franquismo no fue una dictadura sino un régimen totalitario y que utilizando de modo combinado el terror y la ideología creó un modelo de persona. Pudo hacerlo porque ya durante la guerra la estrategia de Franco no fue dirigida a ganarla militarmente sino a aniquilar sectores sociales enteros, un verdadero genocidio, y a permitir la supervivencia únicamente de aquellos sectores que encarnaban su idea nacionalista de España o podían ser educados en ella. El franquismo fue una utopía nacionalista española.

Y lo que los catalanes han visto en los últimos meses es como el Estado posfranquista ha utilizado alternativamente el terror y la ideología para que sectores sociales de puro franquismo sociológico se movilizasen contra sus vecinos. Miedo y resentimiento. El Gobierno con el apoyo de C’s y PSOE, que ya apoyó en su día la dictadura de Primo de Rivera, y con el Rey amenazaron con volver a un recurrente episodio en la historia de España, utilizar el Ejército y la policía contra la población civil. Ello despertó el miedo no hacia los catalanes sino al propio Estado, un miedo tan real como inexpresado. En España a quien tenemos miedo no es a los portugueses, marroquíes o franceses, tampoco a los catalanes, tenemos miedo al Estado, miedo a España.

Ese miedo profundo e inarticulado a “volver a las andadas” es lo que educó a generaciones de españoles y se transmite por el medio familiar y ambiental. Y va acompañado de la ideología nacionalista españolista que cada día emiten los políticos y los medios de comunicación de la corte, propiedad del IBEX, y se adereza con el resentimiento y la envidia de los pobres hacia los ricos. En las comunidades que más fondos reciben como transferencia de otras se cultiva y anida el populismo contra los catalanes. En vez de aprender y emular a un país capaz de crear riqueza se anima, desde la política, el resentimiento. Y en vez de aprender de Catalunya la libertad, se la teme y se anima a castigarla, encerrarla y golpearla.

Eso es hoy esta España y siento no poder retratar otra. Nadie ha tenido valor para dibujar otra y cualquier atisbo de reformarla estos años ha sido liquidado desde dentro de la corte, del propio Estado.

ARA