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En nombre de la ley todo está permitido PDF Imprimir E-mail
Josep Ramoneda   
Miércoles, 07 de Febrero de 2018 19:40

Pérez de los Cobos, coronel de la Guardia Civil que coordinó el operativo del 1-O, dijo que había advertido al consejero Forn "que el cumplimiento de la ley está por encima de la convivencia ciudadana". Peculiar manera de confundir el instrumento con el fin. Si nos dotamos de una ley es para tener reglas que faciliten el buen convivir entre las personas. Es obvio: la ley está para cumplirla. Pero, como explica Josep María Ruiz Simón, desde que en la época medieval la Iglesia católica aceptó el principio de tolerancia, sabemos que a veces se debe permitir un mal menor para evitar uno mayor. Y si esto valía para la ley divina más debe valer para la humana. De hecho, la aplicación de la tolerancia en el mundo teocrático era arbitraria y excepcional; en democracia forma parte del principio de libertad.

¿El mal menor de celebrar un referéndum ilegal, por lo tanto, sin efectos prácticos, justificaba el mal mayor de impedirlo con cargas policiales indiscriminadas contra ciudadanos? Sólo se puede concluir que el gobierno necesitaba dejar constancia de su fuerza.

La ley está para proteger a la ciudadanía. Y por eso la prudencia es una virtud cardinal en el ejercicio de las funciones de gobierno. Parece que a De los Cobos le han enseñado otra cosa: en nombre de la ley todo está permitido. Tiene mucho que ver con el clima creado por el combate ideológico contra el independentismo. ¿Cuántas veces hemos oído de Rajoy y otros portavoces del oficialismo la apelación al "imperio de la ley"? Más allá de las connotaciones negativas de una expresión familiar del franquismo, la idea de imperio remite a un poder absoluto que no es lo que corresponde a una democracia, como sistema para evitar los abusos de los que mandan. Hablar de imperio de la ley transmite inseguridad y autoritarismo.

"El derecho es la moral escrita de una sociedad", leí en un artículo del catedrático Francesc de Carreras. Y me quedé perplejo. Precisamente una de las conquistas de la tradición liberal es separar la moral de las exigencias de conducta emanadas del poder (religioso o civil). Ni es moral todo lo que es legal ni es inmoral todo lo que es ilegal. No lo volvamos a mezclar.

ARA