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Así nació la mafia siciliana PDF Imprimir E-mail
David Ruiz Marull   
Lunes, 12 de Febrero de 2018 14:15

A FINALES DEL S.XVIII

¿Qué tendrán que ver los limones y las naranjas con la mafia siciliana? Pues mucho, a juzgar por la investigación que han llevado a cabo un grupo de economistas de las Universidades de Manchester, Belfast y Göteborg. Según su estudio, los cítricos son los culpables del nacimiento de uno de los sindicatos del crimen más famosos del mundo.

Para desentrañar esta historia hay que remontarse en el tiempo. Concretamente hasta 1753, año en el que el médico escocés James Lind publicó su Tratado sobre la naturaleza, las causas y la curación del escorbuto. Este exmiembro de la Royal Navy descubrió, durante sus viajes a bordo del Salisbury, como los limones y las naranjas eran el mejor remedio para esta enfermedad producida por la deficiencia de Vitamina C y que afectaba especialmente a aquellos marineros cuya dieta era escasa en frutas y verduras.

Esta historia comienza en 1753, el año en que James Lind publicó la cura del escorbuto

El impacto de este hallazgo entre la población fue tremendo. Y los mercados no daban abasto para cubrir la creciente demanda de cítricos. Cien años después del descubrimiento de Lind, Italia se había convertido en uno de los principales productores de Europa, pero los agricultores estaban desorganizados y no podían cumplir con los pedidos que les llegaban desde otros países.

Necesitaban urgentemente a alguien que redefiniera el negocio, un actor capaz de proteger la producción de cítricos del acoso de los delincuentes, un intermediario entre productores y exportadores. “Podemos afirmar que la mafia apareció en aquellos lugares donde los agricultores obtuvieron grandes ganancias operando dentro de un estado de derecho débil”, afirma el estudio publicado en el Journal of Economic History.

Los expertos se han basado en los datos extraídos de un análisis parlamentario (la investigación Damiani) que se llevó a cabo entre 1881 y 1886 para examinar las condiciones del sector agrícola y del campesinado en cada región de Italia. Después de su primera aparición en la década de 1870, la Cosa Nostra (que es como se conoce a esta organización en EE.UU.) pronto se infiltró en las esferas económica y política tanto de Italia como de Estados Unidos.

Durante años los académicos vincularon la aparición esta organización criminal con la debilidad de las instituciones, la aplicación deficiente de los derechos de propiedad e incluso se planteó que surgió como legado del feudalismo junto con el desarrollo de los latifundios. “Estas teorías no explican, sin embargo, la considerable variación en el crecimiento del hampa en diferentes áreas sicilianas”, afirman los investigadores.

La Cosa Nostra pronto se infiltró en las esferas económica y política tanto de Italia como de EE.UU.

“Los factores económicos o relacionados con el mercado tuvieron más impacto que el sistema político bajo el opresivo dominio de los borbones en Sicilia (1816-1860). El crecimiento y la consolidación de la mafia siciliana están fuertemente asociados con un aumento externo en la demanda de limones desde el año”, aseguran.

Sicilia disfrutaba de una posición dominante en el mercado internacional de cítricos. El aumento de la demanda tras el hallazgo de James Lind provocó un extraordinario aumento de los beneficios, sobretodo en aquellas zonas con mucha agua y temperaturas suaves y constantes, ideales para la producción de estas frutas.

Se mezclaron las altas ganancias con un estado débil, un bajo nivel de confianza interpersonal y la pobreza generalizada para convertir a los productores de limones en el blanco predilecto de los delincuentes. “Ni los Borbones ni el gobierno formado tras la independencia de Italia (1861), tenían la fuerza o los medios para hacer cumplir los derechos de propiedad privada. Por eso, los agricultores buscaron alguien que les protegiera y organizara los contactos en los puertos entre los minoristas y los exportadores”, explican.

“Miramos el archivo Damiani y encontramos que la presencia de la mafia en la década de 1880 estaba fuertemente asociada con el cultivo de cítricos. Ninguna otra industria parecía tener el mismo impacto en la actividad de esta organización”, añaden. La opción más segura para aquellas personas bajo el punto de mira de la mafia era establecer una relación con sus líderes y aprovechar al máximo estas conexiones.

La investigación Damiani, realizada entre 1881 y 1886, es la base de este estudio

Los investigadores se basan en los textos publicados por Niccolò Turrisi Colonna, un terrateniente y político que estaría vinculado a Antonino Giammona, el jefe mafioso de Uditore. Turrisi, en su estudio Seguridad Pública en Sicilia, publicado en 1864, advirtió que los brutales intentos del gobierno italiano de aplastar al hampa solo empeoraría las cosas “alienando a la población”.

“Otro prominente siciliano, el príncipe Pietro Mirto Seggio, contrató como principal guardián de su granja a un hombre llamado Giuseppe Fontana, el principal sospechoso de la muerte de Emanuele Notarbartolo, un aristócrata, banquero y exalcalde de Palermo. Se cree que el asesinato de Notarbartolo en 1893 fue el primer gran asesinato de la mafia en Sicilia de una persona no afiliada a una banda criminal”, recuerdan los expertos.

La mejor opción para las personas bajo el punto de mira de la mafia era establecer una relación con sus líderes

La familia Greco, que se convirtió en una de las organizaciones criminales más grandes de Italia y de Estados Unidos empezó su negocio gracias a la renta de una explotación limonera situada en la finca de los Tagliavia, una antigua familia siciliana que ostentaba el título de señores de Castelvetrano.

“Al igual que muchos otros negocios, legítimos o no, la mafia siciliana tuvo un comienzo humilde, con raíces en la tierra. El auge de los cítricos llegó en el momento adecuado para que algunos de los individuos con menos escrúpulos de la Sicilia rural aprovechasen esos tiempos sin ley y se establecieran como el verdadero poder“, concluyen.

El auge de los cítricos hizo que los individuos con menos escrúpulos de Sicilia aprovechasen esos tiempos sin ley

LA VANGUARDIA