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Con C de Crimea ... o de Cataluña PDF Imprimir E-mail
Xavier Roig   
Lunes, 12 de Febrero de 2018 14:20

He pasado unos días en Crimea visitando Yalta y Sebastopol. También he podido observar un poco el país yendo y viniendo del aeropuerto de Simferopol. Actualmente sólo se puede volar desde territorio ruso.

El tono del país es bajo, económicamente hablando. Y todo parece indicar que el proceso de rusificación difícilmente tendrá marcha atrás. Todos los cajeros automáticos te despachan rublos, todos los coches tienen matrícula rusa... En Sebastopol la presencia militar es elevadísima, ya que, de siempre, se encuentra ubicada la flota principal de Rusia en el suroeste. Adicionalmente, hay varias bases aéreas estratégicas, origen de muchas de las misiones militares que están teniendo lugar en la guerra de Siria.

La península de Crimea es una porción de territorio que se adentra en el centro de la costa septentrional del mar Negro. El clima es mediterráneo pero más húmedo y algo más frío. La tierra es fecunda y se producen vinos perfectamente homologables. Siempre ha sido un territorio codiciado. Su fertilidad y su conexión con el Mediterráneo ya la hicieron punta de lanza comercial de griegos, romanos, otomanos, genoveses... Su historia, pues, ha sido tradicionalmente molesta para sus habitantes, que también han ido variando de etnia y cultura.

Los mongoles se establecieron a partir del siglo XIII y siempre mantuvieron trifulcas con las naciones e imperios vecinos, entre los que están los otomanos. La península pasó a manos de Rusia por la anexión que de ella hizo Catalina la Grande, a finales del siglo XVIII. Con diferentes avatares, Crimea llegó a la época soviética integrada dentro de la república rusa, ya que la URSS fue, de hecho, heredera del Imperio Ruso. Llegado 1954, sin embargo, el entonces secretario general Nikita Jruschov separó Crimea de Rusia y la asignó a Ucrania. A pesar de que la población era, como lo es ahora, mayoritariamente rusa. El hecho no tuvo más trascendencia que la de un acto administrativo. En la URSS el federalismo era una mascarada y el sistema estaba perfectamente centralizado en Moscú. O sea, todo fue, parece, uno de los despropósitos que a menudo enganchaban a Jruschov.

Pero he aquí que cuando se colapsó la URSS, Ucrania se declaró independiente y, de paso, arrastró, lógicamente, a Crimea (1991). La situación resultó chocante, ya que el territorio -hasta hacía 37 años, una 'temporada histórica'- había sido ruso. Sin embargo, la población votó afirmativamente la propuesta de Constitución ucraniana por algo más del 50% del censo (1996). Pero cuando Ucrania abandonó la tutela de Rusia (2013-2014) y el nuevo gobierno se declaró abiertamente pro Unión Europea (UE), muchos ciudadanos de Crimea hicieron ruido y protestas y se organizó un referéndum de autodeterminación -no reconocido internacionalmente- que, según dice Moscú, se ganó por más de un 97%. Las autoridades de Crimea decidieron, pues, declararse independientes para pasar, acto seguido, a formar parte de Rusia. La falta de acuerdo con Occidente por la manera irregular como se había hecho todo -añadido a los conflictos de las partes rusófonas del este de Ucrania- provocó las sanciones económicas a Rusia que, en su momento, fueron contestadas con embargos a las importaciones de productos frescos de Occidente, etc., etc. En definitiva, una espiral.

Hablo con amigos y conocidos rusos que tienen familia en Crimea. No detecto rencor ni nada parecido hacia los ucranianos. Simplemente piensan que aquel pedazo de territorio ha sido ruso desde hace siglos y que no tiene sentido que sea ucraniano por un exabrupto de Jruschov. Les pregunto, vista la situación compleja, si creen que hacer un nuevo referéndum -avalado ahora internacionalmente- podría solucionar el problema. Que los ciudadanos de Crimea decidieran de nuevo, en definitiva. Me responden que eso es lo que querrían. "Se acabarían las estúpidas trifulcas con Occidente, que nos hacen la vida difícil. Hay escasez de productos frescos que antes teníamos y, encima, ¡todo está mucho más caro!"

Cualquier solución, complicada, al conflicto con Rusia pasa por Crimea. Si la UE propusiera un referéndum pienso que Putin lo aceptaría -le sería fácil ganarlo, ya que la mayoría de ciudadanos en Crimea son de origen ruso-. Pero no parece que la UE -ergo España, sobre todo- esté dispuesta a reconocer un referéndum de autodeterminación en Crimea. Solucionaría muchas cosas, eso seguro. Pero no se hará. Si la UE acepta un referéndum en Crimea (que es lo que tocaría), todo el mundo podría preguntarse por qué no se permite también en Cataluña. ¿No les parece?

Total, que tenemos boicot de productos rusos y europeos -y malas relaciones, de paso- para rato. Me temo que por tanto tiempo como el que nos falta para que la UE acepte un referéndum en Cataluña. ¡Perdón! En Crimea, quería decir.

ARA