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Zeman-Babis: El populismo ahoga Praga PDF Imprimir E-mail
Llibert Ferri   
Miércoles, 14 de Febrero de 2018 16:12

Difícilmente podía imaginar el admirado y llorado presidente checo Václav Havel que al designar en 1998 a Milos Zeman como primer ministro sería -a medio plazo- uno de los actos políticos más envenenados de los que se idearon en el Castillo de Praga. Havel murió en 2011 y no vivió lo suficiente para ver las últimas consecuencias: lo que pueda pasar después de que Milos Zeman haya sido reelegido presidente de la República. Un Zeman que ha culminado su mutación desde la socialdemocracia del histórico partido CSSD hasta un populismo dispuesto a ser tan ultranacionalista como el de Marine Le Pen y el del húngaro Viktor Orbán: euroescepticismo -o antieuropeismo-, fascinación por Vladimir Putin, hostilidad contra los inmigrantes y un desacomplejado menosprecio de los medios de comunicación y del periodismo crítico. Además, Zeman hace tándem con un primer ministro de su cuerda, Andrej Babis, líder del partido ANO, que, envuelto en las proclamas contra la corrupción, cuestiona el euro a la vez que mantiene a los refugiados en el punto de mira.

Babis había sido llamado el Trump checo, un título que algunos prefieren atribuir a Milos Zeman porque le ven más afinidad. Y habría que preguntarse: ¿qué fue de aquella Checoslovaquia -República Checa a partir del 1992- líder en la cultura democrática en Europa, que en 1968 hizo frente a la URSS y que en noviembre de 1989 derribó el comunismo después de 12 días de revuelta cívica? ¿Cómo aquella CSSD socialdemócrata, clandestina y resistente ahora es residual y su líder, Zeman, comparsa de las esferas ultras?

Justo acabada la Guerra Fría, los checos fueron los primeros en ensayar el modelo de Margaret Thatcher y se veía venir que el neoliberalismo que se gestaba en Praga sería uno de los más compulsivos y líquidos de Europa. Jiri Pehe, asesor y amigo de Havel, no paró de alertarle: las nuevas democracias del Este tenían suficiente tiempo para zambullirse en el capitalismo pero poco para rescatar o construir sus valores democráticos. La entrada en la UE en 2004 y la inmediata depresión económica de 2008 dejaron las democracias del Este paralizadas, o quizás paralíticas. Jiri Pehe las llama "democracias a medias".

 

El 8, siempre el número 8

¿Qué cara pondrá el flamante presidente Zeman cuando Chequia conmemore los 50 años de la entrada de las tropas del Kremlin para aplastar la Primavera de Praga y detener su líder, Alexander Dubcek? Cincuenta años no son tantos. ¿Cómo podrá Zeman renovar la fascinación por Putin teniendo de trasfondo las imágenes de los resistentes del 21 de agosto de 1968 cerrando el paso a los tanques? Los checos piensan que los años terminados en 8 tienen una inquietante carga de premonición que se acaba cumpliendo y revelando: en 1918, el de la República independiente creada por Tomas Masaryk y destruida en 1938 por los nazis ante la impotencia del presidente Eduard Benes, que la recuperaría en 1945. pero no pudo impedir que Moscú la secuestrara en 1948. Parecía que la Revolución de Terciopelo de Havel de 1989 había fundido para siempre el maleficio, pero no. Milos Zeman y Andrej Babis lo han restablecido este 2018. Y en Praga el ahogo podría hacerse insoportable, como en los peores tiempos.

ARA