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Tres trilemas PDF Imprimir E-mail
Mariano Marzo   

Qué se atisba en el horizonte energético y cuáles son los principales desafíos que debemos encarar en las próximas décadas? Peter Voser, director ejecutivo de Royal Dutch Shell, considera que estos pueden agruparse en tres trilemas, cada uno de los cuales comprende tres retos íntimamente relacionados entre sí, de manera que no es posible tratar de resolver cada uno de ellos por separado, olvidándonos de los otros dos.

El primer trilema, el más conocido, es el de las “3 Es”. La sostenibilidad energética se dirime en tres frentes de batalla simultáneos. Coinciden con un triángulo con vértices definidos por la e de la economía, la e de la energía (o de seguridad de suministro) y la e de la ecología (o del medio ambiente-cambio climático). Lo aconsejable en política energética es buscar el baricentro de este hipotético triángulo. Si adoptamos medidas muy decantadas hacia uno de los vértices, corremos el riesgo de descuidar los otros dos frentes y perder la guerra. Esto quiere decir que debemos aspirar a un mix energético lo más limpio, barato y seguro posible. No nos podemos conformar con disponer de un suministro abundante y relativamente competitivo, pero medioambientalmente sucio. Sin embargo, tampoco resulta recomendable aspirar a un suministro limpio, a costa de descuidar la seguridad y/o los costes.

El segundo trilema se conoce como el de las “3 As” y deriva de las iniciales de las palabras inglesas availability (disponibilidad), accessibility (accesibilidad) y acceptability (aceptabilidad). El trilema nos dice que en materia energética no sólo cuenta que seamos capaces de encontrar nuevas fuentes, sino que también hemos de ser capaces de desarrollar la tecnología adecuada para aprovecharlas.

Finalmente, el tercer trilema se refiere al nexo existente entre las necesidades mundiales de energía, agua y alimentos, llamadas a crecer espectacularmente en las próximas décadas. El aumento demográfico y de la prosperidad global impulsará una mayor demanda de alimentos, cuya producción requerirá más agua. Paralelamente, cubrir las necesidades de agua y alimentos se traducirá en un mayor consumo energético: tratamiento, transporte, reciclado y desalinización del agua para su consumo… Por otra parte, resulta que la agricultura moderna es muy intensiva en energía ya que, entre otros productos, requiere el uso de grandes cantidades de fertilizantes procedentes de la transformación de los hidrocarburos fósiles, que, a su vez, demandan enormes volúmenes de agua para su producción y refino. Una tendencia que se reforzará más en el futuro, en la medida en que la extracción de hidrocarburos convencionales vaya siendo acompañada de un porcentaje creciente de petróleo y gas no convencionales… Así que ya ven, lo último que necesitamos en el debate energético es dejarnos llevar por las emociones. Hacen falta números y sobran adjetivos.

Mariano Marzo. Catedrático de Recursos Energéticos de la Universitat de Barcelona (UB).

 

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