| "El brillo y la luminosidad" |
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| Ferran Requejo | |||
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Desde principios del siglo XX, los astrónomos distinguen entre el brillo y la luminosidad de las estrellas. El brillo es la cantidad de energía de luz por metro cuadrado y por segundo que recibimos en la tierra desde la estrella. Es decir, el brillo depende de nuestra posición respecto a la estrella. La luminosidad, en cambio, es la energía por segundo que irradia la estrella, sin referencia a cómo se ve desde nuestro pequeño planeta. Primero HS Leavitt calculó, a partir de las llamadas Cefeidas, el brillo (a partir de la duración de una pulsación completa, 1908). Posteriormente, E. Hertzsprung (1913) y H. Shapley (1918) consiguieron traducir los valores del brillo de Leavitt en términos de luminosidad. Si se conocen el brillo y la luminosidad se pueden calcular las distancias interestelares.
Pues bien, metafóricamente podríamos decir que mientras la "luminosidad" de Cataluña resiste bien la comparación con otras realidades similares en población, riqueza y personalidad colectiva, la su "brillo" internacional, es decir, tal como el país es percibido en los escenarios europeos y mundiales, es todavía muy escasa. Esto representa un peligro en un mundo crecientemente competitivo y globalizado. Una escasa brillantez, de no corregirse, puede acabar difuminando la luminosidad del país (que con la crisis está mermando).
Tras el fracaso de las reformas del Estatuto y la financiación, el gobierno de la Generalitat ha decidido apostar por un modelo, basado en una hacienda propia, que garantice los recursos económicos actualmente drenados por el grave expolio fiscal que viene soportando el país en las últimas décadas. Pero la situación resulta paradójica: las dos partes parecen convencidas de que no hay posibilidad de llegar a un acuerdo. Es probable que en el próximo curso político no se produzca ningÚn "pacto fiscal" que represente un cambio de modelo, cercano al concierto económico. El hecho es que en el 2013 ya no se podrán mantener las ambigüedades del momento actual. Sin embargo, creo conveniente que se apoye la iniciativa del Gobierno por parte de los partidos catalanistas (PSC, ¿qué estás haciendo?) Y de la sociedad civil, al mismo tiempo que todos se preparan para la etapa posterior al de la falta de acuerdo.
La internacionalización del conflicto resulta básica para construir las alianzas y estrategias que se necesitarán en un futuro bastante cercano. Aumentar la "brillantez" de la percepción que se tiene de Cataluña por parte de actores e instituciones europeas e internacionales es una condición necesaria para garantizar el aumento de la "luminosidad" futura del país. Y para ello resulta imprescindible un liderazgo sólido, fiable, integrador, pero contundente e inequívoco sobre los objetivos colectivos del país. En este sentido es loable la actividad internacional del Presidente Mas. Pero eso no es suficiente. En este ámbito hay mucho por hacer.
La confianza en una reforma del Estado se ha vuelto irracional. El estado español es refractario a su pluralismo interno y sigue siendo, jurídica, política y económicamente hostil al país: reconocimiento nacional, esfera internacional, infraestructuras, multilingüismo, invasiones competenciales, laminación de un autogobierno escaso y de baja calidad, etc, desde de unas instituciones -monarquía, gobierno central, poder judicial, defensor del pueblo, etc-, arrogantemente ridículas y grotescas.
Es necesario que Cataluña se constituya como un actor diferenciado en el actual contexto de globalización económica, política y tecnológica. El tamaño y los recursos que genera son óptimos para ser un país competitivo dentro de la escena mundial. En poco tiempo se convertiría en un referente dentro de los estados de bienestar de la política comparada. También lo sería en los ámbitos de la solidaridad internacional y de la protección de las minorías. Con una Cataluña independiente el mundo también mejoraría.
Cuando el pacto fiscal desaparezca de la agenda política, el independentismo volverá a crecer. Probablemente la Generalitat convocará elecciones. CiU, o como mínimo CDC, deberá mostrar un perfil más soberanista, asumiendo más riesgos. Posteriormente habrá que tomar decisiones que chocarán con una legalidad constitucional que está hipotecando el futuro de todas las generaciones de catalanes, incluidas las que aún deben nacer.
En poco tiempo nos jugaremos mucho futuro. La independencia ya no es una cuestión de emotividades sentimentales, sino de racionalidad económica y de razonabilidad política y moral. Este no es ya un tema de mero pragmatismo, sino de justicia colectiva internacional.
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