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Julen Rekondo   
Lunes, 20 de Marzo de 2017 13:29

El despilfarro es un problema característico de las sociedades desarrolladas, que cada año provoca la pérdida de miles de toneladas de alimentos. Ni más ni menos, en la Unión Europea, alrededor de 89 millones de toneladas de comida, equivalentes a 180 kilos por persona, acaban cada año en la basura, es decir medio kilo de comida diario. Si hablamos de porcentajes en las fuentes de los residuos alimentarios nos encontramos con un 42% correspondiente a los hogares, un 39% que proviene de la industria manufacturera, un 14% de los servicios alimentarios y un 5% de la venta. En lo que respecta a Navarra, no hay datos estadísticos oficiales, pero no diferirán mucho de los de la UE.

Las cifras hablan por sí solas. Pero todavía son más impactantes, cuando conocemos que en la UE viven 80 millones de personas por debajo del umbral de la pobreza y que en el mundo hay 800 millones de personas que sufren hambre. Son muchas las iniciativas públicas y privadas que han puesto en marcha para reducir tal despilfarro alimentario, entre ellas, en Navarra, la inclusión en el Plan de Residuos 2017-2027, por iniciativa del Banco de Alimentos de Navarra, de una serie de medidas orientadas de forma explícita a la disminución del desperdicio alimentario, así como la labor que realizan diversos organismos con el reparto de alimentos, como el citado Banco de Alimentos, Manos Unidas u otros. Aunque son, y a pesar de la enorme voluntariedad, generosidad y solidaridad de las que están impregnadas no pocas de ellas, todavía insuficientes.

En los últimos años, la Unión Europea contempla esta problemática como uno de los puntos a abordar en la llamada Economía circular. Así, el Parlamento Europeo ha votado el 14 de marzo de 2017, a iniciativa de la Comisión de Medio Ambiente de la Eurocámara, cuatro enmiendas al proyecto legislativo de residuos de la CE. Concretamente, para el año 2030 la tasa de reciclaje de residuos debe alcanzar el 70% en la UE, frente al actual 44%, y al mismo tiempo se limita el vertido al 5%. Igualmente, se aboga por una reducción de los residuos alimentarios del 30% en 2025 y del 50% en 2030, tomando 2014 como año de referencia.

Hasta aquí muy bien, y bienvenidas sean estas propuestas aprobadas. Ahora bien, y aunque ello no sea objeto de ser legislado, no vendría nada mal que al presentar estas propuestas y argumentarlas el por qué, se hiciera una recopilación de diversas iniciativas exitosas que ya se vienen haciendo en la misma Europa en la lucha contra el despilfarro alimentario.

Algunas de ellas, quizá, ya las sabemos, y me refiero a las medidas individuales que podemos poner en práctica como la compra responsable, la buena conservación de los alimentos, el aprovechamiento de las sobras del día anterior para elaborar un nuevo plato, etc. Sin embargo, hay que ir más allá. Y me refiero, desde medidas que impliquen normativas obligatorias hasta otras, públicas y privadas, que por su interés merece la pena difundirlas e impulsarlas. Entre las primeras, es bueno recordar la aprobación por parte del Parlamento francés en febrero de 2016 de una ley que prohibía que los supermercados tirasen la comida, obligando a los establecimientos con una superficie superior a 400 metros cuadrados a firmar contratos, antes de junio de 2016, con organizaciones humanitarias para la donación de alimentos. Pero, además, de esta iniciativa que sería importante que se extendiera al Parlamento Europeo, y es la donación de alimentos por ley, está también el hecho de que muchas de estas organizaciones como los Bancos de Alimentos u otras, se les dotase, ya se hace, como es el caso de nuestra comunidad, aunque se debería de incrementar el apoyo, de los medios necesarios para almacenar un determinado volumen de alimentos, a lo que habría que añadir los gastos resultantes de locales más grandes, camiones para el transporte, cámaras frigoríficas para la conservación de alimentos, etc. Porque este paquete de ayudas no figuró cuando se aprobó la ley francesa.

También hay otras iniciativas interesantes que deberían ser conocidas y que, en el caso de Dinamarca, ha permitido la reducción de un 25% del despilfarro alimentario en los últimos cinco años gracias a activistas, como el movimiento Stop Spild Af Mad (freno al desperdicio de comida, en danés), que a través de diversos medios han sacudido las conciencias, y a la que han secundado con diversas iniciativas algunas cadenas de supermercados, y empresas.

Así, tenemos a los establecimientos de Rema 1000 (cadena de supermercados) en donde se venden hortalizas por unidad, en lugar de manojos o bolsas. Eso ayuda, sin duda, a comprar sólo lo que se necesita. O, también, por otro lado, en las cámaras de paquetes de carne, las chuletas y pechugas con una fecha de caducidad muy corta portan una pegatina llamativa y un precio reducido. Otro dato a destacar es que no hay ofertas de 3x2, que tanto inundan las estanterías de nuestros supermercados e hipermercados. Y podríamos seguir con más ejemplos.

Finalmente, otro aspecto a reseñar, es que el pasado 2016 se abrieron en Copenhague los dos primeros locales de la cadena de supermercados WeFood, que se caracteriza por vender los alimentos que otros supermercados han desechado, o productos que tienen la fecha de caducidad próxima o la han sobrepasado, con un descuento de entre el 30% y el 70%. La iniciativa ha tenido un gran éxito.

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