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¡No nos liaréis! PDF Imprimir E-mail
Salvador Cardús   
Miércoles, 31 de Enero de 2018 09:27

Leo con avidez el artículo de Antoni Dalmases sobre Joan Oliver, "Mi arma son las palabras", en el número 11 de la revista 'Vallesos', y la entrevista que Anna Cabeza y Cesc Prat hicieron a su hija, Silvia Oliver. Y a la vez se me ocurre esto: ¿con qué cultura literaria hacemos frente al gravísimo desafío político -digámoslo claro: a la nueva dictadura española- que ahora nos toca vivir? ¿Qué referentes novelísticos, poéticos, teatrales o incluso musicales sostienen el relato de nuestra confrontación política con este Estado saltamontes al que nos enfrentamos?

Los que ya tenemos unos años encima, recordamos que pudimos encarar los finales de la dictadura de Franco y los años de la perpetración del régimen del 78 con un montón de recursos literarios de intensidades diversas y todos de gran calidad. Por mencionar sólo la poesía, unos se inspiraban en la blandura ideológica del Espriu de 'La piel de toro': el de los "puentes de diálogo" y el "trata [Sepharad] de comprender y amar las razones y las hablas de tus hijos". Otros se servían de las metáforas populares y vitales que Miquel Martí i Pol había construido sobre su esclerosis múltiple:

"Lo más difícil, pues, es sobrevivir

con escamas de vidrio en las entrañas,

con plomo, en lugar de sangre, dentro de las venas"

 

Y teníamos la poesía políticamente angulosa y literariamente exquisita de Joan Oliver:

"Ciertamente, las mordazas nos hacen mudos o tartamudos, o estorban las palabras verídicas,

[...]

¡Y así son castigados quienes imploran justicia!".

Que hayamos podido recurrir a las antiguas canciones de Lluís Llach, está muy bien. Pero como ya señalé hace unos años, no hemos sido capaces de tener la 'Nova Cançó' de esta nueva revolución, o de hacerla lo bastante popular. ¿Es porque el combate también es viejo y es el mismo de entonces? Y tampoco sé ver, a la hora de pensar y vivir nuestros combates, los nuevos recursos literarios de referencia, populares y compartidos, a parte de la valiosa actividad en la red, como los excelentes 'garrotwits' de Jaume Aulet y algunos otros.

En muchos sentidos, la situación actual recuerda la de aquellos años confusos y ambiguos de los setenta. Una sociedad que se abría al mundo, pero donde todavía se ejecutaba a muerte con juicios sumarísimos. Una transición a la democracia pero sin rupturas claras con el régimen franquista y de la que, a primera hora, J.L. López Aranguren ya denunciaba el "desencanto". Políticamente, hemos ido cuarenta años atrás, pero con el agravante de que el disfraz democrático ampara el Estado de las arbitrariedades que comete ante la opinión pública española y lo excusa ante la mirada incómoda pero silenciosa de los gobiernos del mundo. De modo que el independentismo debe jugar un juego sin reglas, sometido a la arbitrariedad de unos gobiernos, partidos, medios y tribunales cobardes, obligado en consecuencia a avanzar sin hoja de ruta, por mucho que ingenuamente la reclamemos.

 

Vuelvo a Joan Oliver. Dalmases cita el primer poema de su libro 'Cuatro mil palabras (1977), Cobardes'. Qué mezcla explosiva de escepticismo, denuncia e ironía, tan oportuna para estos días de ignominia:

"El número de cobardes es infinito.

Los más miedosos golpean a la mujer

en el lecho mismo quizás, liza de amor.

[...]

Las guerras grandes, las guerras de los señores

son carnicerías inmundas entre cobardes.

Resignémonos: el miedo es la sal del mundo".

 

Y apuntémonos también estos versos:

"Nadie construirá su casa

sobre cimientos flojos".

"Hay que derribar las obras ruinosas"

"Más vale partir de cero que de heces".

Este es el poeta que, explica su hija, en 1978 no quiso votar a favor de la Constitución a pesar de los amigos que le decían que lo hiciera, que era un primer paso... Y les respondía: "¡No me engañaréis!"

¡Que la cobardía del Estado no nos enrede y se convierta en miedo entre nosotros!

ARA