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Baltasar Garzón PDF Imprimir E-mail
Isabel-Clara Simó   
Miércoles, 31 de Enero de 2018 19:32

El juez Baltasar Garzón ha publicado un libro -'La indignación activa', creo que se llama- en el que muestra su liberalismo, su adhesión a los desprotegidos y el papel solidario de la ley. Más o menos. Todo el mundo ha corrido a entrevistarlo y, en medio de sonrisas y felicitaciones, incluso ("Yo no soy independentista") ha osado mostrarse solidario con Cataluña. Quizás sufre de amnesia.

Como todavía no he de comer rabos de pasa para recordar, y como fue muy recientemente -el año 1992-, podría relatarles con cuidada fidelidad qué hizo este hombre virtuoso cuando el gobierno español -presidido por Felipe González- le ordenó que "limpiara" Barcelona de independentistas, porque venían los Juegos Olímpicos y no se podía dar un espectáculo al mundo que pusiera en cuestión la sagrada 'unidaz de la patria'. A tal efecto ordenó varias detenciones y encarcelamientos, sin pruebas, sin evidencias y sin trazas de ningún delito. Sólo que "hacían feo" en las olimpiadas. Y no sólo eso: estos muchachos denunciaron verbalmente cuando los interrogó que habían sido torturados y le mostraron las marcas correspondientes. El santificado juez Garzón hizo caso omiso de todo y continuó consintiendo que los torturaran.

Tiempo después, ya en libertad, los afectados llevaron su caso al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo, que recomendó al gobierno español que abriera una investigación. No pasó nada más.

Los más osados ​​escribieron un libro relatando el calvario espeluznante por el que habían pasado y yo tuve la fortuna de presentarlo en el Colegio de Abogados. Era presidente entonces Eugenio Gay, que, al final, dijo que el Fiscal General del Estado no tendría otro remedio, una vez publicado el caso, que denunciar los hechos. No pasó nada.

San Baltasar Garzón podrá tener mucha demanda. Pero nosotros no olvidaremos que fue cómplice de torturas. No lo olvidaremos, señor Garzón. Nunca.

EL PUNT-AVUI