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567 historias de la represión PDF Imprimir E-mail
Lola Cabasés Hita   
Jueves, 01 de Febrero de 2018 20:34

El investigador pamplonés Ricardo Urrizola se ha adentrado en los archivos militares para destapar, por primera vez, los consejos de guerra aplicados en Navarra

dos mil nombres propios de personas implicadas en casi 600 expedientes incoados entre 1936 y 1940 por el poder militar en Navarra, sus sentencias, trifulcas, supuestos delitos, las penas, las condenas... son la nueva aportación que ofrecer el investigador pamplonés Ricardo Urrizola en el libro Consejo de guerra. Injusticia militar en Navarra 1936-1940, un trabajo fiel reflejo de la historia de la represión ejercida por los golpistas que en 1936 arrebataron por las armas al Estado español el régimen republicano que había elegido en las urnas (1931). Cinco años adentrado entre la documentación de juicios, sentencias o documentos han dado sus frutos y han permitido a Ricardo Urrizola recopilar 567 historias que sacan a la luz contenciosos, muchos de ellos silenciados hasta ahora, que evidencian el relato de la persecución en una tierra sin frente de guerra al uso. Sentencias de todo tipo pero cuyas penas máximas acabaron con la vida de 37 personas, 14 de ellas por la fuga del penal de Ezkaba.

Ricardo Urrizola, acompañado por José Mari Esparza, presentó recientemente este libro -que según valoró el editor complementa el ya mítico publicado en 1986, 1936: De la esperanza al terror-para el que se ha dedicado cinco años a vaciar -por primera vez- el contenido del Archivo de la Comandancia Militar de Navarra y, en menor medida, lo relativo a Navarra en el Archivo Intermedio Militar Pirenaico de Barcelona y el Archivo Intermedio Militar Noroeste de Ferrol. El resultado es este libro, de 730 páginas, que aporta más de 2.000 referencias onomásticas;ordena los casos por merindades y sus respectivos pueblos, y que, además de dar cuenta de la represión ejercida por la Guardia Civil, los militares y los jefes locales de Falange y Requetés, “muestra la cara legalista de la barbarie cometida en Navarra contra los republicanos de izquierdas, nacionalistas vascos y contra toda la disidencia hacia el nuevo régimen”.

Desde las condenas a muerte, hasta los seis años de cárcel por gritar “Gora Euskadi”, la tortura del pintor Javier Ciga, el plante de algún carabinero, la toma deLa Voz de Navarra, las trifulcas en Casa Catachú o el Niza, la fuga al otro lado de los Pirineos, el robo de comida..., son historias que pasaron y que quedan recogidas en el libro.

falsa moralRicardo Urrizola, tras comentar que “caer en la justicia militar llegó a ser casi un salvo conducto para la transparencia de los procesos, evidentemente desde el nuevo orden jurídico impuesto por los golpistas”, destacó que “también se deduce la hipocresía y la falsa moral del nuevo régimen, que guardaba las formas legales, aunque fueran dentro de la estricta disciplina militar, mientras permitían y alentaban que las cunetas se convirtieran en cementerios”.

Esta investigación, señaló el autor, “da idea de la organización que había durante los años de la guerra en Navarra”. Y es que Urrizola resume expedientes incoados en 1936-40 que reflejan la persecución a grupos organizados o acusaciones de estarlo, blanqueo de dinero, casas de prostitución o contrabando. Casos curiosos, apuntó.

La secuencia es casi siempre la misma: “una situación de guerra, un ambiente de venganza exacerbado y un clima propicio para la delación, para señalar enemigos, para ganar puestos ante las nuevas autoridades supremas, para quitarse de encima los propios sambenitos”. En ese marco, indican Urrizola y Esparza, “se producen las detenciones, se inician los expedientes y los jueces instructores, militares por supuesto, toman declaraciones acusatorias a las autoridades, a los vecinos de bien o a la Guardia Civil, quienes las más de las veces endosan a los detenidos los cargos más exagerados, para llevarlos cuanto antes a inmisericordes consejos de guerra”. Confidentes, vecinos mezquinos, arrepentidos reconvertidos en acusadores, mediocres con poder y testigos asustados completan la fauna humana que con sus dedos acusadores empujan a sus paisanos al paredón o al presidio. “Se trataba de acusar, de lo que fuera, hasta de ser, como declaraba uno en Tudela, “responsable de la muerte de varios muchachos comunistas que fueron fusilados por sus ideas, inculcadas por él. La España de Franco no fusilaba, y si lo hacía era por culpa de los camaradas de los fusilados, a los que también había que fusilar”, señala Urrizola.

“Frente a ellos, declaran los acusados que saben que siguen vivos en medio de un mar de asesinados, que están en manos de verdugos sin piedad, que la guerra está perdida y que la única esperanza que tienen está en engañarles, en negar la evidencia, hacerse el tonto, el manipulado, renegar de ideologías punibles, convencerles de que no hizo nada, que no estuvo allí, que no pensaba así y, si alguna vez lo hizo, ahora estaba ya arrepentido y convertido a la Nueva España”.

“Resulta triste la lectura de estas humillantes declaraciones auto exculpatorias en boca de reconocidos alcaldes y concejales republicanos, sindicalistas o líderes campesinos, pero hay que verlas como un último acto militante para seguir con vida”.

también trifulcas en el régimenEl investigador ha seleccionado mayoritariamente consejos de guerra que acabaron en sentencias represivas contra miembros del bando republicano pero también refleja algunos encontronazos dentro del propio régimen: riñas entre militares borrachos, escándalos en prostíbulos... Las sentencias más graves son las derivadas de las detenciones de los primeros momentos, cuando en muchos pueblos se plantea una defensa, a veces armada, de la República.

Lo casos están distribuidos por merindades y en el índice figuran las localidades a las que hacen referencia. Por ello, de la lectura de los expedientes se desprende cómo se vivió la situación en cada localidad, “las tensas y apresuradas reuniones, la búsqueda de armas, la formación de piquetes y controles, las dudas iniciales sobre el qué hacer, la búsqueda de noticias y de consignas, las primeras fugas y los primeros escondites, que algunos de los cuales durarán años”.

Se da la paradoja de que, en algunos casos, una temprana detención los primeros días del golpe y la apertura del consiguiente consejo de guerra, “supuso librarse de los asesinatos en masa que se producirían unas semanas más tarde. Las condenas perpetuas iniciales fueron luego rebajadas y rara vez sobrepasaron los ocho o diez años de cárcel” pero también, la puesta en libertad de presos detenidos en el Fuerte para ser fusilados poco después.

Urrizola agradeció en la presentación del libro el apoyo prestado por los militares en sus consultas en los archivos y recordó que la Ley de Memoria Histórica estableció varias normas y una de ellas era que la documentación tenía que estar centralizada. “A la que había en Navarra le correspondía estar en Ferrol, pero el comandante militar decidió que se quedase aquí porque era mejor para la investigación. Yo solo estuve tres días en Barcelona y otros dos en Ferrol, porque allí hay poca documentación. La mayoría está aquí”.

el libro

Ficha técnica. Titulado Consejo de Guerra. Navarra bajo la injusticia militar (1936-1940), es un ensayo histórico editado por Txalaparta. Su autor es Ricardo Urrizola y el prólogo, del editor e historiador José Mari Esparza Zabalegi. Tiene 730 páginas y el precio, 39 euros.

Completa el cuadro de la represión. Así lo destacó José Mari Esparza quien precisó que, tras la publicación deNavarra 1936, de la Esperanza al Terror posible por testimonios orales y las publicaciones de historiadores, la Ley de Memoria Histórica facilitó la entrada a los archivos militares lo que ha hecho posible el trabajo de Ricardo Urrizola.

El autor. Investigador y aficionado a la historia, Ricardo Urrizola Hualde, de 47 años, es autor de dos libros sobre Pueyo y Valdorba.

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