Es el momento para que las diferentes sensibilidades de abertzales de izquierdas unifiquen los criterios de actuación

El esquema de actuación política durante el franquismo.

La dictadura franquista heredó la división tradicional de organizaciones políticas encuadradas en el caso de la CAV y la CFN en dos ejes fundamentales: nacionalistas vascos frente al nacionalismo español, y políticas sociales (o de izquierdas) opuestas a la defensa del capital (derechas).

El análisis marxista, imperante en la época –pero que ha traído consecuencias hasta los tiempos actuales–, prefería obviar las cuestiones identitarias en pos de las de clase. Es decir, la cuestión nacional se debía relegar a la consecución de los objetivos que, como clase, debían lograr los más desfavorecidos –identificados mayormente con los obreros fabriles–.

El propio estudio adolecía, sin embargo, de dos carencias: 1) el problema nacional vasco es previo –y así lo reconoce el propio Marx, tal y cómo lo recoge Jaime Ignacio Del Burgo, representante de la derecha más rancia en el antiguo reino de Nafarroa–; y 2) la cuestión social no puede nunca ser ajena al sentir identitario de la población –como mostraron Lenin, Stalin, Rosa Luxemburgo y otros pensadores del ámbito socialista–.

Por otro lado, no se tenía en cuenta que, precisamente las nacionalidades sin Estado eran las más desfavorecidas respecto al omnímodo poder de los Estados establecidos. Lo mismo que ocurría con el movimiento feminista, los jóvenes, los estudiantes –motivo por el que el PCF no apoyó las revueltas del tan manido mayo francés–; así, el ansia nacionalista se marginaba al mundo de las políticas sectoriales o de segundo rango.

Los izquierdistas, en general, y en particular la ortodoxia marxista, reducían las actuaciones de los partidos y organizaciones populares al simple esquema de burgueses y proletarios; algo que ni por asomo se correspondía con la realidad, tal y como hechos posteriores han ido mostrando.

Así pues, y siguiendo con el planteamiento enunciado, los nacionalistas defendían intereses de clase propios, diferentes de los del resto de la humanidad, cual si de extraterrestres se tratara, ajenos al quehacer cotidiano de quien debe ir a ganar el pan con el sudor de su frente. En oposición, socialistas y comunistas primarían los derechos universales sobre las diferencias culturales de los grupos que componen la sociedad. Algo totalmente absurdo, falto de lógica y de rigor histórico. Así se fue gestando la época prebélica e incluso la contienda en la que ambos frentes amenazaban a los propios aliados con frases como: “tras el franquismo iremos a por vosotros”; o el actual: “dejaos de reivindicaciones nacionalistas hasta paliar el problema del paro” (paro que es inherente al capitalismo imperante y que no acabará mientras el sistema perdure).

La propia Guerra del 36 fue el ejemplo claro de que el esquema no funcionaba: los JELtzales del PNV unían sus fuerzas a la CNT (anarcosindicalista), a UGT (marxista en aquél entonces), al PCE (stalinista), a ANV (socialdemócrata) y a otras organizaciones de menor implantación, como los trotskystas del POUM. Mientras tanto, en otras regiones y comunidades de la España republicana el enfrentamiento se establecía a dos bandas: contra el franquismo, pero también contra los compañeros de barricada.

Continuidad del esquema a lo largo del tardo-franquismo, y evolución de las izquierdas nacionalistas.

Al terminar la contienda existían dos fuerzas hegemónicas dentro del campo nacionalista vasco: el PNV-EAJ (representante de los supuestos intereses de la oligarquía vasca); y ANV (que se veía destinada a agrupar la disidencia izquierdista dentro del mundo abertzale).

Es de sobra conocido que la inoperancia del PNV, debido en parte a sus creencias católicas, dio lugar a la creación de organizaciones ajenas al propio partido, así como que la nimia implantación de ANV no permitía crear grandes movimientos de masa de tendencia más progresista. Ni el PNV ni ANV fueron capaces de dar solución a un problema (la dictadura franquista) con visos de victoria. Y surgió ETA (lugar de encuentro entre las ideologías nacionalistas y socialistas).

Ya desde sus inicios la organización armada conoció en sus propias carnes el enfrentamiento entre ambas facciones: la izquierdista (más “españolista”), y la vasca o abertzale.

Las aportaciones individuales de pensadores considerados representantes de las diferentes ideologías izquierdistas; las nuevas experiencias de lucha popular en países y naciones lejanas; los nuevos modelos de organización; y las divergencias personales lograron atomizar el movimiento progresista de los años 70 en toda Europa. Hechos y actividades que no pasaron desapercibidas en el mundo abertzale, incorporando o desechando las nuevas concepciones, y creando una nueva clasificación de los movimientos de masas y populares, en un crisol de siglas a veces difícil de comprender. Es cómo si la historia del Pueblo Elegido volviera a escribirse, ahora con letras rojas de sangre y lucha social.

De la militancia en ETA surgió en MCE, el MC y el EMK; la ORT y el PTE (que se fusionaron y se volvieron a separar), e incluso UC, todos ellos de orientación maoísta.

Militantes de ETA formaron parte o fueron el origen de LC, LCR, LKI, pero también del POSI, el PST y otras organizaciones de la cuarta internacional.

Militantes de renombre en la organización armada pasaron a formar parte de los CE del PCE y de IU, de orientación eurocomunista.

También hubo quien tras empuñar las armas se unió al PSOE, o al PSE-EE. E incluso al PP.

Por su parte, el bloque más nacionalista creó EAS, HAS, EHAS, HASI, LAIA y, en parte EIA; mientras desde el PNV se escindían grupúsculos que se aproximaban al mundo radical, como EGI-bai.

KAS fue la primera coalición que intentó unificar los criterios de las diferentes sensibilidades de la izquierda abertzale, constituida por HASI y LAIA como partidos políticos; LAB y LAK como fuerzas sindicales, EGAM y GAI como sectoriales de la juventud; ASK como base social amplia extendida por los barrios y pueblos, etc.

Tras KAS vino la creación de HB, coalición de cuatro partidos políticos (ANV, ESB, HASI y LAIA) en un intento de agrupar la izquierda abertzale, desde el social-cristianismo, pasando por la social-democracia, las tesis marxistas y, por último, el leninismo. Los anarco-leninistas de LAIA-ez se separaron del proyecto.

HB tuvo su propia dinámica y, al integrar a personajes independientes de la disciplina de partido, pero de renombre social, su estructura y, posteriormente, su ideología variaron, dando lugar a un HB (2).

Las fuerzas que se habían ido uniendo a duras penas se iban separando con la misma fragilidad. EH consiguió reunificar a los disgregados, pero Batasuna los volvió a dispersar, y así hasta ahora.

Por su parte, en el PNV también afloraban las contradicciones, ésta vez en torno a la LTH o, lo que es lo mismo, sobre el foralismo enfrentado a un incipiente estado autonómico centralizado. Y surgió EA, más a la izquierda del PNV, pero no tanto como para fusionarse con ANV (en ese momento radicalizada en sus posiciones).

Así, mientras las izquierdas se fragmentaban el enemigo se engrandecía: por un lado, el franquismo mediante sus campañas de intimidación, detenciones arbitrarias, asesinatos y un largo etcétera; por el otro, la derecha, encarnada en las fuerzas del Estado, pero también en el PNV que, supuestamente era el representante de la oligarquía vasca. Nuevo error de las izquierdas (marxistas) al intentar colgar el san Benito de “derecha” a un grupo populista.

La Transición.

El denominado periodo de transición de la dictadura franquista a la actual “democracia” no ha sido el camino de rosas que algunos pretenden, y menos aún en Euskal Herria.

En primer lugar contamos con los afectos al régimen, es decir, aquellas personas que por diversos motivos defienden la continuidad de estado anterior, o sea, la existencia de un Estado Centralizado (Jacobino) sin descentralización posible, con un ejército garantista de la legislación presente… Es lo que denominamos como extrema derecha desde posiciones nacionalistas: España, Una, Grande y Libre, pero sobre todo Una España Grande.

Ya hemos tenido ocasión de ver la atomización que ha ido sufriendo en mundo abertzale en tiempos del tardo-franquismo e, incluso, de la Transición. Tal proceso se produce de igual manera en el ámbito de actuación estatal.

FN, la extrema derecha, se irá diluyendo en el nuevo representante de la derecha más extrema, primero en AP, luego en AP-PDP-UL, más tarde en CP y, por último, en el actual PP (de ahí sus reticencias a oponerse a la simbología heredada del régimen anterior). Otros grupúsculos irán surgiendo en dicho mundo (Falange, y un lago etcétera).

UCD optará también por asumir las tesis del partido derechista, o bien por pasar a votar al “progresismo” del PSOE. En Euskadi la alternativa será en PNV, tal y como se comprueba en el caso alavés.

El PSOE sufrirá también sus propias escisiones y reagrupamientos. El PSOE (h) es un buen ejemplo, pero tampoco podemos pasar por alto el caso del PSC catalán, que logró mantener su organización al margen de las directrices del PSOE español (lo que hoy en día le supone aún más de un quebradero de cabeza).

El PCE, así mismo, dividirá su influencia en organizaciones marginales como el PCE (m-l), PCE(r), y otras muchas. Ahora, lo mismo que el PSOE logró reunificar a sus disidentes bajo una sola sigla, el PCE optó por cambiar el estilo dando origen a IU.

La Actualidad.

Actualmente encontramos en el territorio español dos fuerzas hegemónicas capaces de alternarse en el poder: el PSOE y el PP, y un conjunto de fuerzas menores que en ocasiones son capaces de variar la balanza a favor de uno u otro: los nacionalistas y regionalistas; e IU. Este conjunto menos es consciente de que no puede acceder a las cotas de poder y gobierno de las otras dos, por lo que limitan sus acciones a lograr concesiones que favorezcan a las comunidades que las originan.

Por su parte, tanto el PP como el PSOE defienden un mismo modelo de Estado en el que se encuentran cómodos, sabiendo que el mal menor consistirá en ceder a las pretensiones de los grupos minoritarios cuando lo crean necesario. No existe confrontación en el modelo de Estado, no hay dudas de la nacionalidad, unidad e indivisibilidad de una España, con un futuro universal.

En Nafarroa parece que la correlación de fuerzas va cambiando a partir de la creación de la frágil coalición de NaBai, que puede incluso optar a los primeros puesos de la clasificación, pero que, por el momento, se ve necesitada del apoyo de un PSN –a fin de realizar la Transición– que prefiere ayudar a UPN antes que a fuerzas filo-nacionalistas (donde también entra Batzarre, nada sospechosa de favorecer la unión con el País Vasco peninsular).

También en Euskadi (CAV) ha cambiado la situación a partir del pacto entre el PSE y el PP –a pesar de las promesas en contrario por parte del actual lehendakari, Patxi López–. El PP-PSE-UPyD han logrado desalojar a las fuerzas nacionalistas –apoyadas eventualmente por IU– de la sede gubernamental de Ajuria Enea –ayudados por la trampa del censo mediante la prohibición de concurrir a las elecciones a aproximadamente un 10-15% de los electores).

El mundo nacionalista se ve, así, abocado a buscar nuevas soluciones a los nuevos problemas o situaciones. De ahí la proliferación de posibilidades expuestas.

Algo de matemática electoral.

A la vista de la existencia de n Gobierno Vasco no acorde con la mayoría social de su electorado (el PNV fue el Partido más votado, a pesar de lo cual se encuentra en la oposición; y las fuerzas nacionalistas sumaron más votos que sus contrarios, aunque no gobiernen; la mayoría sindical sigue siendo nacionalista; y un largo etcétera), las organizaciones nacionalistas han de responder democráticamente a quienes les ha arrebatado –de un modo dudosamente democrático– su representación.

Nos encontramos, así, ante las siguientes posibilidades (que son las que actualmente se barajan):

1) la unión de todas las fuerzas nacionalistas (PNV+EA+Aralar+Batasuna –actualmente ilegalizada). Esto daría, con toda probabilidad, una mayoría absoluta enfrentada a los intereses estatales encarnados en la virtual coalición de PP-PSE-UPyD. Sin embargo tal situación no está libre de contradicciones: por un lado, significaría que el resto de organizaciones debería apoyar indiscutiblemente al PNV, lo que conlleva una cuestión sobre el liderazgo del proceso; por otro, el propio PNV no ha aclarado su posición con meridiana claridad acerca de si lo que prefiere es la Autonomía o la soberanía; y, por último, existen reticencias entre los diferentes socios potenciales (EA recela del PNV –de ahí Hamaikabat–; Batasuna de Aralar; Aralar del acercamiento de EA a Batasuna, etc.).

2) La unión del denominado Polo Soberanista (excluyendo al PNV e, incluso, a Aralar). La ventaja, indudable, es la más fácil concreción de un programa (ya que participan menos fuerzas). La desventaja es doble: por un lado, el consabido tema de la utilización de la violencia política por parte de las bases de Batasuna, rechazadas por EA; por el otro, que la suma de los electorados potenciales de EA+Batasuna (en función de los resultados de todas las contiendas anteriores) no llega más allá de los 200.000 votos, claramente insignificantes para dar un vuelco a los comicios en clave soberanista.

3) La unión de fuerzas en lo que puede llamarse Euskal Herria Bai, basándose en la experiencia Navarra y agrupando al PNV+EA+Aralar. Se crearía así un nuevo frente, pero muy posiblemente necesitado del apoyo de las bases de Batasuna para poder realizar políticas independentistas, amén de la imprescindible clarificación al respecto por parte del PNV.

4) La unión de fuerzas abertzales y de izquierdas (EA+Aralar+Batasuna, e incluso abierta a otras como Hamaikabat o Alternatiba). Cuenta en su contra el tribalismo entre Aralar y Batasuna; entre EA y Hamaikabat; y entre todas ellas y Alternatiba. A su favor: la suma de sus potencialidades puede auparles a la contienda con el PNV para el puesto de liderazgo, lo que le llevaría a éste a optar por su apoyo en el PSE o en dicho bloque.

5) La creación de una coalición de representación proporcional en virtud de los últimos resultados (a discutir) entre PNV+EA+Aralar+Batasuna+(Hamaikabat+Alternatiba). Se trataría de la creación de un frente opuesto al creado de facto por el PP-PSE-UPyD que, después de las elecciones bien pudiera disolverse o mantener una política conjunta (al menos en algunos aspectos).

Resumiendo.

Si el mundo abertzale continúa luchando por sus cuotas de poder nunca podrá ya ofrecer una posición sólida enfrentada a los intereses del Estado.

Sólo cabe ya unificar el voto abertzale (tal y como lo han mostrado las últimas manifestaciones), a poder ser contando con el PNV (o con parte de sus bases), pero, en cualquiera de los casos, entre las organizaciones abertzales que se consideran de izquierdas. Lo demás es retrasar la solución a un conflicto que dura ya muchos años, que conlleva mucho sufrimiento, y que, indefectiblemente, tendrá que confluir en éste punto.

Pablo A. Martin Bosch (Aritz). Doctor en Filosofía por la UPV/EHU, Licenciado en Antropología Social y Cultural por la UD, Licenciado en Filosofía por la UD.

Rebelión ha publicado este artículo con permiso del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.