| Donostia 1813 –2013 |
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| Donostia 1813-202 manifestua | |||
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MANIFESTUA
Berrehun urte igaro dira gure hiriak bere hIstoria osoan izan duen hondamendirik handiera jasan zuenetik. Napoleonen tropa frantsesek 5 urtez okupatuta eduki ondoren, britainiar Armadak, espainolenarekin aliaturik, erasoan hartu zuen hiria, munduko baliabideen kontrolean lehiakide zituenak garaitu eta Donostia erraustua utziz, ordura arte inon inoiz ezagutu ez zen arpilatze izugarri batean. Donostiako udalak berak horrelaxe adierazi zuen gertatua garai hartan.
Han pasado dos siglos desde que nuestra ciudad sufrió la que fue la mayor calamidad de toda su historia. Tras cinco años de ocupación por las tropas napoleónicas francesas, el Ejército británico, aliado del español, asaltó la ciudad, derrotó a sus entonces competidores por el control de los recursos mundiales, y redujo la ciudad a cenizas en «un saqueo como no se había conocido jamás en el orbe», por utilizar una expresión del propio Ayuntamiento donostiarra de la época. El asalto por los aliados de España, una vez que los franceses huyeron al castillo, no pudo tener peores consecuencias para l@s donostiarras, únicamente 35 casas de las 600 que tenía la ciudad quedaron en pie, aproximadamente 1.000 donostiarras indefens@s fueron asesinados a tiros o a golpe de bayoneta, mujeres, ancianas e incluso niñas, fueron sistemáticamente violadas por las tropas y sus oficiales, ... Junto al incendio premeditado de la ciudad se produjo, durante meses, el saqueo de todas las propiedades privadas y públicas, la devastación de campos y huertas y una nueva ocupación militar de todas las viviendas que habían quedado en pie, incluidas parroquias y conventos. Al incendio siguió un invierno en el que la mayoría de la población se encontraba en la indigencia, lo que ayudó a la propagación de enfermedades, en especial la malaria, y a la muerte por inanición, por hambre. Cuando concluyó el invierno, el propio ayuntamiento donostiarra evaluó el número de vecinos muertos, desde fin de agosto de 1813 hasta entonces, en 1.600, el 17,5% de la población. Un holocausto. Los generales españoles Álava y Castaños, responsables de la masacre, y el británico duque de Wellington, jefe de las tropas sitiadoras, negaron su implicación y echaron la culpa a los propios donostiarras y a las tropas que habían ocupado la ciudad durante cinco años. Una falsedad que se mantuvo por años. Similar a la del bombardeo nazi de Gernika en 1937, achacado a los propios vascos. Durante décadas, el Ayuntamiento donostiarra acudió a cuantos foros internacionales tuvo ocasión para contar la verdad. Un total de 79 testigos rubricaron la infamia y su testimonio pudo romper, finalmente, el muro de silencio sobre la tragedia. La destrucción de Donostia fue contestada con el impulso de Ayuntamiento y Diputación que pusieron los medios para la declaración histórica de Zubieta en aras a la reconstrucción de la ciudad. Ni franceses, ni españoles, ni británicos indemnizaron por los daños que provocaron. Un grupo de especuladores y usureros condicionó, asimismo, la reconstrucción. Sólo el empeño y la decisión de la mayoría de los vecinos, en la indigencia más absoluta, logró la recuperación del entorno urbanístico. La huellas del, saqueo, violaciones e incendio, sin embargo, permanecerían durante generaciones. Doscientos años después, los firmantes de este manifiesto proponemos al pueblo de Donostia, a sus vecinos y a sus representantes, la celebración de un sentido homenaje y recuerdo a todas y todos los donostiarras que sufrieron aquel holocausto y que, a pesar de las contrariedades más extremas, tuvieron el coraje de mirar el futuro y reconstruir con una perspectiva que los honra. De ellas y ellos, y de otros tantos, heredamos la ciudad que hoy conocemos. Hemos contraído una deuda. Un homenaje que huya de las apologías militaristas y de representaciones relativas a los Ejércitos entonces en conflicto, ajenos del todo a nuestra ciudad. Fueron aquellos hombres y mujeres que, con sus familias diezmadas, sus madres, hermanas e hijas mancilladas, sus hijos enterrados en pequeños ataúdes blancos, alcanzaron a recuperar para las generaciones posteriores los símbolos más nobles de la condición humana: confianza en la colectividad, firmeza en sus ansias de libertad y, sobre todo, defensa a ultranza de la verdad como soporte de su paso por la historia. A ellas y a ellos les debemos el presente y, con su recuerdo y reivindicación, construiremos ese futuro en libertad por el que tanto se esforzaron. http://donostia1813-2013.blogspot.com.es/p/manifestua.html
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