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El modelo LK (Lurraldearekiko Konpromezua) PDF Imprimir E-mail
Jon Peli Uriguen   
EL Reino de España ha sido, finalmente, intervenido por la Unión Europea. Europa ha intervenido un Estado que ha vivido a crédito. Un Estado que no ha creído en el sistema productivo y que se rindió ante la economía puramente especulativa en la que el esfuerzo no tenía ningún valor.

El problema del Reino de España no es reciente. Viene de muy atrás. De cuando Solchaga, siendo ministro, dijo que "la mejor política industrial es la que no existe". Para rematar después que "España es el país del mundo donde es más fácil hacer dinero". Esto último era cierto. A pesar de los continuos avisos de que la economía virtual no podía sustituir a la real, medio país se lanzó a comprar pisos con la pretendida seguridad de que lo que hoy costaba 100 pasado mañana valdría 300. El castillo de naipes se cayó y arrastró a toda una economía escasamente cimentada.

No vamos a negar que en Euskadi también hubo quienes se dejaron seducir por la vivienda como un activo siempre al alza. Pero, la mayoría lo hizo con un endeudamiento más moderado y, en gran medida, cambiando su piso por otro. Y con una gran diferencia y es que el capital, los empresarios y los cooperativistas, siguieron apostando por sus empresas, por mejorar su competitividad, por buscar mercados exteriores y evitar poner todos los huevos en la cesta de una economía, la española, que se basaba en el éter.

Hoy, por tanto, es más patente que nunca que existe una economía española y una economía vasca y, dentro de esta, una economía guipuzcoana por la diferencia en el tejido empresarial. Con unas cifras de paro muy preocupantes, pero sensiblemente inferiores al Estado, Gipuzkoa es el resultado de un modelo diferente.

Un modelo basado en el esfuerzo de empresarios y trabajadores. Un modelo más "colaborativo", en el que una parte importante del tejido industrial es de base cooperativa o de empresas en las que los trabajadores participan en las decisiones. Un modelo en definitiva de riesgo compartido y comprometido con un Territorio (LK - lurraldearekiko konpromezua) del que se nutre y al que devuelve riqueza. Un modelo que sale fuera y crea nuevas implantaciones productivas para garantizar nuevos mercados, pero siempre buscando que revierta en las plantas de aquí y que redunde en la economía local y en el mantenimiento o creación de nuevos empleos aquí. Un modelo donde las empresas tienen una gran vinculación con su comarca y con su entorno. Más del 80% del empleo y del PIB de Gipuzkoa está en empresas que tienen su centro de decisión aquí.

Ese modelo pegado al suelo, a la realidad local, es el modelo Gipuzkoa que aspiramos a reforzar porque es un sistema más solidario, en el que el reparto de la riqueza es más equilibrado. Un modelo en el que el emprendedor, sea individual, familiar o social, está comprometido con Gipuzkoa.

Si a esta singularidad añadimos el esfuerzo que se ha hecho desde el sector público y el privado por la innovación, por tejer una red de centros científicos y tecnológicos tenemos el ADN completo del modelo Gipuzkoa. Nada que ver con el modelo España.

A pesar de nuestra fortaleza, de nuestro modelo competitivo, exportador, innovador,… Gipuzkoa tiene un problema y es la imposibilidad de que nuestras empresas obtengan financiación. La banca está a otra cosa que es tratar de sacar la cabeza del agua. Y nuestro embrión de banca pública, Kutxabank, está en una pelea por ganar músculo haciendo un tótem del tamaño y olvidando su verdadero papel, y en manos de algunos corre el peligro de acabar siendo privatizada por la puerta de atrás. Los gestores de Kutxabank se olvidan de que las cajas nacieron hace más de un siglo con un objetivo, recabar el ahorro de las familias modestas para reinvertirlo en el territorio.

Ahora, cuando las cajas parecen haber olvidado sus inicios, se bancarizan y salen a comprar supuestas gangas que luego resultan ser un agujero sin fondo, olvidando las necesidades de las familias y empresas del territorio en el que surgieron y que les hizo fuertes, es el momento de volver a esa idea inicial. Que nuestros ahorros sirvan para reforzar a nuestras empresas y crear así empleo.

No es de recibo que el presidente de Kutxabank, entidad que niega líneas de crédito a las empresas vascas porque prefiere dedicarse a pujar por CataluñaCaixa, afirme que "la caja no es una entidad pública, la caja es una entidad de crédito privada, exactamente igual que un banco". Desde luego ese no es el modelo Gipuzkoa y no es nuestro modelo. Y probablemente por eso, por no compartir ese modelo privatizador de una banca pública, los integrantes de Bildu han sido excluidos de su consejo de administración.

Es necesario que nuestra banca pública se moje por la economía que le ha dado su fortaleza actual y no dé la espalda a las empresas y a las familias que la ha alimentado.

Y también, ¿por qué no?, avanzar en la idea expuesta por economistas de prestigio como José Ramón Urrutia de que a las EPSV -en las que los vascos y vascas hemos depositado nada más ni nada menos que 19.000 millones de euros, el 30% del PIB- se les exija que reinviertan una parte en nuestro propio tejido productivo. Es una fórmula de banca popular, ya que la mayor parte de las aportaciones las hacen trabajadores y empresas mediante la modalidad de empleo, que permitiría a nuestro tejido productivo disponer de recursos financieros para seguir siendo lo que es, un ejemplo de tesón, de capacidad para salir adelante y de compromiso con su Territorio, con Gipuzkoa.


http://www.noticiasdegipuzkoa.com/2012/06/27/opinion/tribuna-abierta/el-modelo-lk-lurraldearekiko-konpromezua