| Poesía y pensamiento |
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| Jordi Llovet | |||
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"El último libro de Steiner toca la frontera imperceptible entre poesía y pensamiento" No parece cosa dudosa que en George Steiner ha pesado siempre, desde el inicio de su carrera como profesor y ensayista, la filiación judía. Esto puede ser algo accidental en mucha gente de esta raza o de esta religión, pero lo es raramente en un hombre de letras, porque la tradición exegética y hermenéutica rabínica les atrapa inevitablemente, incluso apasionadamente. No es casual que Steiner dedicara uno de sus mejores libros al mito del plurilingüismo, es decir, al mito de Babel, como no lo es, tampoco, que las historias trágicas de la literatura clásica griega, como la leyenda de Antígona, Sófocles entero, siempre le hayan interesado. Como él mismo dijo en una ocasión, es judío aquel que lee con un lápiz en la mano: se sirve para hacer anotaciones en los márgenes de los libros, enmiendas, correcciones, añadidos y glosas, siguiendo la fabulosa tradición comentarista de los Libros que exhibe el antigua y sólida sabiduría de los israelitas. Pero hay algo más: también los que se han formado en esta escuela de esforzada e interminable interpretación han preferido siempre la literatura de ideas a la literatura de aventuras, aunque la Biblia esté llena. En este sentido, Harold Bloom resulta algo excepcional, porque le interesan más los autores de aventuras -los novelistas, en general-que la Biblia o los clásicos, siempre cargados de sentidos ocultos, de interpretaciones laberínticas, que los escritores en los que se unen la bella forma y la perfecta idea. En esta línea, y ya con un deje de escritura crepuscular, Steiner nos ofrece ahora La poesía del pensamiento (traducción de Josefina Caball, Barcelona, Arcadia, 2012), en el que repasa la historia de las literaturas injertadas de pensamiento o la filosofía elaborada en forma bella. Como era de esperar con este programa, desfilan en este libro desde los presocráticos y Platón -seguramente el más grande de los grandes escritores filósofos y poetas al mismo tiempo- hasta los grandes autores con densidad de pensamiento de los siglos modernos y contemporáneos, empezando por Hölderlin o Mallarmé y terminando por Paul Celan. A su lado, pero no como ninguna otra cara de la moneda -porque la tesis del libro es que en autores inmensos cuesta discernir lo que es poético de lo filosófico-desfilan Aristóteles, Pascal, Spinoza, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein o Valéry. La empresa quizás no es nueva, pero está cargada de la ya bastante destilada, sazonada sabiduría del gran Steiner: Stella Wittenberg publicó en 2001 una espléndida antología sobre Filósofos y literatos en lengua alemana; Antonio Banfi nos ofreció un magnífico estudio sobre Filosofía y Literatura (Tecnos, 1991) y la revista Europe editó un monográfico, en el año 2000, sobre Littérature et Philosophie , con colaboraciones de ensayistas muy cercanos a nuestro autor de hoy. Quizás hay que remarcar que Steiner, habiendo acumulado tan prodigiosa cantidad de saberes de orden literario y filosófico, empieza a tener tendencia a escribir libros que parecen una gran enciclopedia de todos los saberes imaginables -en éste sale incluso la teoría de los cuanta-, pasados por una criba no precisamente espesa: el resultado, como es perceptible en los dos o tres últimos libros del sabio, es una frecuente enumeración caótica de citas, autores y libros que hacen difícil seguir el argumento o el propósito fundamental del libro . Y uno piensa, más cada vez, que Steiner nos habría hecho un poco más felices, sabios también, si hubiera escrito en el crepúsculo de su vida alguno de los libros que nunca escribió-véase My Unwritten Books , Londres, 2008 -, vale decir, un libro sobre Cecco de Ascoli y la envidia que experimentó por Dante, o un libro sobre el sionismo, o un libro sobre el mejor currículo que se podría pensar, hoy, para el estudio de la literatura en las universidades. Sea como fuere, el rabino Steiner ilumina siempre porque, como el autor del Quoélet bíblico, detesta la vanidad y los saberes falsos, y admira la perfección filológica de cualquier cosa escrita, y, más aún, la lección que exuda. Tira a la Sachphilologie , como Nietzsche, y -como buen moralista- a la relación, descuidada por muchos estudiosos contemporáneos, entre la letra, su espíritu y su valor para la vida presente y del futuro. http://elpais.com/diario/2008/06/21/babelia/1214005150_850215.html
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