| ¡Dejadnos tranquilos! |
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| David Valls | |||
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Una vez más, os pongo un artículo mío aparecido en el diario Ara:
Según el lingüista ya desaparecido Einar Haugen en su libro -ya un poco antiguo- 'The ecology of Language' hay tres motivos para aprender otra lengua:
"Motivos suplementarios: se aprende una segunda lengua como suplemento de la primera, esto es, para situaciones ocasionales, por ejemplo, para viajar, para contactos esporádicos.
Motivos complementarios: la segunda lengua complementa la primera. Puede ser una persona que aprende el estándar, si éste es muy diferente de la variante que habla; un hablante de yiddish que aprende el hebreo bíblico para los rezos, aprender una segunda lengua por motivos laborales, etc.
Motivos de reemplazamiento: una segunda lengua que se aprende (y digo yo: que te hacen aprender) y que gradualmente poco a poco completa todas las necesidades comunicativas del hablante, por lo que este termina por sólo utilizar la segunda lengua, es la que transmite a sus descendientes".
La diversidad lingüística no es una barrera, es un enriquecimiento, es un patrimonio de la humanidad a mantener y divulgar. Tenemos que aprender a amar y respetar las diferencias, si no, como ha ocurrido y ocurre, muchas lenguas continuarán desapareciendo. Debemos facilitar el aprendizaje y el intercambio lingüístico entre todas las comunidades, pero también debemos respetar a los que no quieran ser molestados por razón de lengua. En un mundo globalizado, por ejemplo, el hecho de ser catalanoparlante no debería ir ligado al hecho de ser, también forzosamente, castellanohablante, francoparlante o italoparlante. Si el bilingüismo se basa en la imposición de una sola lengua sobre una comunidad concreta, esto es una trampa que al único camino que lleva es a la sustitución lingüística y posterior desaparición de la lengua de la comunidad en cuestión.
La gran falacia de toda esta cuestión es poder vivir felizmente con la lengua que nos ha tocado, la nuestra, la catalana, y aquellos que quieran, salir al mundo y darse a conocer con la lengua que crean conveniente, ya sea la inglesa, la alemana, la china y por qué no, la española. Pero que los que no lo quieran y no lo necesiten puedan nacer, vivir y morir solo en catalán. Porque es tanto un derecho el hecho de poder vivir sólo en la lengua propia del territorio donde se ha nacido, como poder aprender sin imposiciones cualquier lengua deseada.
La globalización y el plurilingüismo no deben significar la imposición de ningún concepto, ninguna cultura y ninguna lengua sobre nadie. La lucha de un pueblo como el nuestro, el catalán, contra la imposición del castellano, mayoritariamente, y del inglés debe ser implacable, es por eso que os decimos: ¡dejadnos tranquilos!
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